Lunes 28 de agosto


Cómo botar 45 millones

Hay dos caminos.

Por Carlos H. Bruch

Uno, el que tomó el gobierno anterior, del señor Calderón Sol y su ministro de Obras Públicas Roberto Bará, y que tuvo que ver con la payasada (estrategia de campaña para ganar votos, le llaman algunos) de mandar a iluminar la carretera de Comalapa habiendo otras prioridades; el otro, el que siguieron los irresponsables magistrados de la anterior directiva del Tribunal Supremo Electoral, presidido por Jorge Díaz, y que tuvo que ver con un fracasado proyecto, adornado de pompa y demagogia barata, de poner en práctica el voto residencial.

 

En el primer caso fueron 25 millones a los que le salieron alitas; en el segundo, veinte. Volaron. No hay más, fíjese que se desaparecieron. Y como se trata de funcionarios que están descansando en sus casas (no sé hasta qué punto se los permitirá su conciencia), entonces ya no se puede hacer nada. ¡NA-DA!

Nada, porque sería demasiado trabajo para la Corte de Cuentas y ¡Huy!, ¡Dios guarde!, cómo se le va a pedir que rinda cuentas a un ex-presidente, amigo de los amigos de los más amigos de los allegados y sometidos al gran partido de derecha. ¡Uy no, ni pensarlo! Tampoco se le va a incomodar al gran señor, honorable cacique de la tribu politiquera, ex presidente del circo electoral. Imposible. ¡IM-PO-SI-BLE!

Es insultante para la ciudadanía, los desenlaces que han tenido ambas historietas.

En el caso de las luminarias de Comalapa, después del costoso desembolso, resulta que las luces han estado apagadas desde el tercer mes de su inauguración, porque nadie se quiere echar el muerto de los gastos de mantenimiento.

Respecto a los 20 millones del TSE, no basta conque desvergonzadamente salga la nueva magistratura diciendo que ya se perdió ese dinero, sino que ahora quieren 121 millones más. De ribete y con una actitud de inocentes ovejitas, entierran el esfuerzo del carnet electoral, argumentando que éste no es seguro. ¿Inseguro para los procesos eleccionarios o para el futuro retiro de los magistrados?

Como sea, acordemos que aquí impera la cultura de: hágase funcionario, juegue lo más que pueda con los dineros del pueblo, si la molestosa opinión pública pretende fiscalizarlo, desmienta bajo cualquier pretexto y después, siéntese a esperar a que se termine su período y váyase campante. No será sometido a ningún tipo de revisión.

¡NIN-GU-NO!

carloshermann@elsalvador.com


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