Domingo 10 de diciembre


Una mirada de fe
Adviento 2000
Oscar Rodríguez Blanco, s, d, b.*

Hemos iniciado el último Adviento del siglo, período en el que la Iglesia actualiza la espera del Mesías prometido, convocando a la comunidad eclesial para que se prepare espiritualmente a celebrar la solemnidad de la Navidad. Este tiempo que marca el inicio de un nuevo año litúrgico, nos invita a adorar a Dios hecho hombre, a quien nosotros aceptamos como el Mesías que al llegar la plenitud de los tiempos se encarnó en María Virgen por obra del Espíritu Santo.

Jesús nació hace ya dos milenios, pero nosotros al conmemorar su entrada al mundo, aceptamos que su encarnación es un modo asumido por Dios para hacerse presente entre nosotros. Ha querido entrar en nuestra historia para actuar en forma humana, usando nuestras palabras y, con ellas y mediante ellas, pronunciar su palabra divina de salvación. Su presencia por lo tanto no es lejana, ya no es el Dios invisible que no pudieron ver y contemplar los antiguos, es el Dios visible que al nacer en nuestra tierra asumió toda condición humana menos el pecado. Dios Padre, al revelarnos su misterio de salvación, entra a nuestro mundo marcado por las diferencias, las guerras, las luchas entre hermanos, la corrupción, el hambre , el desprecio por la vida que El quiso darnos en abundancia, "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" ( Jn.10.10 ).

El documento del Vaticano II, Gaudium et Spes, nos presenta claramente la figura del hombre perfecto, Jesucristo, revelador del misterio escondido por siglos "El Hijo de Dios trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María se hizo verdaderamente uno de nosotros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado " (No. 22). Esta forma de expresarse del concilio nos revela la figura de un Dios que hecho hombre se hizo verdaderamente uno de nosotros.

Nuestro Dios, a quien en esta Navidad contemplaremos como el recién nacido en la cuna de Belén, estuvo sujeto a las limitaciones de todo ser humano que durante su existencia experimenta la debilidad y el sufrimiento. El evangelista San Marcos narrando la pasión de Cristo lo presenta como uno en quien se realizan las impresionantes palabras del salmo 21: "Yo soy un gusano, no un hombre ...soy el hazmerreir de la gente". Si Jesús nacido en Belén no hubiera experimentado todas esas situaciones no podríamos decir que fue uno como nosotros.

Durante su vida gastó todas sus energías en la realización del proyecto de salvación que su Padre Dios le había confiado y que era un reinado distinto a los de la tierra. Las prerrogativas de su reino deberían ser la verdad, la justicia, el amor y la paz. Su venida a este mundo es la respuesta que Dios en su misterio de amor da a la situación de nuestro mundo. Se nos invita por lo tanto a mirar hacia El y a prepararle el camino.

El Adviento que estamos celebrando es un tiempo que necesitamos profundizar espiritualmente. El ambiente navideño, se empezó a respirar desde hace muchos días, desde que los negocios pusieron en marcha su plan comercial. Vivamos este tiempo con signos cristianos que nos ayuden a gestar en nuestra alma la imagen de Dios que también tiene que nacer en cada uno de nosotros, de lo contrario, la Navidad sólo será una fachada externa en nuestra vida espiritual.

*Párroco de María Auxiliadora (Don Rúa).


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