Lunes 28 de agosto

























El admirador del presidente

"Mirá mamá ahí esta mi papá. Él me anda buscando y no sabe que estoy viviendo aquí", fueron las palabras que José Edgardo Flores, de seis años, dijo al ver, por primera vez en la televisión, al Presidente de la República Francisco Flores.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos Alex Sanabria

Desde que José Edgardo Flores, un niño de tez morena, ojos achinados negros y cabello liso, originario de Turín, departamento de Ahuachapán, observó por primera vez al presidente Francisco Flores, inmediatamente lo identificó como el padre que nunca ha tenido.

Ninguna de las personas que se encargan de cuidarlo en las Aldeas Infantiles S.O.S. de Santa Ana sabe por qué el niño ha dicho que el mandatario es su padre.

"Aquí nadie le ha dicho que el licenciado Flores es su papá, por lo que nos sorprendimos cuando empezó a recortar sus fotografías y a soñar casi todas las noches con él", afirma María de los Ángeles Raimundo, madre sustituta de las aldeas, que creía que esa obsesión sería pasajera.

Entre fotos y afiches

Fue a inicios de la pasada campaña presidencial cuando José empezó a coleccionar fotografías y notas periodísticas del gobernante. Casi todos los días escudriña pacientemente las páginas de los periódicos para recortar y pegar fotografías del presidente en hojas de papel empaque.

"Guarda sus recortes como si fueran un tesoro, ya que a nadie se los presta y sólo pasa observándolos", dice Raimundo.

En una de las fotos que José guarda se ve al presidente Flores caminando en el campo, mientras que en otras acaricia a un caballo. "Aquí mi papá está buscándome porque todavía no sabe que estoy viviendo con otros niños en las Aldeas; además él tiene un caballo para llevarme a pasear todos los días", dice José mientras sostiene en sus pequeñas manos el retrato del licenciado Flores.

Su obsesión por el mandatario ha llegado al extremo de que se despierta contando a sus amiguitos que ha soñado con su papá, quien corre a su lado y le da muchos besos y abrazos, además de que siempre salen a pasear con los caballos.

Todos los domingos, cuando en la televisión transmiten el acostumbrado mensaje presidencial, José lo observa detenidamente y no se cansa de comentarle a otros niños que su papá lo llegará a visitar próximamente.

"Él puede pasar todo el tiempo observando al licenciado Flores, e incluso hizo que le comprara un par de anteojos igualitos a los del presidente porque quiere parecerse a él", señala Raimundo.

En busca del gobernante

A principios del año, en un acto oficial que se llevaría a cabo cerca de las Aldeas se iba a presentar el presidente de la República, por lo que José había solicitado a su mamá sustituta que lo llevara al acto para verlo de lejos.

"La emoción del niño fue tan grande que sudaba y le temblaba el cuerpo. Incluso lloró de emoción porque iba a conocer a su (según él) papá", afirma doña María. Sin embargo, el sueño de José no se hizo realidad, pues el mandatario no asistió al evento.

Según los encargados de las Aldeas de Santa Ana es la primera vez que un niño del hogar considera que un personaje público es el padre que nunca ha tenido.

"Uno de mis sueños es conocer a mi papá, pero no para pedirle ropa o juguetes, sino que para darle un abrazo y un beso bien grande y que si puede que me lleve a montar a caballo", dice José Edgardo, quien afirma que cuando sea grande quiere ser como quien él cree es su padre: el presidente Flores.

Una salud frágil

Los únicos datos que se tienen sobre José Edgardo es que fue llevado a la Aldea por una señora no identificada a la edad de ocho meses. El niño padecía de desnutrición severa y de problemas en el aprendizaje.

En la actualidad, aún no se ha logrado recuperar totalmente de la desnutrición y padece de sinusitis crónica, además de infecciones en la piel. A pesar de sus dolencias, el infante asiste a kinder en el centro de enseñanza que funciona en las Aldeas S.O.S. El próximo año estudiará primer grado.

Los números de la Oficina Nacional de Coordinación de las Aldeas infantiles S.O.S. en San Salvador es el 225-4366 y el 225-8411, a cargo de la licenciada Mirna Prudencio Majano.


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