Morazán
La salud visitó
a los olvidados
Por años permanecieron olvidados.
Sufren de escasez en todos los sentidos. Su
salud está a merced de la mala
nutrición y parásitos. Salud
Pública por fin llegó e
inició acciones en esa
región
- Evelyn
Granados
- El Diario
de Hoy
Al
fin. Fueron 700 familias las que resultaron
beneficiadas con una jornada médica
organizada por el Destacamento Militar No. 4 de
San Francisco Gotera.
Los salvadoreños residen en tierras
aledañas a Honduras, conocidas como ex
bolsones, en la jurisdicción de
Perquín, Morazán.
Tres son las comunidades "Rancho Quemado",
"Rancho Vivo" y "Llano el Muerto".
La gente en ese sector conoce muy poco de los
beneficios que brindan los servicios
básicos: agua potable, energía
eléctrica, alcantarillado y asistencia
médica.
"Gracias a Dios vinieron", expresó
Alba Nolasco, una de las beneficiadas.
Los médicos militares y personal del
Ministerio de Salud Pública ofrecieron
consulta odontológica y de medicina
general a todos los asistentes. Asimismo, se les
otorgaron medicinas para sus males y
artículos de primera necesidad para que
sufraguen de alguna manera sus necesidades.
En la zona, hace algunos meses, empezó
a funcionar una Unidad de Salud que no da abasto
a la demanda existente en esa región.
Por tal razón, el DM 4 y Salud
Pública decidieron efectuar la jornada
médica.
Parásitos
La población en Perquín dedica
su vida a recorrer los aserraderos en busca de
trabajo. Allí laboran adultos e
infantes.
Los niños no tienen oportunidad alguna
de asistir a un centro educativo.
No importa qué tan complicado sea, ni
que todo el tiempo estén vigilados por
las autoridades hondureñas.
Como el agua potable escasea, los
salvadoreños deben beber agua de los
arroyos. Esto explica la razón de que un
60% de las 700 familias padece de parasitosis.
Una cantidad similar sufre
desnutrición.
Los casos más alarmantes son los de
niños que enfrentan ambos males,
según lo que comentó el Dr. Ever
Francisco Recinos, director de la Unidad de
Salud de Perquín.
Esta situación se vuelve preocupante,
como lo manifestó el médico,
porque más de la mitad de los habitantes
de esa zona son menores de 10 años.
La realidad que viven se disipó entre
juegos y gritos de alegría. Los
visitantes dedicaron parte de la actividad a
compartir con los niños una mañana
alegre.
Hubo quiebra de piñatas, payasos y
regalos.
Los asistentes tenían en sus rostros
expresiones de gratitud para los médicos
y militares.
La acción fue bien recibida por estos.
Algunos daban gracias a Dios, porque, al fin,
alguien se acordó de obsequiarles una
mañana dedicada a la salud. Ellos esperan
que se repita.