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Nota del día
Dijo que era ladrón, pero nunca asesino

Lo importante, repetimos, no es tanto ir tras los corruptos, cuanto eliminar en lo posible la discrecionalidad que genera tentaciones y hace caer a justos.

Publicada 5 de diciembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

En el caso Perla hay que partir de una frase que definió algunas de las barbaridades que sucedieron durante los años de la locura: “De haber robado, robé, pero no tengo mis manos manchadas de sangre”. Los corruptos son un lastre sobre una sociedad, pero los asesinos seriales, más cuando también son corruptos, son la peor maldición que puede caer sobre un pueblo. Una parte de los que están montando el teatro para sacrificar a Perla, cargan sobre sus hombros crímenes peores, sicópatas que tienen manchadas de sangre las manos.

Los actos de corrupción se deben penalizar para sentar precedentes ejemplarizantes, pero mal mensaje se manda a la ciudadanía cuando se castiga a un corrupto pero se libera continuamente a asesinos, secuestradores, extorsionistas y bandoleros de la peor clase, incluyendo a mareros y narcotraficantes.

La gente viene contemplando con estupor cómo los camaradas jueces sueltan a individuos contra quienes hay un cúmulo de evidencias, con los más deleznables de los argumentos.

En esta ocasión, volviendo al problema de los corruptos, vamos a tomar la palabra a las autoridades de estar dispuestas, con toda la voluntad política de hacerlo, a combatir el enriquecimiento ilícito, las malversaciones, el manoseo de compras y arreglos inmorales de ciertos funcionarios con proveedores de bienes y servicios.

Y partimos de una consideración fundamental: que lo importante no es castigar a corruptos, cuanto minimizar la ocurrencia de esos casos. Si “en arca abierta hasta el justo peca”, debemos encontrar la forma de enllavar las arcas y además colocarlas bajo lupa y cámaras de vídeo.

Por fortuna, como país no nos toca inventar la pólvora, pues esquemas para combatir la corrupción los hay muy probados, que se basan en un instrumento clave: abrir los manejos de dinero y licitaciones al escrutinio público.

Adicionalmente, es imprescindible formar un organismo independiente, con asistencia externa, para que ponga el ojo en concursos y licitaciones. Otros remedios no los hay, pues los venerables entes fiscalizadores son el equivalente a la carabina de Ambrosio, que existe pero no funciona, un ejercicio en irrelevancia.

Hay que ir tras las causas

Las evidencias, incluido el visible enriquecimiento, señalan a Perla como autor de malos usos de dineros públicos, pero víctima a su vez de corruptores, como el famoso estafador español “cuyo nombre no quiero recordar”, que lo embarcó en un masivo fraude a la ANDA.

La culpa puede ser de Perla, pero más de gente como Alviz, y, sobre todo, de un sistema que permite manipular compras y contrataciones en provecho propio. Ha sucedido de manera reiterada en el ISSS, es la diaria ocurrencia en las alcaldías rojas de El Salvador, sucedió durante la Década Perdida y dejemos de contar.

Lo esencial, repetimos, no es tanto ir tras los corruptos, cuanto eliminar en lo posible la discrecionalidad que genera tentaciones y hace caer a justos, pero por encima de ello el que los funcionarios puedan manejar presupuestos sin rendir cuentas al dueño de esos recursos: los ciudadanos. Y la única forma de rendir cuentas es poner ante los ojos del público lo que se hace, para lo cual en los tiempos actuales se dispone del instrumento por excelencia, la Internet.

Lo que esperamos del actual gobierno es pasar de seguir casos particulares, a una cura efectiva de la enfermedad.


 

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