La
Nota del Día
15 de
Diciembre de 2000
Guardaespaldas:
Que no se
necesiten
Hasta sus parientes andan expuestos...
Hasta cuatro guardaespaldas por diputado
pagarán los contribuyentes, cumpliendo
con lo decretado por la Asamblea la semana
pasada. La medida se justifica considerando lo
irreparable, trágico, conmocionante y
dolorosísimo que sería que alguno
de ellos dejara este valle de lágrimas a
causa de la rampante delincuencia que azota el
país, como le ha sucedido a tres mil
salvadoreños en los últimos doce
meses.
Los diputados han escogido la peor de dos
alternativas. Una es armarse hasta los dientes,
andar con guardaespaldas, atrincherarse en
oficinas y viviendas, permanecer en estado de
"alerta roja". La otra sería buscar
medios efectivos para erradicar la delincuencia,
lo que incluye corregir las absurdas
disposiciones de los códigos penales que
protegen a los malhechores. O las medidas
defensivas son cada vez más grandes y
costosas, o se hace lo posible para que sean
innecesarias y todos podamos vivir en paz.
Fue dificilísimo, como ejemplo, que la
Asamblea aprobara medidas para depurar la PNC.
Muchos atribuyen a la depuración la
reciente oleada de secuestros, asaltos, robos y
atentados. A duras penas los bandoleros pueden
echarse del cuerpo, y salvo contadas
excepciones, las disparatadas leyes vuelven casi
imposible encausarlos criminalmente.
Considérese la cuestión de las
intervenciones telefónicas. La izquierda
se opone tenazmente a que tales intervenciones
se lleven a cabo, pese a que la propuesta es la
de dejar en manos de jueces o fiscales, decidir
los casos en que pueden interceptarse llamadas.
Nadie quiere que se pinchen teléfonos
para suplir de chismes al figurón que los
ha venido usando, pero sin ese instrumento se
vuelve mucho mas difícil seguir la pista
a secuestradores, narcotrafincantes, bandas de
robacarros y en general al crimen organiado.
No se detecta, tampoco, mayor voluntad dentro
de la legislatura para entrarle a fondo al
problema de la delincuencia, y asi decretar
leyes más efectivas. Es
sintomático que la izquierda se oponga a
la operación de la base de monitoreo de
vuelos, cuya única finalidad es vigilar e
impedir la llegada al país de aviones con
droga. Y lo mismo ocurre con la vigilancia de
las costas: líricas consideraciones sobre
la dignidad nacional y la soberanía,
pueden dejarnos inermes frente al
narcotráfico.
Otro caso es el de las chiviaderas. Hace
cerca de un año, la Asamblea
aprobó una gelatinosa y ambigua ley, que
facultaba a las alcaldías cerrar casinos
y casas de juego. En vez de prohibir el juego
organizado -paraguas debajo del cual se cobija
venta de droga, lavado de dinero,
prostitución, bandas delictivas y otras
lindezas- los diputados se fueron por la
tangente y el asunto se entrampó en la
Corte Suprema. El resultado es que las
chiviaderas continúan desplumando y
enviciando salvadoreños, sin que a los
honorables legisladores se les cruce por la
cabeza que eso fomenta la criminalidad.
Al decretarse guardaespaldas, los diputados
harían bien en pensar que sus parientes,
hijos, esposos y esposas, no cuentan con esa
protección y están tan expuestos a
ser victimizados, como el resto de los
salvadoreños. De rodearse con
guardaespaldas, deben pasar a hacer esfuerzos
para que estos no sean necesarios. Esto
unicamente va a lograrse cuando las leyes sean
efectivas, se combata la corrupción y
exista una verdadera cultura de paz, en el
sentido de eliminar la violencia y el
crimen.