Viernes 1 de diciembre 2000


Tema del momento
Proyecto de nación y nuevo orden internacional
Carmen Gallardo de Hernández

Los cambios políticos y sociales que se han operado en El Salvador, desde la firma de los Acuerdos de Paz, han ido apuntando hacia la necesidad de acordar y de implementar, mediante la participación de los distintos sectores nacionales, un proyecto de nación para el nuevo siglo. La concreción de este proyecto debe permitir nuevas oportunidades de vida para los salvadoreños y convertirse en un valioso instrumento para la búsqueda de cooperación internacional.

Integrarnos como país, e integrarnos en la región y en el mundo, implica lograr cooperación para el desarrollo y no sólo inversión directa.

El Presidente de la República, Lic. Francisco Flores, invita, en forma acertada, a los salvadoreños a integrarse en términos humanos, geográficos y económicos.

Lo novedoso de esta propuesta gubernamental no es tanto el concepto en sí, el cual se enmarca en la visión del proyecto de nación -ampliamente apoyado por la ciudadanía-, sino más bien en la formulación de ciertas estrategias, tales como la integración monetaria.

Cualquier proceso de integración requiere visión por parte de los gobernantes, tenacidad en los ejecutores y adhesión ciudadana. Lo vemos actualmente en la Unión Europea, la cual está tratando de integrarse con los países del Este. Con respecto a Centroamérica, existen grandes posibilidades en materia de cooperación internacional, siempre y cuando nuestros países se integren, en términos económicos y geográficos.

Asimismo, cualquier propuesta gubernamental concebida dentro de un proyecto de nación, debe tener visión integral e incluyente, contar con el respaldo popular, apegarse al estado de derecho e inscribirse en los intereses globales de este comienzo de siglo. No cabe duda de que El Salvador necesita buscar su propia integración socio económica y humana, para poder formar parte de un todo regional y hemisférico.

El nuevo orden económico mundial ha traído consigo el proceso de globalización, en el cual el sector público tiende a incluir, cada vez más, al sector empresarial y ciudadano, tanto en la toma de decisión como en la ejecución de proyectos socio económicos. La apertura de los mercados y la nueva competencia internacional son realidades ineludibles que los salvadoreños debemos aprender a manejar.

Desde la perspectiva histórica, la transición contemporánea ha sido muy acelerada y para un país como El Salvador, que apenas va a cumplir diez años de haber puesto fin a un conflicto interno, los desafíos son múltiples, complejos. No obstante, nos ha llegado la hora de entender cómo se debe efectuar nuestra transición hacia la modernidad y la democracia participativa.

El proyecto de nación es un instrumento valioso, el cual puede facilitarle a la diplomacia salvadoreña la obtención de recursos y estrategias ante la comunidad internacional.

La diplomacia de este nuevo siglo requiere de un proyecto a mediano y a largo plazo para presentárselo al resto de países. Los países con mayor experiencia que nosotros en este campo saben que no pueden limitar su estrategia internacional a programas gubernamentales. Los nuevos términos de la cooperación internacional, en la era de la posguerra fría, se miden sobre un período de 15 a 20 años. En términos concretos, esto significa, por ejemplo, que Centroamérica despierta el interés por parte de la Unión Europea, en la medida en que se le presenta una estrategia de desarrollo socio económico regional. Prueba de ello es la importante reunión que se llevará a cabo en Madrid en enero de 2001.

Los acuerdos políticos, si bien son impulsados por determinados gobernantes, la inversión directa y, sobre todo, la transferencia de conocimiento y de tecnología, merecen el interés por parte de los cooperantes en la medida en que se conciben en términos de desarrollo humano, lo cual necesariamente requiere estrategias y programas a más largo plazo.

La diplomacia para el desarrollo -para la cual necesitamos con urgencia actualizar a nuestros representantes en el exterior- va más allá de la simple obtención de inversión en maquilas, de la inversión en determinada obra física o apertura de nueva institución financiera.

Incluye, como parte fundamental de la cooperación externa, el componente de formación endógena, de transferencia de tecnología y de aprendizaje de nuevas competencias en los jóvenes. Ello equivale a dotar a nuestra diplomacia de una nueva razón de ser, en época de una economía globalizada. Es contribuir a la integración humana de los salvadoreños y ponerla al servicio del compromiso gubernamental. Este señala la necesidad de "elevar la calidad y el nivel de vida de toda la población a través de la integración de nuestra sociedad y la integración de nuestro país con el mundo".

El mensaje para nuestros representantes en el exterior es claro hoy en día: no basta con conseguir computadoras para nuestras escuelas &emdash;aunque son ciertamente necesarias&emdash;, se debe asimismo conseguir inversión extranjera que incluya estrategia y programas con componentes de formación para nuestro recurso humano.

"Aprender a hacer las cosas en forma diferente", dice el Informe Mundial sobre Educación para el Siglo XXI -auspiciado por la UNESCO-, es la clave del progreso. Y en El Salvador aún nos falta alcanzar normas de calidad óptimas para competir con otros países.

La integración entre salvadoreños requiere, de igual manera, entender cuáles son las consecuencias de la economía transnacionalizada; cómo nos afectan los profundos cambios que se operan en la tecnología y por qué hemos de contar con nuevas estrategias organizacionales en las escuelas, las universidades, las empresas.

En el pasado se dieron muchos males en nuestro país por falta integración tanto política como socio económica. Lograr integrarnos es requisito para alcanzar paz social en el futuro.

La conectividad, señala la propuesta gubernamental, debe ser nuestro instrumento que propicie el desarrollo nacional.

Y la integración regional es actualmente requisito para que nuestros países sean considerados dentro de los nuevos términos de la cooperación internacional.


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