| El Diario de Hoy
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Era ya tiempo de que las universidades, o algunas de ellas, adaptaran sus ofertas de estudio a lo que demanda el mercado, saliendo de esquemas rígidos que fueron válidos en una época pero que ahora resultan anacrónicos. Y aquí vamos a pedir una disculpa: en una nota publicada en este Diario, se dijo que “los estudios de tres años ganan terreno cada día en las aulas de los centros universitarios privados. Este abanico de carreras responde, según varios expertos consultados, más a lo que el mercado demanda y no tanto a lo que el país necesita…”, aseveración que es un verdadero disparate, pues el mercado es el país, y no va un mercado a pedir lo que no tiene cabida en el conjunto nacional. La gente olvida que, por lo general, “expertos” son individuos muy corrientes que andan lejos del barrio donde los conocen.
¿Qué se puede entender por “carreras, oficios y saberes que demanda el mercado”? La respuesta es muy simple: son técnicos, profesionales, artesanos y gente de oficio que producen lo que el público necesita, se trate de un chef, un experto en programaciones para hoteles, un fontanero hábil o una señora capaz de elaborar un vestido de novia que talle a la dulcinea. Entre las carreras que se mencionan están los guías turísticos, los administradores de restaurantes, enfermeras, mecánicos dentales, técnicos en elaborar partes para máquinas, etcétera. Y la demanda se refleja en un hecho contundente: que tan pronto estas personas se gradúan encuentran empleo, mientras otros “que son los que el país necesita” permanecen desocupados por meses, o terminan en trabajos distintos a su supuesta o real especialidad. El mercado es lo que baja a tierra las elucubraciones y los grandes planes cocinados por rectores y consejos académicos, muchos de los cuales nunca tuvieron un empleo de a deveras en el mundo real.
Salen con título pero no con empleo
Lo que se debe procurar, además de adiestrar e instruir, es que las universidades se esfuercen por enseñar a pensar a sus alumnos, pues al conseguirlo estarán preparados para irse adaptando a los requerimientos de los mercados. Y en esto no se debe olvidar un hecho de gran importancia: que una porción grande de graduados universitarios termina trabajando en campos para los cuales no estudió; lo que le vale es su capacidad para organizarse, su responsabilidad, la forma en que toma decisiones, su buen sentido y sensatez.
Por lógica, las profesiones, oficios y conocimientos que pueden estar en gran demanda hoy, no necesariamente lo estarán mañana, pero eso no significa que los graduados en esas disciplinas van a quedar sin empleo en un tiempo corto. Lo importante es que trabajen al poco tiempo o de inmediato después de egresar; con el paso de los meses y en pocos años, ya conocerán lo suficiente y habrán ganado madurez, como para adaptarse a nuevas exigencias en el mercado. Eso es mejor que tener un título y no encontrar un puesto, como está sucediendo a muchos médicos y abogados, profesiones que en otros tiempos sobresalían.
Las universidades progresistas se adaptan con rapidez a los requerimientos de una sociedad (vale decir del mercado) y por tanto preparan a sus alumnos para desempeñarse en el mundo de ese momento. La nefasta alternativa es instrumentalizar al estudiante, indoctrinarlo, convertirlo en carne de cañón.

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