Viernes 22 de diciembre


be que debe hacer algunas compras en el supermercado para la semana, pero está indecisa de cuánto dinero llevar y qué moneda llevar: ¿$50.00?, ¿¢400.00?

Al final se decide por llevar una mezcla de dinero, $25.00 y ¢200.00. De todos modos, sabe que puede comprar con ambas monedas. Además, los supermercados ofertan sus productos con viñetas de precios en ambas monedas. Por las dudas, no olvida portar una calculadora.

Desde el 1 de enero de 2001, la población puede pagar sus compras con el colón, el dólar o una mezcla de ambas, luego de que entró en vigencia la Ley de Integración Monetaria, que fijó el tipo de cambio en ¢8.75 por $1.00 y dio curso legal al dólar en la economía.

Nuestra ama de casa decide irse a pie. El "super" no está lejos: seis cuadras. Así hace ejercicio y se evita ver el rostro de amargura de los buseros, a quienes se les paga ¢1.50 o $0.17 por el pasaje. Ellos habrían querido redondear el precio en dólares a $0.20, pero no les fue permitido.

Con dos monedas

Cuando Lucía llega al supermercado, éste aún no está lleno de compradores. Los pocos que se ven, llevan calculadoras para hacer las conversiones de los precios de colones a dólares o viceversa. De todos, modos, el supermercado ha puesto los precios de los productos en ambas monedas.

Por esta razón, a Lucía y a los demás clientes no se les dificulta conocer el valor de las cosas en ambas monedas. No obstante, siempre echan mano de la calculadora una que otra vez, para corroborar los precios.

Lucía sabe que tiene que comprar alimentos básicos para su alacena. Se dirige -por tanto- a la sección de granos.

Encuentra que la libra de arroz cuesta ¢3.75 o $0.43; la libra de frijol, ¢4.00 ó $0.46, y la de azúcar, ¢2.50 ó $0.29.

A Lucía no le suena el precio del azúcar, Saca su calculadora y verifica: divide los ¢2.50 entre 8.75. El resultado es 0.2857. Ni modo el tercer dígito es 5, por lo que hay que aproximarlo al centavo superior; en este caso, 29. Lástima que el tercer dígito no fue 4. De ser así, la libra de azúcar le saldría en $0.28.

Redondeo legal

En caso de que el precio estuviera redondeado a $0.30, nuestra compradora perfectamente habría podido denunciar el hecho en la Dirección de Protección al Consumidor del Ministerio de Economía (DPC). Esta vela por que los comercios cobren los precios exactos y no hagan redondeos arbitrarios que incrementen los precios.

Tampoco olvida echar una libra de sal a su carretilla (¢1.00 o $0.11).

Recuerda que no tiene leche en la refrigeradora. Se dirige a la sección de lácteos. Un litro de leche semidescremada cuesta ¢9.30 o $1.06. Ve el queso y se le antoja. Compra una libra de morolique, ¢20.00 o $2.29.

Se le antoja que quiere comer lasagna en el almuerzo. Bueno, hay que buscar los ingredientes. Lasagnas, carnes, salsas, el queso necesario, todo lleva sus precios en colones y en dólares. No hay ningún producto que no esté identificado de ese modo

Además, todos tienen su redondeo exacto, sólo hacia el centavo inferior o al superior.

Lucía recordó que la Dirección de Protección al Consumidor ya impuso duras multas en los primeros días de la dolarización a los comercios en donde se comprobó que abusaban de los redondeos desde los primeros días de enero.

Inspectores de la DPC se hicieron pasar por compradores en los establecimientos que fueron denunciados por la población y comprobaron los desfases de precios. Aunque el trabajo por erradicar eso continúa, aún hay quienes se las pasan de listos y no han sido descubiertos todavía, en parte, porque la población no denuncia.

Mezcla

Hora de pagar. Nuestra compradora se acerca a la registradora. La cajera comienza a facturar.

Todos los precios que pasan por el código de barras son reportados en dólares; no obstante, se puede pagar en colones

Empresas como este supermercado decidieron cambiar su contabilidad a dólares. Así se ponen a tono con los bancos, en donde todas las cuentas son en la moneda estadounidense.

¿La cuenta? ¢374.30 o $42.78. -¿Cómo va a pagar?-, pregunta la cajera.

-Le pagaré con ambas monedas-, dice Lucía. De inmediato, saca su calculadora. Luego, paga con el billete de $25.00 y con el de ¢200.00.

-¿Cómo quiere su vuelto?.

-Démelo en colones.

Lucía pagó su cuenta de $42.78 o ¢374.30, con el billete de $25.00 (que equivalen a ¢218.75), y cambió el de a ¢200.00 para pagar los ¢155.55 ($17.78) restantes.

Al final, su cambio en colones fue de ¢44.45. Hizo una última conversión y se dio cuenta que le habían devuelto $5.08.


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