Martes 12 de diciembre


Cómo la ven los otros
La integración
RICARDO RIVAS*

Uno se llama Elibario y le dicen Lito; el otro, Juan y le dicen Lolo. Ambos nacieron, crecieron y se multiplicaron en aquellas tierras benditas de Dios, donde el Pacífico besa la línea divisoria que separa a San Miguel de La Unión, en la playa de "El Cuco".

Lito es un "mil oficios", en la casa de los patrones la hace de albañil, fontanero, jardinero, electricista y carpintero. Aunque una que otra vez se le tuerce la plomada o el nivel, en la zona se le reconoce como un constructor de respeto. En el terreno de atrás -donde vive con la Rosa- vende gaseosas, "charamuscas", cocteles de concha, "pepeshca" frita, mango verde y elotes "locos". Fiel a la tradición de sus vecinos de Chirilagua e Intipucá, Lito se enorgullece de haber importado a casi todos sus hijos a los Estados Unidos.

Lolo, por su parte, ha sido uno de los mejores pescadores de "lisa" ("chimbera") que se haya dejado ver en "El Esterón". Con la Herminia, su mujer, criaron como pudieron a sus cipotes hasta que, llegado el tiempo, los mandaron al "Norte". Hoy, mientras ella cuida uno de los ranchos a la orilla de la playa, Lolo dedica sus exiguas energías en la administración de "La Puerta de Damasco", una ramada de dos pisos que emerge -como por obra y gracia del Espíritu Santo- de entre los manglares del "Esterón", en la que los turistas y lugareños disfrutan las delicias culinarias que nuestro amigo logra conseguir, a vuelta de bicicleta. Además de ser un campeón de la "rebusca", Lolo es el más grande contador de cuentos de la comarca; sus interpretaciones más solicitadas -"El gigante y el ginano" y la historia de "Grifo Grifol"- son dos clásicos de las veladas costeñas en este paraje del litoral oriental salvadoreño.

El otro día conversábamos con estos dos viejos amigos sobre las perspectivas del año próximo y sobre las expectativas que han levantado los vientos de la "integración económica" y su impacto en la economía familiar. El primero en saltar fue Lolo: "Mirá &emdash;me dijo&emdash;, si esto va ser como el puente para Chirilagua, que nos prometió aquel ex vicepresidente migueleño hace como diez años y que todavía estamos esperando, estamos fritos".

Lito puso a funcionar la memoria y soltó la tranca: "Date cuenta que desde que yo tengo uso de razón, aquí todos los políticos nos vienen a prometer el mar y sus conchas, que 'Bienestar para Todos', que 'Pacto Social', que 'les vamos a quitar a los ricos para dárselos a ustedes', que 'Cambiemos para mejorar', que 'Sigamos mejorando'. ¡Y miranos, pues!, la misma miseria de siempre, las mismas enfermedades de siempre y los mismos andrajos de siempre".

Lolo preguntó: "Decime vos, que venís por aquí desde que eras cipote, ¿qué de nuevo has visto por estas tierras en los últimos 30 años, aparte de los celulares?"

Lito y Lolo tienen razón. En éste, como en muchos otros lugares de la geografía salvadoreña, el tiempo pareciera haberse detenido y sus habitantes estar condenados a sobrevivir en condiciones de indignidad humana. Sólo la providencia divina, su estoicismo frente a las dificultades y la cooperación solidaria de algunas familias, organizaciones o empresas particulares, han contribuido a socorrer medianamente las dramáticas realidades de estos compatriotas nuestros.

La capacidad de soñar con mejores niveles de salud, educación, seguridad y progreso, se sigue estrellando contra las mismas lombrices, la misma falta de agua potable, las mismas carencias de vivienda y &emdash;ahora más que antes&emdash; la tremenda inseguridad que campea en las zonas rurales de nuestro país. "Si en la capital la vida no vale cinco, aquí no vale ni cuartillo", sentenció Lito.

Todos sabemos que salvo uno que otro matiz, la historia de Lolo y Lito está clonada por todo el territorio nacional; también entendemos que en las condiciones actuales del país, ningún partido político tiene la capacidad de revertir por sí mismo este ancestral problema de marginación económica y social, lo que fue prácticamente aceptado por todas las fuerza vivas de la nación la noche en que se presentó "Acciones Territoriales del Plan de Nación". Por ello, conviene que los compromisos de apoyo institucional adquiridos por los diversos sectores al esfuerzo integrador del Plan y la vigilancia ciudadana a su cumplimiento, trasciendan opciones partidaristas y sectoriales y se conviertan en un proyecto que sea patrimonio de todos los salvadoreños.

De nuevo Lito: "Yo, lo que no entiendo es toda esa bulla de la 'integración'. ¿Y a nosotros a dónde nos van a integrar?". A tratar de responderle iba, cuando Lolo zanjó, de una vez por todas, cualquier disquisición teórica al respecto: "Mejor explicanos cómo vamos a hacer cuando nos dolaricen con el 'centaverío' de los 'vueltos'?"


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