Martes 19 de diciembre


Sentido común
Esos incómodos salvadoreñitos
RICARDO RIVAS*

Son francamente enternecedores los esfuerzos que hacen algunas organizaciones internacionales y personalidades del mundo político, empresarial y artístico, en pro de la conservación de la vida animal en el planeta. Gracias a su trabajo, tiempo y recursos, se han salvado miles de periquitos Tui, tarántulas mexicanas, búhos abisinios y muchísimas otras especies animales que están en punto de extinción. Lo que siempre me ha producido extrañeza es ver cómo muchísimos de estos zoofílicos amigos que se alarman con el imbalance natural que produciría la desaparición de tanto animalito, se aterran con la reproducción de seres humanos, sobre todo de mulatos, ladinos, indígenas, asiáticos y negros.

Un editorial reciente del Wall Street Journal, en clara referencia a la millonaria cooperación que muchos de estos personajes brindan para sembrar la mentalidad antinatalista en sus traspatios del tercer mundo, plantea el siguiente cuestionamiento: "¿Por qué si un pollo o un cerdo nace en la India o China es contado por la ONU como un incremento en la riqueza, mientras cuando nace un niño viene registrado como algo negativo?".

La idea me asaltó una de estas tardes, en la que veíamos televisión con nuestros hijos y pretendíamos disfrutar una serie familiar que, a la postre, se convirtió en un musical y cadencioso desfile de cucuruchos de "latex". "¿El condom parade?" Anuncio por aquí, anuncio por allá, un saxito por arriba, un "rapito" por abajo, un movimiento sensual ¡Bomba!… Las "milagrosas" vejiguitas multicolor se reproducían en cada bloque de comerciales.

Lo mismo nos pasó cuando nos fuimos con todo y "Sansón" (nuestro enjutado chihuahua) a ver la decoración navideña de San Salvador. ¡Bingo!, la misma historia, el artilugio del "desarrollo, la salud y la prosperidad" apareció por todos lados: en las paradas de buses, en las vallas publicitarias, en los teléfonos públicos, en las cajetillas de chicles, en los envoltorios de los tamales… ¿Será que en el futuro nuestros niños aprenderán a hablar diciendo: "con&endash;dón", en lugar de "pa&endash;pá"?.

Hace 25 años, en la "Madre patria" ocurría lo mismo; los resultados se reflejan en este extracto publicado recientemente por una agencia informativa europea: "Ahora que la fecundidad en España ha tocado fondo, nunca hemos visto tantas mujeres embarazadas en los anuncios. Vientres redondos, de piel tensa, de fecundidad inminente, nos estimulan a comprar muebles, teléfonos, relojes y hasta el cupón de los ciegos. Los publicitarios juegan con el deseo de la mayoría de parejas de tener un hijo y el sentimiento positivo que despierta la imagen de la mujer en estado de buena esperanza (embarazo)". Los españoles están preocupados &emdash;y con razón&emdash;: mientras su población envejece, los niños se acaban; la tasa real de fecundidad actual (1.07 hijos por mujer) ni siquiera alcanza el umbral de 2.1, indispensable para la sustitución de generaciones. Quienes durante 25 años se encargaron de estimular y financiar la anticoncepción como "fórmula mágica" que generaría comodidad, desarrollo y estabilidad integral a la familia española, hoy han desaparecido.

La intranquilidad por el envejecimiento poblacional y la actual caída de la natalidad son signo de alarma en casi toda Europa y, aunque cierta clase política funciona aún con el prejuicio de que cualquier medida de apoyo explícito a la natalidad se interpreta como un intento de reducir a la mujer al papel de madre &emdash;rancio escrúpulo en estos días&emdash;, las legislaciones destinadas ha recuperar la natalidad están surgiendo. La reciente ley de "Conciliación de Trabajo y Vida Familiar", aprobada en España, es un buen primer paso.

En Suecia se ha aumentado ligeramente la fecundidad debido a un permiso laboral que otorgan cuando nace un bebé, gracias al cual los dos padres pueden quedarse en casa durante un cierto período cobrando el 90% de su sueldo.

En El Salvador, al igual que en muchos otros países en "vías de desarrollo", se nos quiere vender casi que a fuerza de coscorrones la idea de que somos muchos, que somos pobres y que porque somos muchos y porque somos pobres, debemos ser menos. Para ello, organizaciones internacionales públicas y privadas financian campañas millonarias en medios de comunicación, subvencionan organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, presionan a nuestros gobiernos condicionando ayudas y estimulan a personajes públicos, para que al unísono implanten unos, y promuevan otros, una mentalidad antinatal. Nadie advoca que nos reproduzcamos irresponsablemente como cuyos; más bien, de lo que estamos hablando es que dejen de mirarnos como cuyos. A la familia salvadoreña nos caería mejor que ese platal que se invierte en ofrecer y masificar preservativos, dispositivos intrauterinos, vasectomías y esterilizaciones a granel, se invirtiera en generar mayores niveles de educación, salud, empleo y seguridad.

Sabemos que en este tema hay muchos dólares de por medio, también comprendemos que jamás nos desarrollaremos como nación mientras no se respete y se promueva la dignidad humana de millones de conciudadanos nuestros. Por ello, valdría la pena reflexionar si el control natal es la solución a nuestros problemas o si la causa de la injusticia e ignominia social proviene de la forma como estamos organizando y articulando nuestra sociedad.

Chesterton, el periodista inglés reconocido por su genial perspicacia, tendría una buena contestación a quienes les provoca insomnio pensar en tanto salvadoreñito, chinito, carioquita o tanzanito: "La respuesta a cualquiera que hable de exceso de población es preguntarle si él mismo es parte de ese exceso de población, o si no lo es, ¿cómo sabe que no lo es?".


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