Viernes 15 de diciembre


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Adictos al sexo
Edgar López Bertrand*

"Ayer, hoy y siempre. Eso es lo que desean los adictos al sexo. Muchas personas sufren de este terrible mal y pocas veces saben cómo salir de él".

Tener un gran apetito sexual y satisfacerlo, para muchos es motivo de orgullo y hasta de presunción. Entre los hombres hay una sobrevaloración a la libido o deseo sexual. No obstante, con frecuencia hay dificultad en saber la frontera entre una sexualidad saludable y una adicción sexual. Por eso, cuando escuchamos adicción sexual, comúnmente nos hacemos algunas de las siguientes preguntas: ¿Un adicto al sexo es un experto en la materia y disfruta más?, ¿es malo ser adicto al sexo?, ¿un individuo que tiene intensa actividad, por ejemplo sexo, una o varias veces al día, se considera un adicto?, ¿las fantasías sexuales tan comunes en lo cotidiano indican un nivel adictivo?, ¿la promiscuidad implica un cierto grado de adicción al sexo?, ¿quiénes son más proclives a la adicción sexual, los hombres o las mujeres?, ¿la adicción al sexo es una enfermedad que requiere de tratamiento, es curable?, ¿sufre un adicto al sexo?...

La adicción sexual se caracteriza por un recurrente e incontrolable deseo de tener actividad sexual que va desde fantasear, generar elaborados y complejos guiones sexuales en la mente, buscar pornografía en cualquiera de sus modalidades, masturbación compulsiva, hasta tener una vida sexual promiscua. El denominador común de cualquiera de estas conductas que pudiera tener la connotación de adicción es que se presenta como un fenómeno ingobernable que perjudica la vida integral de la persona.

Revisemos el ciclo adictivo en el caso de un paciente programador de computadoras de 27 años de edad. En primer lugar, nuestro personaje en cuestión está en una etapa de negación, no reconoce que tiene problemas por su conducta sexual. En varias ocasiones su jefe le ha llamado la atención por su insistencia en ver los sitios de pornografía en Internet. Sin embargo, Toño -como le dicen sus amigos-, promete que en la oficina no tendrá acceso a esas páginas web, pero llegada casi la hora de la salida no puede evitar visitar las novedades de un sitio o buscar un sitio nuevo. Incluso dice tener mucho trabajo para quedarse hasta altas horas de la noche observando la pornografía, todo ello con un excesivo gasto a través de su tarjeta de crédito. Después de ello, una vez que se pone en camino a casa con los ojos muy rojos y con el sentimiento de culpa a cuestas, asegura que no lo hará más, pero no, la adicción es más fuerte que él.

Lo que le ocurre a Toño es muy similar a lo que vive un adicto al alcohol o las drogas. No pueden evitarlo, e incluso se prometen a sí mismos que lo harán en cantidades dosificadas o por última vez, algo que no sucede pues lo siguen haciendo en exceso. Después aparece la culpa, de nuevo juran y perjuran que no lo hará, pero otra vez la adicción suele ser más fuerte que ellos. En el caso específico de la adicción sexual, ésta no se mide por el número de relaciones o la frecuencia de éstas. Sino más bien en la incapacidad del individuo de manejar la angustia y la ansiedad en la solución de los problemas cotidianos. El adicto deposita o busca en el sexo alivio a sus problemas, también los evade a través de él.

Experimenta la impotencia de tener un comportamiento sexual compulsivo y esto trasciende en todas las áreas de la vida del adicto: el trabajo, pareja, familia y sociedad. La persona está fuera de control, siente gran dolor, vergüenza y aversión de sí mismo. Frecuentemente quisiera detener esa conducta, pero repetidamente fracasa. Nuestro paciente por ejemplo, perdió su anterior trabajo por el acoso sexual a prácticamente todas sus compañeras. Su matrimonio duró tan sólo cinco meses. Sus fiestas en donde a toda costa buscaba terminar en la cama con alguna de las invitadas para correr una aventura, le hacían con frecuencia no llegar a dormir a su propia casa. Llegó el momento en que los pretextos se le terminaron y las contradicciones en las que incurría hicieron que su esposa no soportara más y terminó por abandonarlo.

Así, el caos en que caen los adictos puede vese claramente en diversas consecuencias: baja autoestima, poco o nada de interés en asuntos no sexuales, problemas en el trabajo, dificultades económicas, incapacidad para establecer relaciones emocionales trascendentes, desesperación, enfermedades de transmisión sexual, entre otras complicaciones igualmente graves. No distingue raza, sexo, ni posición social para que la vida de una persona sea presa de una adicción de esta naturaleza.

La adicción al sexo, como cualquier otra adicción, lleva un proceso largo para su curación. Sin embargo, sí se puede encontrar la paz y la armonía en la vida, si permites que nuestro Señor Jesucristo tome el control de tu vida y sea el capitán de ella. El primer paso a la recuperación es el más difícil: romper con la negación. Es decir, aceptar que se tiene un problema por la manera en como es la conducta sexual y sus motivaciones. La sexualidad sana implica el desarrollo de una vida integral en donde el individuo busque la plenitud y realización en las distintas áreas de la vida, desde luego incluida la sexual, con base en el autorrespeto y el propio respeto a los demás. Este es el día de tu liberación. Acepta a Jesús como tu salvador personal.

* Pastor.


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