- Opinando
- ¿Silbadores de
tragedia o felicidad?
- Rodolfo
Chang Peña*
Desde
principios de noviembre se empiezan a escuchar
los cohetes, morteros y silbadores, que por
cierto ya se convirtieron en el estigma de una
nueva época del año, que huele a
finalización de labores escolares,
vacaciones, cursos de refuerzo académico,
Navidad y Año Nuevo.
En las caras inocentes de los niños de
4 a 8 años se refleja la alegría y
el candor cuando sus padres, tal vez de buena fe
o para "quitárselos de encima", los
llevan a comprar pólvora para
"divertirse". Lástima grande que muchos
de ellos terminan en los hospitales con
quemaduras (27 quemados de enero a octubre,
faltan los de noviembre y diciembre), algunas de
ellas graves que les dejan secuelas para toda la
vida. También son lamentables los
incendios de coheterías, mercados y
viviendas a causa de la pólvora, por
más de advertencias que hagan los
organismos humanitarios como la Cruz Roja.
¡Y es que al igual que con el dengue, cada
quien interpreta las recomendaciones a su libre
antojo!
Es obvio que como a los niños, por su
edad y natural forma de ser, no se les puede
exigir, toda la responsabilidad de las tragedias
recae en la gente "grande" (padres, tíos,
hermanos, abuelos, etc.). ¿Pero
quién garantiza que la gente "grande" se
comporta con ponderación mesura y
están aptos para proteger, orientar y
guiar a los niños en una sociedad
alcohólica y violenta del post
conflicto?
Es evidente que por ahora, el mal ya
está hecho. La gente "grande" a base de
malos ejemplos y conductas determinadas, ya
introdujeron en las mentes de los niños
toda una cultura caracterizada por conceptos que
casi todo mundo considera una verdad absoluta o
que no tienen ninguna discusión, tales
como: "La alegría no está en la
mente y corazón sino reside en el
estrépito y el desorden", "el riesgo de
quemarse es lo bonito de quemar pólvora",
"el que no se arriesga es marica", "celebrar es
hacer relajo" y "Navidad y Año Nuevo
significan despedidas, ruido, humo, playas,
burucas y comer y beber a lo loco".
Las "fiestas" de fin de año cobran
invariablemente cada doce meses aproximadamente
una macabra cuota de fallecidos y lesionados a
causa principalmente de los accidentes de
tránsito (la mayoría de los
motoristas actúan como si enloqueciera y
se sumergen en un corre corre sin precedentes),
atracos y asaltos a mano armada, incendios,
quemaduras por pólvora, intoxicaciones
alimenticias y violencia intrafamiliar contra
los niños y la mujer.
Nadie comprende por qué tiene que
repetirse cada año este sacrificio
innecesario de cientos de salvadoreños.
Algunos hasta viajan de Los Ángeles a El
Salvador para poder "gozar" con su familia, ya
que en los Estados Unidos no les permiten hacer
relajo y quemar pólvora.
¿Estarán perdiendo los
salvadoreños el instinto natural de la
conservación de la vida?
* Dr. en Medicina