- Cómo
la ven los otros
- La integración
- RICARDO
RIVAS*
Uno
se llama Elibario y le dicen Lito; el otro, Juan
y le dicen Lolo. Ambos nacieron, crecieron y se
multiplicaron en aquellas tierras benditas de
Dios, donde el Pacífico besa la
línea divisoria que separa a San Miguel
de La Unión, en la playa de "El
Cuco".
Lito es un "mil oficios", en la casa de los
patrones la hace de albañil, fontanero,
jardinero, electricista y carpintero. Aunque una
que otra vez se le tuerce la plomada o el nivel,
en la zona se le reconoce como un constructor de
respeto. En el terreno de atrás -donde
vive con la Rosa- vende gaseosas, "charamuscas",
cocteles de concha, "pepeshca" frita, mango
verde y elotes "locos". Fiel a la
tradición de sus vecinos de Chirilagua e
Intipucá, Lito se enorgullece de haber
importado a casi todos sus hijos a los Estados
Unidos.
Lolo, por su parte, ha sido uno de los
mejores pescadores de "lisa" ("chimbera") que se
haya dejado ver en "El Esterón". Con la
Herminia, su mujer, criaron como pudieron a sus
cipotes hasta que, llegado el tiempo, los
mandaron al "Norte". Hoy, mientras ella cuida
uno de los ranchos a la orilla de la playa, Lolo
dedica sus exiguas energías en la
administración de "La Puerta de Damasco",
una ramada de dos pisos que emerge -como por
obra y gracia del Espíritu Santo- de
entre los manglares del "Esterón", en la
que los turistas y lugareños disfrutan
las delicias culinarias que nuestro amigo logra
conseguir, a vuelta de bicicleta. Además
de ser un campeón de la "rebusca", Lolo
es el más grande contador de cuentos de
la comarca; sus interpretaciones más
solicitadas -"El gigante y el ginano" y la
historia de "Grifo Grifol"- son dos
clásicos de las veladas costeñas
en este paraje del litoral oriental
salvadoreño.
El otro día conversábamos con
estos dos viejos amigos sobre las perspectivas
del año próximo y sobre las
expectativas que han levantado los vientos de la
"integración económica" y su
impacto en la economía familiar. El
primero en saltar fue Lolo: "Mirá
&emdash;me dijo&emdash;, si esto va ser como el
puente para Chirilagua, que nos prometió
aquel ex vicepresidente migueleño hace
como diez años y que todavía
estamos esperando, estamos fritos".
Lito puso a funcionar la memoria y
soltó la tranca: "Date cuenta que desde
que yo tengo uso de razón, aquí
todos los políticos nos vienen a prometer
el mar y sus conchas, que 'Bienestar para
Todos', que 'Pacto Social', que 'les vamos a
quitar a los ricos para dárselos a
ustedes', que 'Cambiemos para mejorar', que
'Sigamos mejorando'. ¡Y miranos, pues!, la
misma miseria de siempre, las mismas
enfermedades de siempre y los mismos andrajos de
siempre".
Lolo preguntó: "Decime vos, que
venís por aquí desde que eras
cipote, ¿qué de nuevo has visto por
estas tierras en los últimos 30
años, aparte de los celulares?"
Lito y Lolo tienen razón. En
éste, como en muchos otros lugares de la
geografía salvadoreña, el tiempo
pareciera haberse detenido y sus habitantes
estar condenados a sobrevivir en condiciones de
indignidad humana. Sólo la providencia
divina, su estoicismo frente a las dificultades
y la cooperación solidaria de algunas
familias, organizaciones o empresas
particulares, han contribuido a socorrer
medianamente las dramáticas realidades de
estos compatriotas nuestros.
La capacidad de soñar con mejores
niveles de salud, educación, seguridad y
progreso, se sigue estrellando contra las mismas
lombrices, la misma falta de agua potable, las
mismas carencias de vivienda y &emdash;ahora
más que antes&emdash; la tremenda
inseguridad que campea en las zonas rurales de
nuestro país. "Si en la capital la vida
no vale cinco, aquí no vale ni
cuartillo", sentenció Lito.
Todos sabemos que salvo uno que otro matiz,
la historia de Lolo y Lito está clonada
por todo el territorio nacional; también
entendemos que en las condiciones actuales del
país, ningún partido
político tiene la capacidad de revertir
por sí mismo este ancestral problema de
marginación económica y social, lo
que fue prácticamente aceptado por todas
las fuerza vivas de la nación la noche en
que se presentó "Acciones Territoriales
del Plan de Nación". Por ello, conviene
que los compromisos de apoyo institucional
adquiridos por los diversos sectores al esfuerzo
integrador del Plan y la vigilancia ciudadana a
su cumplimiento, trasciendan opciones
partidaristas y sectoriales y se conviertan en
un proyecto que sea patrimonio de todos los
salvadoreños.
De nuevo Lito: "Yo, lo que no entiendo es
toda esa bulla de la 'integración'.
¿Y a nosotros a dónde nos van a
integrar?". A tratar de responderle iba, cuando
Lolo zanjó, de una vez por todas,
cualquier disquisición teórica al
respecto: "Mejor explicanos cómo vamos a
hacer cuando nos dolaricen con el
'centaverío' de los 'vueltos'?"