Miércoles 13 de diciembre


La Nota del Día
 

12 de Diciembre de 2000
Sin exámenes no hay disciplina

"Quien nunca tuvo miedo, nunca se examinó"
Proverbio estudiantil.

Buena parte del deterioro de la educación nacional se deriva de la supresión de exámenes durante la década de los años sesenta, lo que disminuyó los rendimientos, socavó la disciplina tanto de estudiantes como de maestros, y restó autoridad a los responsables del sistema.

De los métodos imaginables para determinar los niveles de conocimiento de una persona o un universo de individuos, los exámenes escritos y verbales son los más efectivos y los más imparciales. Literalmente quienes se someten a ellos son medidos con la misma vara, aun cuando unas pocas personas fallan por nervios u otras causas.

Volver al esquema anterior está costando sustos y sinsabores, debido en parte a la resistencia de los estudiantes y los maestros. Se oponen porque las alegres promociones automáticas llegan a su fin, porque se demanda un esfuerzo adicional tanto de alumnos como de docentes, y a causa de los fracasos de haraganes, tontos y de aquellos que no disponen del tiempo para estudiar. Mucha gente estaba convencida de que los títulos y los empleos caen del cielo, por derecho natural, y que exigirles que se examinen atenta contra su dignidad y derechos fundamentales.

En los países con altos niveles educativos se obliga a los estudiantes a aprobar pruebas de toda clase para pasar a otros grados o niveles, para entrar a las universidades, para egresar y obtener título. Además en los Estados Unidos, para ejercer una profesión se requiere aprobar exámenes adicionales (los "state board") tanto o mucho más rigurosos que los aplicados por las universidades. Y no termina allí la cosa: obtener un empleo, ser promovido a cargos más altos, lograr una jefatura dentro de empresas, y recibir un nombramiento de diplomático o funcionario público, implica nuevos y difíciles exámenes. Sólo en el tercer o quinto mundo las designaciones se hacen a dedo.

Con "tests" se miden conocimiento e inteligencia

La cuestión que surge en este punto es ¿qué clase de exámenes se deben aplicar? Por lógica estos abarcan desde exhaustivas pruebas que incluyen test sicológicos y evaluaciones sobre personalidad y las distintas clases de inteligencia, hasta el simple examen de conocimientos como se efectuaban antes en El Salvador. El alumno puede saber o no cuál es el río más caudaloso del mundo, o ser objeto de un estudio que determine, entre otros, su capacidad cognitiva, sus características sicológicas, problemas que tenga para aprender y su potencial para superarse, amén de fijar normas para documentar y controlar sus progresos o fracasos en la escuela. Pero poner en pie un sistema de esta clase no sólo está fuera de las posibilidades de países pobres, sino que en un alto porcentaje de casos, es innecesario.

La mayoría de materias y disciplinas que necesita aprobar un estudiante puede ser objeto de mediciones como el simple examen de saberes. No sólo el conocimiento de la Geografía, sino de Biología, Física, Química, las ciencias naturales y "sociales", e inclusive el lenguaje y las matemáticas, se examinan con cuestionarios para establecer el grado de dominio que un alumno tiene de ellas. Que un alumno pase un examen "guayabeando" respuestas, es culpa de quienes lo diseñan; un test bien estructurado puede medir bastante bien la capacidad de raciocinio de alguien por encima de apuntes memorizados.


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