- Tema para
comentar
- Adictos al
sexo
- Edgar
López Bertrand*
"Ayer,
hoy y siempre. Eso es lo que desean los adictos
al sexo. Muchas personas sufren de este terrible
mal y pocas veces saben cómo salir de
él".
Tener un gran apetito sexual y satisfacerlo,
para muchos es motivo de orgullo y hasta de
presunción. Entre los hombres hay una
sobrevaloración a la libido o deseo
sexual. No obstante, con frecuencia hay
dificultad en saber la frontera entre una
sexualidad saludable y una adicción
sexual. Por eso, cuando escuchamos
adicción sexual, comúnmente nos
hacemos algunas de las siguientes preguntas:
¿Un adicto al sexo es un experto en la
materia y disfruta más?, ¿es malo
ser adicto al sexo?, ¿un individuo que
tiene intensa actividad, por ejemplo sexo, una o
varias veces al día, se considera un
adicto?, ¿las fantasías sexuales tan
comunes en lo cotidiano indican un nivel
adictivo?, ¿la promiscuidad implica un
cierto grado de adicción al sexo?,
¿quiénes son más proclives a
la adicción sexual, los hombres o las
mujeres?, ¿la adicción al sexo es
una enfermedad que requiere de tratamiento, es
curable?, ¿sufre un adicto al sexo?...
La adicción sexual se caracteriza por
un recurrente e incontrolable deseo de tener
actividad sexual que va desde fantasear, generar
elaborados y complejos guiones sexuales en la
mente, buscar pornografía en cualquiera
de sus modalidades, masturbación
compulsiva, hasta tener una vida sexual
promiscua. El denominador común de
cualquiera de estas conductas que pudiera tener
la connotación de adicción es que
se presenta como un fenómeno ingobernable
que perjudica la vida integral de la
persona.
Revisemos el ciclo adictivo en el caso de un
paciente programador de computadoras de 27
años de edad. En primer lugar, nuestro
personaje en cuestión está en una
etapa de negación, no reconoce que tiene
problemas por su conducta sexual. En varias
ocasiones su jefe le ha llamado la
atención por su insistencia en ver los
sitios de pornografía en Internet. Sin
embargo, Toño -como le dicen sus amigos-,
promete que en la oficina no tendrá
acceso a esas páginas web, pero llegada
casi la hora de la salida no puede evitar
visitar las novedades de un sitio o buscar un
sitio nuevo. Incluso dice tener mucho trabajo
para quedarse hasta altas horas de la noche
observando la pornografía, todo ello con
un excesivo gasto a través de su tarjeta
de crédito. Después de ello, una
vez que se pone en camino a casa con los ojos
muy rojos y con el sentimiento de culpa a
cuestas, asegura que no lo hará
más, pero no, la adicción es
más fuerte que él.
Lo que le ocurre a Toño es muy similar
a lo que vive un adicto al alcohol o las drogas.
No pueden evitarlo, e incluso se prometen a
sí mismos que lo harán en
cantidades dosificadas o por última vez,
algo que no sucede pues lo siguen haciendo en
exceso. Después aparece la culpa, de
nuevo juran y perjuran que no lo hará,
pero otra vez la adicción suele ser
más fuerte que ellos. En el caso
específico de la adicción sexual,
ésta no se mide por el número de
relaciones o la frecuencia de éstas. Sino
más bien en la incapacidad del individuo
de manejar la angustia y la ansiedad en la
solución de los problemas cotidianos. El
adicto deposita o busca en el sexo alivio a sus
problemas, también los evade a
través de él.
Experimenta la impotencia de tener un
comportamiento sexual compulsivo y esto
trasciende en todas las áreas de la vida
del adicto: el trabajo, pareja, familia y
sociedad. La persona está fuera de
control, siente gran dolor, vergüenza y
aversión de sí mismo.
Frecuentemente quisiera detener esa conducta,
pero repetidamente fracasa. Nuestro paciente por
ejemplo, perdió su anterior trabajo por
el acoso sexual a prácticamente todas sus
compañeras. Su matrimonio duró tan
sólo cinco meses. Sus fiestas en donde a
toda costa buscaba terminar en la cama con
alguna de las invitadas para correr una
aventura, le hacían con frecuencia no
llegar a dormir a su propia casa. Llegó
el momento en que los pretextos se le terminaron
y las contradicciones en las que incurría
hicieron que su esposa no soportara más y
terminó por abandonarlo.
Así, el caos en que caen los adictos
puede vese claramente en diversas consecuencias:
baja autoestima, poco o nada de interés
en asuntos no sexuales, problemas en el trabajo,
dificultades económicas, incapacidad para
establecer relaciones emocionales trascendentes,
desesperación, enfermedades de
transmisión sexual, entre otras
complicaciones igualmente graves. No distingue
raza, sexo, ni posición social para que
la vida de una persona sea presa de una
adicción de esta naturaleza.
La adicción al sexo, como cualquier
otra adicción, lleva un proceso largo
para su curación. Sin embargo, sí
se puede encontrar la paz y la armonía en
la vida, si permites que nuestro Señor
Jesucristo tome el control de tu vida y sea el
capitán de ella. El primer paso a la
recuperación es el más
difícil: romper con la negación.
Es decir, aceptar que se tiene un problema por
la manera en como es la conducta sexual y sus
motivaciones. La sexualidad sana implica el
desarrollo de una vida integral en donde el
individuo busque la plenitud y
realización en las distintas áreas
de la vida, desde luego incluida la sexual, con
base en el autorrespeto y el propio respeto a
los demás. Este es el día de tu
liberación. Acepta a Jesús como tu
salvador personal.
* Pastor.