- Una
mirada de fe
- Adviento
2000
- Oscar
Rodríguez Blanco, s, d,
b.*
Hemos
iniciado el último Adviento del siglo,
período en el que la Iglesia actualiza la
espera del Mesías prometido, convocando a
la comunidad eclesial para que se prepare
espiritualmente a celebrar la solemnidad de la
Navidad. Este tiempo que marca el inicio de un
nuevo año litúrgico, nos invita a
adorar a Dios hecho hombre, a quien nosotros
aceptamos como el Mesías que al llegar la
plenitud de los tiempos se encarnó en
María Virgen por obra del Espíritu
Santo.
Jesús nació hace ya dos
milenios, pero nosotros al conmemorar su entrada
al mundo, aceptamos que su encarnación es
un modo asumido por Dios para hacerse presente
entre nosotros. Ha querido entrar en nuestra
historia para actuar en forma humana, usando
nuestras palabras y, con ellas y mediante ellas,
pronunciar su palabra divina de
salvación. Su presencia por lo tanto no
es lejana, ya no es el Dios invisible que no
pudieron ver y contemplar los antiguos, es el
Dios visible que al nacer en nuestra tierra
asumió toda condición humana menos
el pecado. Dios Padre, al revelarnos su misterio
de salvación, entra a nuestro mundo
marcado por las diferencias, las guerras, las
luchas entre hermanos, la corrupción, el
hambre , el desprecio por la vida que El quiso
darnos en abundancia, "He venido para que tengan
vida y la tengan en abundancia" ( Jn.10.10
).
El documento del Vaticano II, Gaudium et
Spes, nos presenta claramente la figura del
hombre perfecto, Jesucristo, revelador del
misterio escondido por siglos "El Hijo de Dios
trabajó con manos de hombre, pensó
con inteligencia de hombre, obró con
voluntad de hombre, amó con
corazón de hombre. Nacido de la Virgen
María se hizo verdaderamente uno de
nosotros, semejante en todo a nosotros, excepto
en el pecado " (No. 22). Esta forma de
expresarse del concilio nos revela la figura de
un Dios que hecho hombre se hizo verdaderamente
uno de nosotros.
Nuestro Dios, a quien en esta Navidad
contemplaremos como el recién nacido en
la cuna de Belén, estuvo sujeto a las
limitaciones de todo ser humano que durante su
existencia experimenta la debilidad y el
sufrimiento. El evangelista San Marcos narrando
la pasión de Cristo lo presenta como uno
en quien se realizan las impresionantes palabras
del salmo 21: "Yo soy un gusano, no un hombre
...soy el hazmerreir de la gente". Si
Jesús nacido en Belén no hubiera
experimentado todas esas situaciones no
podríamos decir que fue uno como
nosotros.
Durante su vida gastó todas sus
energías en la realización del
proyecto de salvación que su Padre Dios
le había confiado y que era un reinado
distinto a los de la tierra. Las prerrogativas
de su reino deberían ser la verdad, la
justicia, el amor y la paz. Su venida a este
mundo es la respuesta que Dios en su misterio de
amor da a la situación de nuestro mundo.
Se nos invita por lo tanto a mirar hacia El y a
prepararle el camino.
El Adviento que estamos celebrando es un
tiempo que necesitamos profundizar
espiritualmente. El ambiente navideño, se
empezó a respirar desde hace muchos
días, desde que los negocios pusieron en
marcha su plan comercial. Vivamos este tiempo
con signos cristianos que nos ayuden a gestar en
nuestra alma la imagen de Dios que
también tiene que nacer en cada uno de
nosotros, de lo contrario, la Navidad
sólo será una fachada externa en
nuestra vida espiritual.
*Párroco de María
Auxiliadora (Don Rúa).