- Tema del
momento
- Proyecto de
nación y nuevo orden
internacional
- Carmen
Gallardo de Hernández
Los cambios políticos y sociales que
se han operado en El Salvador, desde la firma de
los Acuerdos de Paz, han ido apuntando hacia la
necesidad de acordar y de implementar, mediante
la participación de los distintos
sectores nacionales, un proyecto de
nación para el nuevo siglo. La
concreción de este proyecto debe permitir
nuevas oportunidades de vida para los
salvadoreños y convertirse en un valioso
instrumento para la búsqueda de
cooperación internacional.
Integrarnos como país, e integrarnos
en la región y en el mundo, implica
lograr cooperación para el desarrollo y
no sólo inversión directa.
El Presidente de la República, Lic.
Francisco Flores, invita, en forma acertada, a
los salvadoreños a integrarse en
términos humanos, geográficos y
económicos.
Lo novedoso de esta propuesta gubernamental
no es tanto el concepto en sí, el cual se
enmarca en la visión del proyecto de
nación -ampliamente apoyado por la
ciudadanía-, sino más bien en la
formulación de ciertas estrategias, tales
como la integración monetaria.
Cualquier proceso de integración
requiere visión por parte de los
gobernantes, tenacidad en los ejecutores y
adhesión ciudadana. Lo vemos actualmente
en la Unión Europea, la cual está
tratando de integrarse con los países del
Este. Con respecto a Centroamérica,
existen grandes posibilidades en materia de
cooperación internacional, siempre y
cuando nuestros países se integren, en
términos económicos y
geográficos.
Asimismo, cualquier propuesta gubernamental
concebida dentro de un proyecto de
nación, debe tener visión integral
e incluyente, contar con el respaldo popular,
apegarse al estado de derecho e inscribirse en
los intereses globales de este comienzo de
siglo. No cabe duda de que El Salvador necesita
buscar su propia integración socio
económica y humana, para poder formar
parte de un todo regional y
hemisférico.
El nuevo orden económico mundial ha
traído consigo el proceso de
globalización, en el cual el sector
público tiende a incluir, cada vez
más, al sector empresarial y ciudadano,
tanto en la toma de decisión como en la
ejecución de proyectos socio
económicos. La apertura de los mercados y
la nueva competencia internacional son
realidades ineludibles que los
salvadoreños debemos aprender a
manejar.
Desde la perspectiva histórica, la
transición contemporánea ha sido
muy acelerada y para un país como El
Salvador, que apenas va a cumplir diez
años de haber puesto fin a un conflicto
interno, los desafíos son
múltiples, complejos. No obstante, nos ha
llegado la hora de entender cómo se debe
efectuar nuestra transición hacia la
modernidad y la democracia participativa.
El proyecto de nación es un
instrumento valioso, el cual puede facilitarle a
la diplomacia salvadoreña la
obtención de recursos y estrategias ante
la comunidad internacional.
La diplomacia de este nuevo siglo requiere de
un proyecto a mediano y a largo plazo para
presentárselo al resto de países.
Los países con mayor experiencia que
nosotros en este campo saben que no pueden
limitar su estrategia internacional a programas
gubernamentales. Los nuevos términos de
la cooperación internacional, en la era
de la posguerra fría, se miden sobre un
período de 15 a 20 años. En
términos concretos, esto significa, por
ejemplo, que Centroamérica despierta el
interés por parte de la Unión
Europea, en la medida en que se le presenta una
estrategia de desarrollo socio económico
regional. Prueba de ello es la importante
reunión que se llevará a cabo en
Madrid en enero de 2001.
Los acuerdos políticos, si bien son
impulsados por determinados gobernantes, la
inversión directa y, sobre todo, la
transferencia de conocimiento y de
tecnología, merecen el interés por
parte de los cooperantes en la medida en que se
conciben en términos de desarrollo
humano, lo cual necesariamente requiere
estrategias y programas a más largo
plazo.
La diplomacia para el desarrollo -para la
cual necesitamos con urgencia actualizar a
nuestros representantes en el exterior- va
más allá de la simple
obtención de inversión en
maquilas, de la inversión en determinada
obra física o apertura de nueva
institución financiera.
Incluye, como parte fundamental de la
cooperación externa, el componente de
formación endógena, de
transferencia de tecnología y de
aprendizaje de nuevas competencias en los
jóvenes. Ello equivale a dotar a nuestra
diplomacia de una nueva razón de ser, en
época de una economía globalizada.
Es contribuir a la integración humana de
los salvadoreños y ponerla al servicio
del compromiso gubernamental. Este señala
la necesidad de "elevar la calidad y el nivel de
vida de toda la población a través
de la integración de nuestra sociedad y
la integración de nuestro país con
el mundo".
El mensaje para nuestros representantes en el
exterior es claro hoy en día: no basta
con conseguir computadoras para nuestras
escuelas &emdash;aunque son ciertamente
necesarias&emdash;, se debe asimismo conseguir
inversión extranjera que incluya
estrategia y programas con componentes de
formación para nuestro recurso
humano.
"Aprender a hacer las cosas en forma
diferente", dice el Informe Mundial sobre
Educación para el Siglo XXI -auspiciado
por la UNESCO-, es la clave del progreso. Y en
El Salvador aún nos falta alcanzar normas
de calidad óptimas para competir con
otros países.
La integración entre
salvadoreños requiere, de igual manera,
entender cuáles son las consecuencias de
la economía transnacionalizada;
cómo nos afectan los profundos cambios
que se operan en la tecnología y por
qué hemos de contar con nuevas
estrategias organizacionales en las escuelas,
las universidades, las empresas.
En el pasado se dieron muchos males en
nuestro país por falta integración
tanto política como socio
económica. Lograr integrarnos es
requisito para alcanzar paz social en el
futuro.
La conectividad, señala la propuesta
gubernamental, debe ser nuestro instrumento que
propicie el desarrollo nacional.
Y la integración regional es
actualmente requisito para que nuestros
países sean considerados dentro de los
nuevos términos de la cooperación
internacional.