Miércoles 13 de diciembre


Tomando la palabra
Cultura y justicia
Beatrice Alamanni de Carrillo*

El desarrollo de una nación se mide por su cultura. Es entonces preocupante, que nuestro país cultive la "incultura" con ahínco, negándose a reconocer su realidad, premiando la mediocridad (con la salvedad, obviamente, de raras y excelentes excepciones), conformándose con niveles poco competitivos mundialmente, engañándose a sí mismo y, sobre todo, defraudando a las nuevas generaciones, que no son responsables, sino más bien serán próximamente víctimas de esta tragedia.

Mucho (aunque nunca será demasiado) en esta columna hemos tratado el tema, con dolor y apasionamiento.

En los mensajes de lectores de distintas edades y condiciones sociales, se percibe la misma inquietud. Los jóvenes se sienten defraudados por colegios y universidades, los adultos experimentan, en carne propia, la falta o la debilidad de las "herramientas" a su alcance para progresar.

Mientras tanto, el mundo, cruelmente, nos impone sus reglas del juego (que juego no es) en todos los aspectos de nuestras vidas, en especial en la economía y, en cierta forma, también en el derecho y en la administración de justicia con métodos y modas foráneas, así como en aspectos culturales, superficiales, pragmáticos y "técnicos" (pero de bajo nivel) que es lo "requerido" por el mercado mundial, que opera al interior de nuestras débiles fronteras.

Los salvadoreños cada día somos y seremos más indefensos, porque tendremos menos posibilidades y capacidad (siempre en la salvedad de las excepciones) de discernir, analizar y evaluar la situación individual, nacional e internacional y, sobre todo, siempre menos lograremos ser realmente competitivos, amén de "llenar" plazas en maquilas y trabajos pocos especializados.

En este entorno desalentador y que resulta difícil contrarrestar, deberían reforzarse, por lo menos, las profesiones más estratégicas y vitales para el país, como las relacionadas con la justicia y la salud, por ser esenciales para la sobrevivencia colectiva.

Para la medicina creo que "nos defendemos" con una admirable tradición de galenos y con nuevas generaciones, bastante esforzadas. Las universidades (gracias a Dios, pocas, porque la carrera es cara y escasamente rentable) cumplen respetablemente con su tarea, mas para las Facultades de Derecho, las cosas son muy distintas.

Cada día, desde la distorsión y el deterioro de la UES antes de la guerra y después del nacimiento de demasiadas universidades privadas (la mayoría "de patio"), se ha venido considerando a la carrera de derecho como "lo más barato y rentable" para los dueños de los centros de estudio y también para muchos alumnos, que, engañosamente, han creído que "estudiar leyes" (terrible expresión, que resume trágicamente la pobreza de la visión del derecho) significaría "ganar para sobrevivir" desde las aulas universitarias, litigando como "tinterillos" y, aprendido tan "noble oficio", poder "vivir bien" al servicio de "causas perdidas" e intereses dudosos.

Los profesores de semejante carrera (siempre con las debidas excepciones) son, en general, ex alumnos muchas veces mediocres, convertidos por arte de magia en "docentes", que compensan sus bajos ingresos como abogados de poca clientela, impartiendo "cualquier cosa" por horas de clases mal pagadas.

Es inútil subrayar cuál imagen proyectan a sus alumnos dichos "maestros" y qué nivel de conocimientos le transmitirán a los mismos.

El dicho muy expresivo: "¿Qué querés por cinco?", desafortunadamente se podría aplicar demasiado bien a la enseñanza de la mayoría de las escuelas de derecho del país (con las debidas excepciones de siempre).

¿Qué podemos pretender, entonces, para la justicia de El Salvador, cuando se basa y sustenta desde aproximadamente dos décadas o más, en universidades mediocres y mercantilistas, profesores poco cultos y poco éticos, entre una carencia abrumadora de bibliotecas y con textos jurídicos casi exclusivamente importados, conteniendo conceptos foráneos e inadecuados para nuestra realidad?

¿Qué "material humano" constituyen los profesionales del derecho, que provienen de dicho contexto, agravado por una escuela primaria débil y un bachillerato cada día más "corto" y pragmático, que "producen" universitarios inmaduros e impreparados, que provienen de "colegios de patio" también?

El resultado de esta "mezcla explosiva" es el actual profesional del derecho en general (reiteramos la salvedad de las excepciones).

Tales "juristas" son los que actúan, desde varios años en ámbitos muy relevantes del quehacer nacional (y parece que las cosas van para largo), ocupando puestos claves en la empresa privada, plazas gubernamentales, algunas importantes, impartiendo la docencia, ejerciendo la abogacía y la carrera política.

Es evidente, entonces, el "riesgo" para la sociedad salvadoreña, si el nivel y la calidad de los mismos es mediocre o dudosa.

¿Qué decir, en especial, de la administración de justicia y del Ministerio Público?

Suenan cada día más deprimentes e inadecuadas las recriminaciones recíprocas y las justificaciones tardías de los titulares de cada institución, que después de 10 años de la finalización del conflicto y después del triunfalismo desmedido de la post-guerra, empiezan sólo ahora a manifestar y a revelar públicamente el gravísimo deterioro de la justicia de nuestro país, lo cual es, posiblemente, más desestabilizador que la "misteriosa" dolarización.

Roguémosle al Niño Dios, que en esta Navidad le inspire a los titulares de Educación y a los responsables del sistema de Justicia, una "iluminación divina", para que al fin, actúen cada uno en su campo.

Que las facultades de Derecho empiecen a ser fidedignas y respetables, con calidad y niveles adecuados, para reducir drásticamente el desmedido número de profesionales mediocres y que la Corte promueva las necesarias reformas para que ningún profesional del derecho llegue a ser juramentado como "abogado", "así no más", sin prácticas exhaustivas y, sobre todo, sin un severísimo y selectivo examen ante la Corte Suprema.

Para los jueces se hablará después…


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