La
Nota del Día
27 de Agosto de 2000
Mucho se hizo haciendo
poco
"...otro objetivo de su agenda (del candidato
George Bush) hacia Hispanoamérica
será defender la seguridad y estabilidad
del Hemisfero Occidental contra las graves
amenazas del crimen organizado, los traficantes
de drogas y de los grupos terroristas.."
Servicios cablegráficos de EL DIARIO
DE HOY
No es un sarcasmo decir que lo mejor que ha
hecho el presidente Bill Clinton respecto a
Iberoamérica es no hacer nada, recordando
las catastróficas consecuencias de los
programas tanto del difunto John Kennedy, como
de Jimmy Carter. El paso del segundo por la
presidencia estadounidense dejó a la
región sumida en la guerra,
regímenes socializantes y con más
de cien mil muertos, provocando un retroceso de
treinta y cinco años en nuestro
desarrollo.
Hay que rectificar un tanto: Clinton no
sólo llevó a su culminación
la entrada de México en la zona de libre
comercio de Norteamérica, sino que
también puso en marcha la gradual
incorporación de los países
centroamericanos al TLC, abriendo el mercado de
EE.UU. a las maquilas de tejidos. Además,
el presidente siempre apoyó dar permisos
de residencia a los ilegales
salvadoreños, nicaragüenses y
hondureños, los que, irónicamente,
huyeron de los horrores causados por el
carterismo.
En sus escuetos perfiles, lo anunciado
respecto a Hispanoamérica por el
candidato presidencial del Partido Republicano,
George Bush, puede ser recibido con un optimismo
cauteloso, sobre todo considerando los lazos
familiares, políticos y culturales que
él cultiva con México y el
Hemisferio. Su hermano, el actual gobernador de
la Florida, Jeb Bush, es casado con una
mexicana, y se relaciona activamente con las
distintas comunidades de hispanoparlantes en el
país.
Muy clara, además, es la
política del candidato con Cuba: mientras
el dictador Castro no establezca reformas
democráticas, se mantendrán las
sanciones y el embargo. "Tengo fe en el avance
de la libertad -dijo Bush- y ruego porque
Elián González llegue a su edad
adulta en una Cuba que por fin es libre".
Lo que falta reconocer, por desgracia, es que
son las sanciones las que sostienen a Castro en
el poder, al servirle en bandeja de plata la
excusa por el desastre económico de su
régimen y la perpetuación del
estado de represión policial. Las
sanciones son prácticamente
inútiles, ya que Castro puede adquirir en
Canadá, Europa y Asia lo que le haga
falta. El régimen no dispone de medios de
compra debido a la profunda pobreza generada por
el socialismo.
Camino del desastre con la
ayuda exterior
Hispanoamérica apenas se repone de los
programas asistenciales y la llamada ayuda de
Estados Unidos y Europa Occidental, que
condicionaron el otorgamiento de créditos
a la adopción de políticas de
despojo, regulación y control
económico. Recuérdese lo sucedido
durante la década perdida en El Salvador,
cuando éramos los beneficiarios de
amplios programas de ayuda, que estaban
hundiéndonos en la edad de piedra. La
experiencia mundial al respecto es que el
desarrollo de los países está en
relación inversa a los montos de ayuda
que recibe; en ningún caso,
además, se debe confundir la "ayuda" con
la inversión realizada por
multinacionales y empresas.
La excelente intención y los aspectos
positivos del plan Bush -como el fomento a la
pequeña empresa- se deben atemperar y
perfeccionar, para que en verdad nuestras
naciones sean socias de progreso. Juntos y
trabajando en armonía se pueden lograr
grandes conquistas.