La
Nota del Día
12 de Diciembre de 2000
Sin exámenes no hay
disciplina
"Quien nunca tuvo miedo, nunca se
examinó"
Proverbio estudiantil.
Buena parte del deterioro de la
educación nacional se deriva de la
supresión de exámenes durante la
década de los años sesenta, lo que
disminuyó los rendimientos, socavó
la disciplina tanto de estudiantes como de
maestros, y restó autoridad a los
responsables del sistema.
De los métodos imaginables para
determinar los niveles de conocimiento de una
persona o un universo de individuos, los
exámenes escritos y verbales son los
más efectivos y los más
imparciales. Literalmente quienes se someten a
ellos son medidos con la misma vara, aun cuando
unas pocas personas fallan por nervios u otras
causas.
Volver al esquema anterior está
costando sustos y sinsabores, debido en parte a
la resistencia de los estudiantes y los
maestros. Se oponen porque las alegres
promociones automáticas llegan a su fin,
porque se demanda un esfuerzo adicional tanto de
alumnos como de docentes, y a causa de los
fracasos de haraganes, tontos y de aquellos que
no disponen del tiempo para estudiar. Mucha
gente estaba convencida de que los
títulos y los empleos caen del cielo, por
derecho natural, y que exigirles que se examinen
atenta contra su dignidad y derechos
fundamentales.
En los países con altos niveles
educativos se obliga a los estudiantes a aprobar
pruebas de toda clase para pasar a otros grados
o niveles, para entrar a las universidades, para
egresar y obtener título. Además
en los Estados Unidos, para ejercer una
profesión se requiere aprobar
exámenes adicionales (los "state board")
tanto o mucho más rigurosos que los
aplicados por las universidades. Y no termina
allí la cosa: obtener un empleo, ser
promovido a cargos más altos, lograr una
jefatura dentro de empresas, y recibir un
nombramiento de diplomático o funcionario
público, implica nuevos y
difíciles exámenes. Sólo en
el tercer o quinto mundo las designaciones se
hacen a dedo.
Con "tests" se miden conocimiento e
inteligencia
La cuestión que surge en este punto es
¿qué clase de exámenes se
deben aplicar? Por lógica estos abarcan
desde exhaustivas pruebas que incluyen test
sicológicos y evaluaciones sobre
personalidad y las distintas clases de
inteligencia, hasta el simple examen de
conocimientos como se efectuaban antes en El
Salvador. El alumno puede saber o no cuál
es el río más caudaloso del mundo,
o ser objeto de un estudio que determine, entre
otros, su capacidad cognitiva, sus
características sicológicas,
problemas que tenga para aprender y su potencial
para superarse, amén de fijar normas para
documentar y controlar sus progresos o fracasos
en la escuela. Pero poner en pie un sistema de
esta clase no sólo está fuera de
las posibilidades de países pobres, sino
que en un alto porcentaje de casos, es
innecesario.
La mayoría de materias y disciplinas
que necesita aprobar un estudiante puede ser
objeto de mediciones como el simple examen de
saberes. No sólo el conocimiento de la
Geografía, sino de Biología,
Física, Química, las ciencias
naturales y "sociales", e inclusive el lenguaje
y las matemáticas, se examinan con
cuestionarios para establecer el grado de
dominio que un alumno tiene de ellas. Que un
alumno pase un examen "guayabeando" respuestas,
es culpa de quienes lo diseñan; un test
bien estructurado puede medir bastante bien la
capacidad de raciocinio de alguien por encima de
apuntes memorizados.