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Palabras
Masada, monte de la libertad

En el lugar más bajo y desolado del planeta, frente al silencioso Mar Muerto, en el desierto de Judea, se levanta el monte de Masada.

Publicada 4 de diciembre de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Hace diecinueve siglos un grupo de judíos defensores de la libertad, refugiados en la fortaleza de la cumbre, decidió quitarse la vida antes de caer en la esclavitud del imperio romano. Desde aquel lejano holocausto, Masada se convirtió en un símbolo universal de la libertad del hombre.

En el año 70 de la era cristiana, después de algunos años de rebelión judía contra el imperio romano, el general romano Tito, conquistó y saqueó Jerusalén, destruyendo el templo. El último bastión judío huyó a Masada con sus familias, totalizando unas mil almas. En el año 72 una legión romana de 15,000 hombres cercó Masada.

Eleazar ben Yair, líder de los judíos, al comprender que el fin se acercaba, pidió a sus adeptos unirse a él con un ideal de morir junto con sus hijos y mujeres, antes de caer en la esclavitud. Atravesaron sus cuerpos con espadas, muriendo por sus propias manos y prendieron fuego al palacio de Masada. ¡Hemos de morir libres!, fueron las últimas palabras de aquellos héroes. Desde aquel entonces Masada ha quedado como símbolo de la libertad humana y divina.
(palabrasbalaguer@gmail.com)


Día a día
UN TOTAL FRACASO

Los comunistas muestran su gran inteligencia y capacidad, cuando exhiben la ciudadela Segundo Montes (que en teoría iba a dar lecciones de gran productividad y sensiblería social), cuyos resultados son un enorme fracaso, como lo puede ver quien visite esa vitrina del progreso “y el humanismo” en Morazán.

Su tan cacareada eficiencia se pone al desnudo en la decisión de los concejales de San Salvador, “territorio liberado”, de apenas iluminar en Navidad unas pocas calles. Tienen convertida la ciudad en un basurero y no habrá mayor alegría en las fiestas, pues despilfarran y privatizan en su provecho los presupuestos, además de sostener el enjambre de zánganos activistas.

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