- Comentario
de la semana
- Presidente
electo
- Eduardo
Torres
- E-mail: eduardo@elsalvador.com
"Trabajaré
por ganarme su respeto", dijo a sus
conciudadanos George W. Bush, el pasado
miércoles por la noche. Tal compromiso,
hecho ante los ojos del mundo, tuvo lugar una
hora después de que el vicepresidente
Gore manifestara que le había llegado el
tiempo de irse, llamando a los estadounidenses a
cerrar filas alrededor del "Presidente electo".
Luego de cinco semanas de encarnizada lucha post
electoral, donde el manejo de la opinión
pública y los recursos legales fueron el
pan de cada día, llegó a su fin el
drama de la más cerrada elección
llevada a cabo en la poderosa nación.
Luego de veinticinco años de servicio
público, con elegancia regresa Al Gore a
la vida privada.
En política, sin embargo, no bastan
los buenos gestos y las buenas intenciones, por
importantes que éstas sean, sino que
juega un papel cada vez más preponderante
la actitud -el "mood"- de la gente. Debido a
ello, no será fácil la labor de
George W. Bush, ya que el país se
encuentra dividido políticamente, y si
bien el Partido Republicano dominará -por
primera vez en medio siglo, en forma
simultánea- tanto la Casa Blanca como
ambas cámaras del Congreso, los
márgenes son tan estrechos, que la agenda
a desarrollar tendrá todavía una
mayor importancia de la que habitualmente
tiene.
La buena noticia para los estadounidenses,
haciendo a un lado el grado de madurez que de
por sí tiene la democracia de la
única superpotencia en el mundo, es que
el Presidente electo basó su
campaña electoral en el tipo de trabajo
-más allá de las líneas
partidistas- que se requiere en Washington para
llevar, vía el "conservadurismo
compasivo", progreso a la unión americana
por medio, entre otros, del mejoramiento de las
escuelas públicas, de garantizar fondos
para los jubilados, del fortalecimiento del
programa de atención médica
-Medicare-, del poderío militar,
"superior al de cualquier adversario", y de una
"amplia, honesta, y fiscalmente responsable
disminución de la carga impositiva".
Renovación en la derecha
Luego de ocho años de
administración demócrata,
recuperan los republicanos el control de la Casa
Blanca. Cómo pudo haber perdido el
candidato oficial, cuando en paz los Estados
Unidos gozan de una bonanza económica sin
precedentes, pues es la pregunta de fondo. A mi
juicio, fueron los pincelazos en la Oficina
Oval, y el que adolece Gore del excepcional
instinto político de Clinton, lo que
posibilitó su derrota. Porque en el buen
sentido del término, el presidente
Clinton es un verdadero "animal
político", cuyo ingenio y espíritu
de supervivencia está directamente
relacionado con su infancia. El vicepresidente
Gore, en cambio, es muy preparado y competente,
pero sumamente aburrido. Durante los debates,
simple y sencillamente falló en
"sintonizar" con la gente.
"Más vale llegar a tiempo, que ser
invitado a la cena", dice la sabiduría
popular. George W. Bush no era la mejor carta
-al menos así lo creían sus
padres- para alcanzar el estrellato
político nacional, en tercera
generación consecutiva; lo era su hermano
Jeb, gobernador de la Florida. Y pocas personas
pusieron atención a Barbara Bush, esa
extraordinaria ex Primera Dama estadounidense,
cuando en defensa de su hijo ante los ataques
recibidos durante la campaña,
principalmente por lo que la revista Vogue
calificó como dislexia infantil,
manifestó "se equivocan con George". El
récord del Presidente electo muestra, a
su vez, esfuerzo, determinación y
apertura, y comienzan a salir comparaciones con
la figura "Tony Blair", de procedencia
diametralmente opuesta.
Vuelven experimentados servidores
públicos como Dick Cheney, Colin Powell,
quién sabe si James Baker, en fin,
algunos de los que detentaron el poder dentro
del anillo periférico -"inside the
beltway"- de Washington D.C. al momento de darse
la caída del Muro de Berlín. El
desafío actual, a través de las
políticas económicas iniciadas por
Ronald Reagan, será continuar la bonanza
económica sin precedentes de los
últimos años, a partir del fin de
la Guerra Fría. Lo compasivo del
conservadurismo de George W., entendemos, es
¡alma y solidaridad hacia los más
necesitados! Y ello sí que implica una
nueva acepción al término
"derecha", en beneficio de todos.
* Licenciado en Ciencias Jurídicas
y columnista de EL DIARIO DE HOY.