Sábado 26 de agosto


El Salvador en perspectiva
Parquímetros y otros males
Mario Rosenthal
E-mail: mrelsalv@cyt.net

Las tragaperras municipales son una estafa porque observan la ley del cementerio, que es sólo para adentro y no pagan premios como las máquinas de los casinos, que han sido prohibidas. Nos referimos a los parquímetros, desde luego. Desconfiamos de los gobiernos municipales.

El otro día pasamos por una impresionante construcción que se yergue como una fortaleza sobre la Primera Calle Poniente, en la colonia Escalón, que se identifica como el futuro World Trade Center de El Salvador. Este complejo destinado a ser un orgullo arquitectónico de la empresa privada del país, para nosotros siempre será un monumento a los descarados abusos de la municipalidad de San Salvador, para no decir "sinvergüenzadas legalizadas".

La razón de que la construcción nos despierta una reacción de indignación es que el terreno que ocupa y las dos cuadras al sur fueron donadas a la Alcaldía de San Salvador para un parque por la compañía Núñez Arrué-Escalón y los concejales de esa época negra, en vista de que nunca se había construido el parque, decidieron vender los valiosos terrenos a precios risibles a una constructora que luego los llenó de residencias.

En una ocasión posterior preguntamos a la figura política que ocupaba la presidencia, a quien, ingenuamente, le atribuíamos una probidad intachable, que si no se podía hacer algo para rescatar lo que nosotros creíamos se había hurtado al pueblo, y nos respondió que no se podía hacer nada porque la transacción había sido perfectamente legal. Allí tendremos un monumento a la falta de probidad municipal que si se hubiera quedado en unas residencias de clase media, tal vez pasaría al olvido, pero habiéndose convertido en una inmensa mole que domina un paraje importante de la ciudad, quedará como un eterno recuerdo de lo que son capaces las alcaldías y los concejales del país.

¿Si el origen y fin de las actividades del Estado y sus dependencias son los ciudadanos, entonces qué función cumplen los parquímetros? Obviamente la idea no era hacer la vida más fácil para las personas que tienen necesidad de una consulta médica o de hacer algunas compras. La compañía que fue encargada de su instalación tuvo la precaución de no compartir los ingresos con los ladrones callejeros, que abundan en San Salvador, evitando que se accionaran los aparatos con monedas, sino con tarjetas prepagadas. Aprovecharon la triste experiencia de los teléfonos públicos.

Es obvio que la decisión de instalar los parquímetros obedeció exclusivamente al afán de encontrar nuevas maneras de explotar a los ciudadanos. Los aparatos en nada benefician al público, al contrario, lo perjudican con el exagerado cargo y el peligro de incurrir en una multa.

Otra disposición de la Alcaldía que revela su voracidad y que consideramos un abuso ilegal, es el cobro de los impuestos municipales mancomunados con el cobro de la energía. Antaño los servicios que no cumplían con los tributos que establecía el señor los colgaban, hoy les cortan la luz.

El concepto que los gobiernos existen para servir a los gobernados es bastante nuevo y antaño los que lograban el mando se quebraban la cabeza para inventar qué podían gravar. Nos parece que este es el modelo que la Alcaldía ha tomado como ejemplo. Durante la Edad Media se llegó a cobrar impuestos sobre el número de ventanas que tuviera una choza y la cantidad de ropa que se poseía. Si han gravado los postes que se colocan en las calles, ¿quién sabe qué gravarán en lo sucesivo? Ya se discute un impuesto "vial" que se pagará para tener el derecho de caminar por las calles. A este paso tal vez se les ocurre inventar la manera de cobrar por el aire que respiramos".

Posiblemente la idiosincrasia rebelde de los salvadoreños que ha obligado a las autoridades de tránsito a colocar supersapos en los caminos y las calles por la terquedad de los motoristas de no obedecer las señales de tránsito obliga al uso de medidas severas. La falta de ellas en la jurisprudencia Penal ha provocado la incontrolable criminalidad que sufren todos los ciudadanos. La lástima es que no hay supersapos que valgan para coartar la voracidad del Alcalde capitalino.


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