Embajadores
ecológicos
Una comitiva de jóvenes procedentes
de Dinamarca visitó recientemente el
país, con el objetivo de intercambiar
experiencias ecológicas y culturales con
sus colegas salvadoreños.
- Ricardo
Guevara
- El Diario
de Hoy
- Fotos
EDH/Maritza Santos
La
aventura en tierras salvadoreñas de los
nueve excursionistas procedentes de Dinamarca
inició el 22 de noviembre.
A partir de entonces, durante su
estadía de casi un mes de duración
visitaron varias comunidades de escasos recursos
económicos, lugares de recreo, de
entretenimiento, iglesias y sitios
ecológicos en el interior del
país.
Ocho mujeres y un hombre formaban la
delegación internacional a la que
posteriormente se unieron nueve jóvenes
salvadoreños, quienes sirvieron como
anfitriones a los visitantes. Las edades de los
participantes oscilaba entre los 14 y los 21
años.
Todos los extranjeros llegaron al país
como parte de un intercambio
ecológico-cultural organizado por el
Centro Salvadoreño de Tecnología
Apropiada (CESTA) y miembros de la
Asociación Danesa para la
Cooperación Internacional.
Los salvadoreños forman parte de los
grupos ecológicos que ha organizado el
CESTA en diferentes puntos del país.
"Aquí
hemos reunido a los jóvenes que han
sobresalido en sus respectivas agrupaciones
ambientales, es como un premio a la
dedicación y el esfuerzo que han puesto
en cada una de sus actividades", dice Edith
Julieta Campos, coordinadora del campamento y
representante del CESTA.
Eventos similares se han realizado en varias
naciones del mundo, como por ejemplo en
Canadá, México, Groenlandia,
China, África y en la India, entre
otros.
"Toda nuestra actividad esta enmarcada en
lograr que los muchachos conozcan ambas
culturales, costumbres y sobre todo que sepan lo
importante que es cuidar el medio ambiente",
afirma Susanne Paaske, coordinadora del grupo
danés.
Jornadas agotadoras
Entre algunos de los obstáculos a los
que tuvieron que acomodarse los turistas de
Dinamarca estuvieron el clima ("muy caluroso",
según los visitantes), a los
hábitos alimenticios de los
salvadoreños, al cambio de horario y al
idioma.
Con el paso de los días se
acostumbraron a comer frijoles, pupusas,
tortillas, arros y otros alimentos,
además de aprender algunas palabras en
español.
En el grupo había tres muchachas que
hablaban de forma fluida el castellano, ya que
antes habían estado en Guatemala, en
donde recibieron clases de español.
La
rutina de paseo y trabajo iniciaba a las siete
de la mañana, cuando se levantaban para
iniciar su jornada diaria, que incluyó
visitas al Cerro de las Pavas, en Cojutepeque; a
Suchitoto, a moliendas, a comunidades de
Guazapa, escuelas, criaderos de tortugas, museos
y algunos centros turísticos.
En la agenda no todo fue diversión, ya
que también tenían que dedicarse a
impartir charlas ecológicas, conocer las
técnicas que utilizan en la
reproducción de tortugas, pintar
escuelas, construir viveros, edificar zonas para
realizar compostaje y realizar diferentes
actividades en beneficio de las comunidades que
visitaban.
A los niños les enseñaban
cómo elaborar manualidades
navideñas y les explicaban también
como sus paisanos celebran la Navidad y el fin
de año en su país natal.
Al finalizar el campamento, el pasado 16 de
diciembre, cada uno de los jóvenes de
ambos países había formado un lazo
de hermandad y compañerismo, el que
esperan que se mantenga en las actividades que
realizan en beneficio del medio ambiente.