Sábado 12 de agosto

























Evangelio para domingo

Juan 6, 41-51

"Nadie puede venir a Mí..."

Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: "Yo soy el pan que ha bajado del cielo". Y decían: "Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? Él no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?".

Jesús les contestó: "No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a Mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a Mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza. Pues por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre. En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna".

"Yo soy el pan de vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que Yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo".

Jesús: Pan de Vida

"No murmuren entre ustedes..."

Después de compartir el pan multiplicado, Jesús se ha revelado como "pan de vida", una vida exigente que reclama adhesión a su mensaje.

Entre los que lo escuchan, algunos reaccionan, ya lo habían hecho antes, pero esta vez no se atreven a expresarlo en voz alta, "murmuran".

No aceptan a Jesús como "Pan bajado del Cielo", murmuran como lo habían hecho en el desierto quienes se quejaban de falta de alimento...

"Nadie puede venir a Mí..."

Jesús rechaza la murmuración y no entra en discusiones sobre su propio origen. Para creer en Él, el impulso primero viene del Padre y el resultado es la vida definitiva: la Resurrección.

Al mismo tiempo, esto nos lleva a afirmar que conocer a Jesús es igual a creer en Él y seguirlo, hacerse discípulo suyo. Más aun, la única manera de "conocer" a Dios es conociendo a Jesús.

"Yo soy el pan vivo..."

Seguir a Jesús, creer en Él es tener la vida eterna desde ahora. Es la vida de comunión que une al Padre con el Hijo. De esa vida, Jesús es el pan. Él la alimenta con su testimonio, su enseñanza, con la entrega de su existencia...

De esta forma, Jesús se presenta como alimento para una vida totalmente distinta, trascendente, no perecedera, sobrenatural; pero tan real como Él...

"Y nosotros..."

El enviado de Dios, Jesús, es un hombre de esta historia. La incredulidad de los jefes de los judíos sigue presente en medio de nosotros. Preferimos creer en un Dios perteneciente sólo a otro mundo o presente únicamente en nuestra intimidad, pero que no nos interpela desde nuestros hermanos, particularmente los más necesitados.

Para el seguidor de Jesús hoy es necesario reconocer en la humanidad de Jesús su principal materia de fe y la más auténtica fuente de vida. Lo que, a la larga, nos debe llevar a valorar el hambre y la sed concretas e históricas dentro del don de la vida eterna...

En fin, tenemos que fortalecer nuestra fe, sabiendo que lo contrario de la fe no es la "falta de fe" sino la "falta de vida".

¡Vivamos intensamente a ejemplo de Jesús!

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb


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