- Orientaciones
familiares
- Más trampas
emocionales
- Por
Pastor Mario Vega
- E-mail: rrsantaana@ejje.com
En
nuestra anterior columna mencionamos algunas de
las situaciones que frecuentemente se prestan
para que personas inescrupulosas las exploten
para tender trampas emocionales a otros que
experimentan vacíos afectivos. Entre esas
situaciones mencionanos la ruptura de una
relación amorosa, el vacío que
provoca la ausencia de la figura paterna y la
soledad de la mujer abandonada. Hoy consideramos
otras situaciones igualmente peligrosas.
El consejero atrevido
En búsqueda de ayuda las personas
suelen exponer sus situaciones personales a
consejeros que puedan orientarles en sus
dificultades. Esta búsqueda de ayuda es
muy buena cuando las situaciones sobrepasan la
capacidad de la persona para resolverlas por
sí misma y cuando el consejero es una
persona que posee la capacidad y la ética
necesarias para aconsejar.
Lastimosamente, no todos reúnen estas
cualidades y ya se han dado muchos casos en los
cuales, cuando la persona ha expuesto su
vulnerabilidad, el pretendido consejero o
confidente, comienza a manipular las necesidades
del aconsejado para explotarlas en provecho
propio.
Es por ello muy importante saber apoyarse en
las personas adecuadas. Sólo un tiempo
razonable es el que puede dar fe de las reales
intenciones de cada quien. Mientras se
experimente duda o si el consejo se
desvía hacia dimensiones inadecuadas la
persona debe tomar distancia y evitar alguna
trampa.
El superior abusador
Otra situación frecuentemente
aprovechada para el abuso es la de aquellas
personas que están, por razones laborales
o educativas, sobre otras. Esta posición
de superior puede ser también aprovechada
para el chantaje o para el engaño. Jefes,
profesores y patrones de casa suelen
aprovecharse de su posición para
presionar, acosar o seducir a sus
subalternos.
Los casos de maestros que chantajean a sus
alumnos son frecuentes. También los jefes
que aseguran mejoras salariales o amenazas de
despido a subalternos a cambio de "favores". Y
aquellos patronos que aún siguen pensando
que parte de las responsabilidades de las
trabajadoras domésticas es el ceder a sus
caprichos eróticos.
Ninguna persona debe sentirse obligada por
ningún tipo de relación, ni
laboral ni educativa, a acceder a las
pretensiones de abusadores que quieren valerse
de las mismas. Siempre que en la vida diaria
exista un ser humano que es explotado por otro
estaremos frente a la manifestación del
mal. Ese mal por el cual Cristo ofreció
su vida a fin de abolirlo.