Sábado 16 de diciembre


Comentario de la semana
Presidente electo
Eduardo Torres
E-mail: eduardo@elsalvador.com

"Trabajaré por ganarme su respeto", dijo a sus conciudadanos George W. Bush, el pasado miércoles por la noche. Tal compromiso, hecho ante los ojos del mundo, tuvo lugar una hora después de que el vicepresidente Gore manifestara que le había llegado el tiempo de irse, llamando a los estadounidenses a cerrar filas alrededor del "Presidente electo". Luego de cinco semanas de encarnizada lucha post electoral, donde el manejo de la opinión pública y los recursos legales fueron el pan de cada día, llegó a su fin el drama de la más cerrada elección llevada a cabo en la poderosa nación. Luego de veinticinco años de servicio público, con elegancia regresa Al Gore a la vida privada.

En política, sin embargo, no bastan los buenos gestos y las buenas intenciones, por importantes que éstas sean, sino que juega un papel cada vez más preponderante la actitud -el "mood"- de la gente. Debido a ello, no será fácil la labor de George W. Bush, ya que el país se encuentra dividido políticamente, y si bien el Partido Republicano dominará -por primera vez en medio siglo, en forma simultánea- tanto la Casa Blanca como ambas cámaras del Congreso, los márgenes son tan estrechos, que la agenda a desarrollar tendrá todavía una mayor importancia de la que habitualmente tiene.

La buena noticia para los estadounidenses, haciendo a un lado el grado de madurez que de por sí tiene la democracia de la única superpotencia en el mundo, es que el Presidente electo basó su campaña electoral en el tipo de trabajo -más allá de las líneas partidistas- que se requiere en Washington para llevar, vía el "conservadurismo compasivo", progreso a la unión americana por medio, entre otros, del mejoramiento de las escuelas públicas, de garantizar fondos para los jubilados, del fortalecimiento del programa de atención médica -Medicare-, del poderío militar, "superior al de cualquier adversario", y de una "amplia, honesta, y fiscalmente responsable disminución de la carga impositiva".

Renovación en la derecha

Luego de ocho años de administración demócrata, recuperan los republicanos el control de la Casa Blanca. Cómo pudo haber perdido el candidato oficial, cuando en paz los Estados Unidos gozan de una bonanza económica sin precedentes, pues es la pregunta de fondo. A mi juicio, fueron los pincelazos en la Oficina Oval, y el que adolece Gore del excepcional instinto político de Clinton, lo que posibilitó su derrota. Porque en el buen sentido del término, el presidente Clinton es un verdadero "animal político", cuyo ingenio y espíritu de supervivencia está directamente relacionado con su infancia. El vicepresidente Gore, en cambio, es muy preparado y competente, pero sumamente aburrido. Durante los debates, simple y sencillamente falló en "sintonizar" con la gente.

"Más vale llegar a tiempo, que ser invitado a la cena", dice la sabiduría popular. George W. Bush no era la mejor carta -al menos así lo creían sus padres- para alcanzar el estrellato político nacional, en tercera generación consecutiva; lo era su hermano Jeb, gobernador de la Florida. Y pocas personas pusieron atención a Barbara Bush, esa extraordinaria ex Primera Dama estadounidense, cuando en defensa de su hijo ante los ataques recibidos durante la campaña, principalmente por lo que la revista Vogue calificó como dislexia infantil, manifestó "se equivocan con George". El récord del Presidente electo muestra, a su vez, esfuerzo, determinación y apertura, y comienzan a salir comparaciones con la figura "Tony Blair", de procedencia diametralmente opuesta.

Vuelven experimentados servidores públicos como Dick Cheney, Colin Powell, quién sabe si James Baker, en fin, algunos de los que detentaron el poder dentro del anillo periférico -"inside the beltway"- de Washington D.C. al momento de darse la caída del Muro de Berlín. El desafío actual, a través de las políticas económicas iniciadas por Ronald Reagan, será continuar la bonanza económica sin precedentes de los últimos años, a partir del fin de la Guerra Fría. Lo compasivo del conservadurismo de George W., entendemos, es ¡alma y solidaridad hacia los más necesitados! Y ello sí que implica una nueva acepción al término "derecha", en beneficio de todos.

* Licenciado en Ciencias Jurídicas y columnista de EL DIARIO DE HOY.


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