- Con el
mismo tema
- Atreverse a lo
imposible
- Luis
Fernández Cuervo*
Sí, ¿por qué no?
Atreverse, claro, no a lo que realmente es
imposible sino a todo aquello que definen como
imposible los mediocres, los escépticos o
pesimistas, nadando siempre entre dos aguas
turbias, en el conformismo, en el compromiso
político, en la sumisión bien
remunerada, en el "hay que ser realistas", "la
vida es así", "hay otras opiniones",
etc.
¡Qué triste leer en publicaciones
nacionales, dicho por varios médicos,
"que es imposible enseñar castidad a los
adolescentes"! Ahí lo único claro
es que ellos, desde luego, no son competentes
para dar ese tipo de enseñanza, mientras
no salgan de esa mentalidad tan rastrera.
Atreverse a dar a los adolescentes
educación sexual moral, correcta,
científica, positiva, parecerá a
algunos un imposible, pero no lo es. Se puede.
Se ha hecho. Se está haciendo. Hay muchos
y muy buenos libros, folletos y programas para
ello. Y lo que es más importante, hay
experiencia en otros países de programas
de educación sexual en marcha, con buenos
resultados. Seguramente también los hay,
tal vez en menor escala, en nuestro
país.
Lo que está claro es que los planes
que el gobierno siguió, en éste y
en gobiernos anteriores, no sólo han sido
ineficaces sino que han agravado el problema.
Hay que decirlo claro: todos ellos son, bajo
algún tipo de coacción,
imposiciones extranjeras, generosas en dinero y
en medios, con la finalidad primordial de
limitar la natalidad al precio que sea. Son
planes que lesionan nuestra soberanía
porque son contrarios, destructivos, de nuestra
cultura -mayoritaria, aunque deficientemente,
cristiana-. Además, la razón
más importante para no seguir dando ese
tipo de información -de educación
tiene bien poco-, que anima a la promiscuidad
sexual y a la difusión de enfermedades de
transmisión sexual, la razón
más importante es el desastre, recogido
en cifras, que ese tipo de contracultura
está causando, desde la década de
los sesenta, en Europa y en Estados Unidos.
Hay muy buenos logros si la educación
sexual se hace como debe ser, en el contexto de
la educación moral para el verdadero
amor, ese que integra lo físico y lo
afectivo con lo espiritual, ese amor personal,
de tú a tú, entre un hombre y una
mujer proyectado hacia el matrimonio, abierto a
la aventura también "imposible" de fundar
una familia, un hogar de afectos, donde los
hijos se saben queridos, se van formando en el
amor, en la libertad responsable y en el
respeto, estima y ayuda a los demás.
¿Ejemplos a seguir? Hay muchos. Voy a
dar dos, de los que tengo más a mano.
Uno: la colección "hacer familia"
dirigida a los padres (Ediciones Palabra,
Madrid), que publica ejemplares, escritos por
especialistas de larga experiencia y muy
pormenorizados según sexo, edades y
aspectos parciales de la educación
familiar: "Tu hijo de 10 a 12 años", "Tu
hija de 14 a 18 años", "Cómo
educar jugando", etc.
Otro: "Amor y familia. Guía
práctica de educación y sexualidad
de la guatemalteca Mercedes Arzú de
Wilson, casada, madre de tres hijos, residente
en Estados Unidos, fundadora de "Family of the
Americas" y de "la Cultura de la vida" y experta
en la planificación familiar natural. En
ese libro, con lenguaje sencillo, pero profundo,
científico y experimental
-¡experimentos con éxito!-, pone al
alcance de padres y madres todo lo relativo al
sexo y a la educación de los hijos en
esta materia.
Pero es que aquí -dirán los
negativos y "realistas" de siempre-, en El
Salvador, eso es teórico, es
imposible.
Será imposible -respondo- si seguimos
inmersos, como peces rutinarios y obtusos, sin
hacer nada positivo, en las turbias aguas en
donde, efectivamente, se hace vivir a la
mayoría de nuestros jóvenes. De
ahí la responsabilidad de todos,
especialmente de los periodistas, médicos
y educadores, de no mantener una postura pasiva
o cómplice de los que siembran la
confusión en las ideas y la
corrupción en las conductas.
Sí, parece imposible cuando se palpa
la dura realidad de nuestra sociedad actual.
Pero hay que atreverse a ese imposible. Todos
tenemos que ayudar a que desplieguen, con
valentía, las alas que todo joven lleva
en lo mejor de sí mismo. Hay que
atreverse a sacarles de las aguas fangosas y
enseñarles a volar muy alto, con el mejor
de los amores, con el único que merece la
palabra AMOR.
* Médico, profesor
universitario.