Sábado 26 de agosto


Los tatuajes pesan mucho

Claro que hay satisfacciones al incorporarse a las "maras". Les creo a los jóvenes que en ellas encuentran personas que les comprenden, que hablan su idioma y les dan el valor que solos no tienen.

Por Alonso Rivera

Dudo que muchos admitan que la tinta usada para tatuarse la piel y la conciencia, pesa mucho. Decir que el pasado tiene largas sombras, se aplica a quienes en su adolescencia creen que ampararse en una "MS" o "18" los hace más hombres.

Cuando un miembro de pandillas recapacita, supera la etapa rebelde y busca un futuro, lo primero que quiere es separarse de sus compañeros de relajos. Entonces sentirá el peso de los tatuajes. Imagínese en una entrevista de trabajo, con un punto azul entre los dedos de la mano, una lágrima del mismo color marcada en el rostro, un "MS" o "18" en un antebrazo. ¿Tomaría en cuenta usted esos detallitos al entrevistarlo? Cosas peores Wilber Cerón fue de los que se arrepintieron de pertenecer a las "maras" en San Miguel.

Los llamados de su madre lo convencieron de cambiar su vida, se acompañó, tuvo una niña y vivía como cualquier otra persona, hasta que la sombra del pasado lo alcanzó y dos pandilleros lo mataron a balazos. ¡Eran los mismos que meses antes fueron sus entrañables amigos, los únicos que lo comprendían! No estoy en contra de que los jóvenes se unan en grupos, que crean en algo y defiendan sus principios.

Pero sí de que se organicen para agredir, usar la violencia o simplemente desperdiciar los pocos años de juventud en la vagancia, drogas y delincuencia. Claro. No todos los "mareros" son violentos o drogadictos.Pero abundan. Además, "el que entre lobos anda..."

En una semana hemos tenido demasiadas noticias de adolescentes que echaron a la basura gran parte de su vida. En Usulután, hubo un muerto y varios heridos en una riña de pandillas. En Santa Ana, un joven de 17 años permanecerá siete en un centro de readaptación por homicidio, y otro de 14 vivirá cinco de libertad asistida por violar a una menor.

En San Miguel, un joven de 19 años y otro de 15 asaltaban con una pistola de juguete y en Chalatenango, un menor de edad formaba parte de un grupo de sujetos capturados por violar a una mujer.

¿Culpables?

Cada vez que veo a un joven tatuado, endrogado o lanzando piedras a otros, pienso en sus padres. ¡Es admirable la forma en que educaron a sus retoños¡ De seguro sus papás los ignoran o maltratan a diario. Sería la fórmula lógica de "acción-reacción".

Al fin de cuentas, los principales afectados serán los mismos que tatúan su piel sin pensar que aunque en el futuro decidan cambiar para bien, el daño que causen a otros dejará huellas imborrables.

Si un adolescente se siente con el derecho de agredir, matar, ingerir drogas o robar, también debe ser consciente de que la delincuencia se castiga. Las autoridades deben aplicar iguales leyes a todos. ¿O es menos muerto el asesinado por un menor?

Sólo una vez se vive y es mejor pensar que no toda la vida serán adolescentes. Un día tendrán que asumir la responsabilidad de sus actos.


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