Lunes 18 de diciembre 2000


La Nota del Día
 

15 de Diciembre de 2000
Guardaespaldas: Que no se necesiten

Hasta sus parientes andan expuestos...

Hasta cuatro guardaespaldas por diputado pagarán los contribuyentes, cumpliendo con lo decretado por la Asamblea la semana pasada. La medida se justifica considerando lo irreparable, trágico, conmocionante y dolorosísimo que sería que alguno de ellos dejara este valle de lágrimas a causa de la rampante delincuencia que azota el país, como le ha sucedido a tres mil salvadoreños en los últimos doce meses.

Los diputados han escogido la peor de dos alternativas. Una es armarse hasta los dientes, andar con guardaespaldas, atrincherarse en oficinas y viviendas, permanecer en estado de "alerta roja". La otra sería buscar medios efectivos para erradicar la delincuencia, lo que incluye corregir las absurdas disposiciones de los códigos penales que protegen a los malhechores. O las medidas defensivas son cada vez más grandes y costosas, o se hace lo posible para que sean innecesarias y todos podamos vivir en paz.

Fue dificilísimo, como ejemplo, que la Asamblea aprobara medidas para depurar la PNC. Muchos atribuyen a la depuración la reciente oleada de secuestros, asaltos, robos y atentados. A duras penas los bandoleros pueden echarse del cuerpo, y salvo contadas excepciones, las disparatadas leyes vuelven casi imposible encausarlos criminalmente.

Considérese la cuestión de las intervenciones telefónicas. La izquierda se opone tenazmente a que tales intervenciones se lleven a cabo, pese a que la propuesta es la de dejar en manos de jueces o fiscales, decidir los casos en que pueden interceptarse llamadas. Nadie quiere que se pinchen teléfonos para suplir de chismes al figurón que los ha venido usando, pero sin ese instrumento se vuelve mucho mas difícil seguir la pista a secuestradores, narcotrafincantes, bandas de robacarros y en general al crimen organiado.

No se detecta, tampoco, mayor voluntad dentro de la legislatura para entrarle a fondo al problema de la delincuencia, y asi decretar leyes más efectivas. Es sintomático que la izquierda se oponga a la operación de la base de monitoreo de vuelos, cuya única finalidad es vigilar e impedir la llegada al país de aviones con droga. Y lo mismo ocurre con la vigilancia de las costas: líricas consideraciones sobre la dignidad nacional y la soberanía, pueden dejarnos inermes frente al narcotráfico.

Otro caso es el de las chiviaderas. Hace cerca de un año, la Asamblea aprobó una gelatinosa y ambigua ley, que facultaba a las alcaldías cerrar casinos y casas de juego. En vez de prohibir el juego organizado -paraguas debajo del cual se cobija venta de droga, lavado de dinero, prostitución, bandas delictivas y otras lindezas- los diputados se fueron por la tangente y el asunto se entrampó en la Corte Suprema. El resultado es que las chiviaderas continúan desplumando y enviciando salvadoreños, sin que a los honorables legisladores se les cruce por la cabeza que eso fomenta la criminalidad.

Al decretarse guardaespaldas, los diputados harían bien en pensar que sus parientes, hijos, esposos y esposas, no cuentan con esa protección y están tan expuestos a ser victimizados, como el resto de los salvadoreños. De rodearse con guardaespaldas, deben pasar a hacer esfuerzos para que estos no sean necesarios. Esto unicamente va a lograrse cuando las leyes sean efectivas, se combata la corrupción y exista una verdadera cultura de paz, en el sentido de eliminar la violencia y el crimen.


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