Domingo 10 de diciembre

























Evangelio para domingo

Lucas 3, 1-6

Preparen el camino del Señor

Era el año quince del reinado del emperador Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de Judea, Herodes gobernaba en Galilea, su hermano Filipo en Iturea y Traconitide, y Lisanías en Abilene; Anás y Caifás eran los jefes de los sacerdotes.

En ese tiempo la palabra de Dios le fue dirigida a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.

Juan empezó a recorrer toda la región del río Jordán, predicando bautismo y conversión, para obtener el perdón de los pecados. Esto ya estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Oigan ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros allanados. Lo torcido serán enderezado y serán suavizadas las asperezas de los caminos. Todo mortal entonces verá la salvación de Dios.

Jesús: Salvación de Dios

"Fue dirigida la palabra..."

El Evangelio de Lucas presenta la figura de Juan el Bautista situándola en su contexto político y religioso como un personaje que al inicio del Evangelio personifica y sugiere las mejores actitudes de la persona que espera la Salvación de Dios...

"Un bautismo de conversión..."

Juan Bautista es mucho más que uno que proclama la palabra recibida, aunque es un profeta; su anuncio se vuelve una evidencia porque "la Palabra de Dios", que antiguamente constituía a los profetas, en el Evangelio es pleno cumplimiento.

La actitud es sencilla, pero seria: ¡convertirse! Volver a Dios...

"Voz que clama... verán la salvación"

Y si no se está conforme, Lucas refuerza la exposición de su Evangelio, con la palabra autorizada de otro gran profeta, Isaías: "Preparen el camino del Señor...". La voz severa que grita en el desierto prepara al juicio de Dios, no con actos puramente externos y rituales, sino con la conversión del corazón...

En el Evangelio, al llegar la plenitud de los tiempos, es el mismo Dios quien anuncia la cercanía del Reino por medio de Juan Bautista y asegura con Isaías que "todos verán la salvación de Dios".

"Y nosotros..."

Para el Dios que llega con el don de la salvación debemos preparar el camino en el hoy de nuestra propia historia. Y el medio que se nos propone en el pasaje de hoy sigue siendo actual: "La conversión".

Convertirse es ensanchar el corazón y dilatar la esperanza para hacerla a la medida del mundo, a la medida de Dios. Una humanidad más igualitaria y respetuosa de la dignidad de todos es el mejor camino para que Dios llegue trayendo su salvación.

A cada uno corresponde examinar qué renuncias impone el enderezar lo torcido o abajar montes o rellenar valles. Pero nuestros caminos deben ser rectificados para que llegue Dios.

Sixto Alfonso Flores, Sdb


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