Viernes 22 de diciembre 2000

























Embajadores ecológicos

Una comitiva de jóvenes procedentes de Dinamarca visitó recientemente el país, con el objetivo de intercambiar experiencias ecológicas y culturales con sus colegas salvadoreños.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos EDH/Maritza Santos

La aventura en tierras salvadoreñas de los nueve excursionistas procedentes de Dinamarca inició el 22 de noviembre.

A partir de entonces, durante su estadía de casi un mes de duración visitaron varias comunidades de escasos recursos económicos, lugares de recreo, de entretenimiento, iglesias y sitios ecológicos en el interior del país.

Ocho mujeres y un hombre formaban la delegación internacional a la que posteriormente se unieron nueve jóvenes salvadoreños, quienes sirvieron como anfitriones a los visitantes. Las edades de los participantes oscilaba entre los 14 y los 21 años.

Todos los extranjeros llegaron al país como parte de un intercambio ecológico-cultural organizado por el Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA) y miembros de la Asociación Danesa para la Cooperación Internacional.

Los salvadoreños forman parte de los grupos ecológicos que ha organizado el CESTA en diferentes puntos del país.

"Aquí hemos reunido a los jóvenes que han sobresalido en sus respectivas agrupaciones ambientales, es como un premio a la dedicación y el esfuerzo que han puesto en cada una de sus actividades", dice Edith Julieta Campos, coordinadora del campamento y representante del CESTA.

Eventos similares se han realizado en varias naciones del mundo, como por ejemplo en Canadá, México, Groenlandia, China, África y en la India, entre otros.

"Toda nuestra actividad esta enmarcada en lograr que los muchachos conozcan ambas culturales, costumbres y sobre todo que sepan lo importante que es cuidar el medio ambiente", afirma Susanne Paaske, coordinadora del grupo danés.

Jornadas agotadoras

Entre algunos de los obstáculos a los que tuvieron que acomodarse los turistas de Dinamarca estuvieron el clima ("muy caluroso", según los visitantes), a los hábitos alimenticios de los salvadoreños, al cambio de horario y al idioma.

Con el paso de los días se acostumbraron a comer frijoles, pupusas, tortillas, arros y otros alimentos, además de aprender algunas palabras en español.

En el grupo había tres muchachas que hablaban de forma fluida el castellano, ya que antes habían estado en Guatemala, en donde recibieron clases de español.

La rutina de paseo y trabajo iniciaba a las siete de la mañana, cuando se levantaban para iniciar su jornada diaria, que incluyó visitas al Cerro de las Pavas, en Cojutepeque; a Suchitoto, a moliendas, a comunidades de Guazapa, escuelas, criaderos de tortugas, museos y algunos centros turísticos.

En la agenda no todo fue diversión, ya que también tenían que dedicarse a impartir charlas ecológicas, conocer las técnicas que utilizan en la reproducción de tortugas, pintar escuelas, construir viveros, edificar zonas para realizar compostaje y realizar diferentes actividades en beneficio de las comunidades que visitaban.

A los niños les enseñaban cómo elaborar manualidades navideñas y les explicaban también como sus paisanos celebran la Navidad y el fin de año en su país natal.

Al finalizar el campamento, el pasado 16 de diciembre, cada uno de los jóvenes de ambos países había formado un lazo de hermandad y compañerismo, el que esperan que se mantenga en las actividades que realizan en beneficio del medio ambiente.



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