Sábado 26 de agosto

























Evangelio para domingo

Juan 6, 61-70

Señor, ¿a quién iremos?

Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: "¿Les desconcierta lo que he dicho? ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del Hombre subir al lugar donde estaba antes? El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen".

Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y agregó: "Como he dicho antes, nadie puede venir a Mí si no se lo concede el Padre".

A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los doce: "¿Quieren marcharse también ustedes?".

Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos que Tú eres el santo de Dios".

Jesús les dijo: "¿No los elegí Yo a ustedes, a los doce? Y sin embargo uno de ustedes es un diablo".

Jesús: Palabra de vida eterna

"¿Este les escandaliza...?"

Después de haberse presentado como "el pan de vida", el Señor Jesús comienza a revelar a sus discípulos que eso provocará resistencias que lo llevarán a la muerte. El Señor da entonces un paso más en su enseñanza, aunque esto signifique el alejamiento de algunos seguidores.

Verdadero alimento lo es también la palabra de Jesús, palabra de vida eterna: de frente a Jesús que se presenta como palabra en la que creer y como el pan que da la vida, la gente se escandaliza y se divide.

El lenguaje de Jesús aparece duro e inaceptable a aquellos que no tienen los ojos de la fe, que no tienen dócil el corazón...

"El Espíritu es el que da vida..."

Jesús opone el espíritu que es vida y fuerza a la "carne" que en la Sagrada Escritura significa muerte y cobardía.

Sus palabras "son espíritu y vida", creer en ellas es aceptar la vida; rechazarlas es de alguna manera entregar a Jesús a la muerte.

El misterio es grande, pero la puesta en juego es todavía más grande: la vida nueva del resucitado.

"¿También ustedes quieren marcharse...?"

El exigente lenguaje de Jesús hace que "muchos de sus discípulos" lo abandonen.

El seguimiento de Jesús tiene condiciones que no todos aceptan. Más vale enfrentar claramente el asunto y no pretender que se escucha a Dios sin preocuparse por poner en práctica sus requerimientos...

"Y nosotros..."

Ciertamente servir al Señor de la vida resulta duro y exigente; ante la grandeza de la tarea o la hostilidad que encontramos estaremos tentados, como los discípulos de Jesús descritos en este pasaje, de marcharnos, de abandonar al maestro...

Creer en Jesús, aceptarlo como el que salva, el que perdona, el que nos trae la vida de Dios, no es nada fácil. Exige una opción.

Pidamos al Padre que nuestra respuesta a Jesús sea la de Pedro: "¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios...".

Porque ¡vale la pena empeñar toda la fe de la que somos capaces, toda la esperanza que tenemos en el cuerpo, todo el amor que vibra en nuestro corazón!

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb


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