Lunes 28 de agosto


Con el mismo tema
Atreverse a lo imposible
Luis Fernández Cuervo*

Sí, ¿por qué no? Atreverse, claro, no a lo que realmente es imposible sino a todo aquello que definen como imposible los mediocres, los escépticos o pesimistas, nadando siempre entre dos aguas turbias, en el conformismo, en el compromiso político, en la sumisión bien remunerada, en el "hay que ser realistas", "la vida es así", "hay otras opiniones", etc.

¡Qué triste leer en publicaciones nacionales, dicho por varios médicos, "que es imposible enseñar castidad a los adolescentes"! Ahí lo único claro es que ellos, desde luego, no son competentes para dar ese tipo de enseñanza, mientras no salgan de esa mentalidad tan rastrera.

Atreverse a dar a los adolescentes educación sexual moral, correcta, científica, positiva, parecerá a algunos un imposible, pero no lo es. Se puede. Se ha hecho. Se está haciendo. Hay muchos y muy buenos libros, folletos y programas para ello. Y lo que es más importante, hay experiencia en otros países de programas de educación sexual en marcha, con buenos resultados. Seguramente también los hay, tal vez en menor escala, en nuestro país.

Lo que está claro es que los planes que el gobierno siguió, en éste y en gobiernos anteriores, no sólo han sido ineficaces sino que han agravado el problema. Hay que decirlo claro: todos ellos son, bajo algún tipo de coacción, imposiciones extranjeras, generosas en dinero y en medios, con la finalidad primordial de limitar la natalidad al precio que sea. Son planes que lesionan nuestra soberanía porque son contrarios, destructivos, de nuestra cultura -mayoritaria, aunque deficientemente, cristiana-. Además, la razón más importante para no seguir dando ese tipo de información -de educación tiene bien poco-, que anima a la promiscuidad sexual y a la difusión de enfermedades de transmisión sexual, la razón más importante es el desastre, recogido en cifras, que ese tipo de contracultura está causando, desde la década de los sesenta, en Europa y en Estados Unidos.

Hay muy buenos logros si la educación sexual se hace como debe ser, en el contexto de la educación moral para el verdadero amor, ese que integra lo físico y lo afectivo con lo espiritual, ese amor personal, de tú a tú, entre un hombre y una mujer proyectado hacia el matrimonio, abierto a la aventura también "imposible" de fundar una familia, un hogar de afectos, donde los hijos se saben queridos, se van formando en el amor, en la libertad responsable y en el respeto, estima y ayuda a los demás.

¿Ejemplos a seguir? Hay muchos. Voy a dar dos, de los que tengo más a mano.

Uno: la colección "hacer familia" dirigida a los padres (Ediciones Palabra, Madrid), que publica ejemplares, escritos por especialistas de larga experiencia y muy pormenorizados según sexo, edades y aspectos parciales de la educación familiar: "Tu hijo de 10 a 12 años", "Tu hija de 14 a 18 años", "Cómo educar jugando", etc.

Otro: "Amor y familia. Guía práctica de educación y sexualidad de la guatemalteca Mercedes Arzú de Wilson, casada, madre de tres hijos, residente en Estados Unidos, fundadora de "Family of the Americas" y de "la Cultura de la vida" y experta en la planificación familiar natural. En ese libro, con lenguaje sencillo, pero profundo, científico y experimental -¡experimentos con éxito!-, pone al alcance de padres y madres todo lo relativo al sexo y a la educación de los hijos en esta materia.

Pero es que aquí -dirán los negativos y "realistas" de siempre-, en El Salvador, eso es teórico, es imposible.

Será imposible -respondo- si seguimos inmersos, como peces rutinarios y obtusos, sin hacer nada positivo, en las turbias aguas en donde, efectivamente, se hace vivir a la mayoría de nuestros jóvenes. De ahí la responsabilidad de todos, especialmente de los periodistas, médicos y educadores, de no mantener una postura pasiva o cómplice de los que siembran la confusión en las ideas y la corrupción en las conductas.

Sí, parece imposible cuando se palpa la dura realidad de nuestra sociedad actual. Pero hay que atreverse a ese imposible. Todos tenemos que ayudar a que desplieguen, con valentía, las alas que todo joven lleva en lo mejor de sí mismo. Hay que atreverse a sacarles de las aguas fangosas y enseñarles a volar muy alto, con el mejor de los amores, con el único que merece la palabra AMOR.

* Médico, profesor universitario.


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