- Ejemplos
dignos de imitar
- Lo cortés no
quita lo valiente
- Evelyn
de Sol*
Recientemente
viajamos con mi esposo a un rancho vacacional en
Texas, en donde se crían diversas
especies exóticas de animales,
traídos de diferentes partes del mundo
como Africa, Asia, India, etc. Los
norteamericanos ayudan así a la
conservación de la fauna y son
respetuosos de las leyes ecológicas que
protegen a la existente en el mundo, así
como de todas sus leyes en general -porque si no
lo hacen, se las hacen cumplir-, lo cual los
lleva a tener una vida ordenada en casi todo,
que redunda en la convivencia pacífica de
la inmensa mayoría del pueblo.
Ya que por nuestra idiosincrasia nos encanta
andar copiando, especialmente "bayuncadas" como
"Halloween," en que se honra realmente al
ocultismo y satanismo, que contraría
nuestros principios cristianos, son las cosas
buenas, como los anteriores ejemplos los que
deberíamos absorber, pues todo
sería tan diferente tan si sólo
funcionara bien nuestro sistema judicial como
funciona allá y no como sucede
aquí, que funciona para beneficio del
delincuente, de la matonería y del
libertinaje.
Al llegar al aeropuerto de Houston,
debíamos tomar el bus de "Hertz", que nos
conduciría a recoger el automóvil
que teníamos reservado. Me
adelanté a mi esposo con mi
maletín rodante y él se
encargó del resto del equipaje. El bus
estaba completamente lleno de hombres, pero al
subir, inmediatamente uno de ellos muy
cortesmente me cedió su lugar. En nuestra
tierra, al subirse una mujer al bus, debe darse
por bien servida si el conductor no arranca y la
tira al suelo por no agilizar el paso.
La cortesía anteriormente apuntada
pude constatarla varias veces,
comparándola continuamente con la falta
de la misma existente aquí, aun en los
estratos más altos de la sociedad que se
supone educada. ¿Cuántas veces
llamamos a ejecutivos o funcionarios -que pueden
ser aún amigos personales- e
inexorablemente la secretaria nos contesta con
el rutinario: "está en una
reunión", lo cual sea posiblemente
verdad, pero que posteriormente, en la
mayoría de los casos, jamás se
dignan hacer la cortés llamada
correspondiendo? No queremos decir tampoco que
quien tiene a su cargo el buen funcionamiento de
una empresa o una organización, debe
pasarse atendiendo llamadas, pero las
secretarias -y de hecho muchas lo hacen-,
evalúan qué tan importante pueda
ser una llamada que amerite ser correspondida.
La falta de esta cortesía, confirma la
usual prepotencia y pedantería de muchos
que no se dan cuenta que es el pueblo
consumista, nosotros ¿la chusma?, quienes
mantenemos sus empresas usando sus productos, o
hacemos funcionar el gobierno pagando nuestros
impuestos, por lo que ellos en general son
nuestros asalariados, pues sin el consumidor y
el contribuyente, nada funcionaría.
"Lo cortés no quita lo valiente"dicen,
y ¡cómo decrecería la
situación de petulancia, preponderancia,
agresividad y violencia de la que le gusta hacer
gala a la mayoría de los
salvadoreños, si tan sólo en
oportunidades practicáramos este sabio
decir!
El rancho antes mencionado, queda a unas
cinco horas en automóvil de la ciudad de
Houston, y con mi esposo nos turnamos el
volante, en ambos trayectos. Noté en toda
la ruta, cómo los automovilistas en
general respetan la velocidad, máxima y
mínima, señaladas en la carretera
y si alguno no lo hace, siempre está la
policía lista, para imponer la multa
respectiva. Nunca se ve, como acá, los
carros zigzagueando de un lado al otro, o los
buseros echándole encima sus armatostes a
los carros para que se aparten &emdash;por medio
del poder del más fuerte, o por un
cobrador colgando del pescante, con su cuerpo
como un trapecista de circo, haciendo
señales porque "allí voy"&emdash;,
sino que nadie se sale de su carril a menos que
pida, con la vía intermitente, el paso
para hacerlo y los automovilistas ceden el paso
cortesmente a quien lo solicita, aun con la
carretera abarrotada de tráfico.
Allí, el orden vehicular impera y esto no
es asunto de educación "gringa", porque
hay millares de latinos, en cuenta una buena
dosis de salvadoreños que se han radicado
allí recientemente y los que a pesar de
su idiosincrasia tan diferente a la del
norteamericano, han aprendido a respetar las
leyes y a no conducir sus vehículos como
aquí, en donde por no cumplir las leyes
de tránsito -como hacer efectivo el pago
de multas por transgresiones al tráfico,
tal como la millonaria deuda acumulada por las
infracciones de los buses-, vivimos ya
resignados a nuestro caótico
tráfico.
Dictando buenas leyes y haciéndolas
cumplir -en vez de no procesar al delincuente y
más bien premiarlo con inmerecidas
indemnizaciones, tal como ocurriera
recientemente en la PNC, supuesta máxima
institución de protección de la
ciudadanía que debería ser un
ejemplo a seguir por su respeto a la ley-
podría evitarse que estemos casi
literalmente, en manos de la delincuencia.
Pero si esto es tan imposible como parece,
¿por qué no practicar un poco la
cortesía con el prójimo, tratando
de recordarla continuamente, por medio de
señalizaciones viales? Tal vez
sólo así podríamos ir
alcanzando una vida más ordenada y
tolerante.