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Primera entrega
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Las incursiones o asentamientos de pandillas, la alta densidad poblacional
y la falta de patrullaje y personal policial son la constante en los municipios
de San Salvador y el interior del país más afectados por
la violencia, de acuerdo con un sondeo realizado por El Diario de Hoy.
A estos problemas se agregan carencias como la de alumbrado público,
de seguridad en caminos y recursos para la policía hasta la falta
de programas efectivos de prevención, según las autoridades
y habitantes de dichas comunas.
Las autoridades aseguran que son 20 los municipios críticos, pero
realmente son 15 los que se mantienen como tales --un 10 por ciento del
territorio-- y el resto varía o hay desplazamientos del problema
a otras localidades.
De hecho, en el departamento de San Salvador figuran la ciudad capital,
Soyapango, Apopa, Ciudad Delgado, Ilopango, Mejicanos, Santa Tecla, Tonacatepeque
y San Martín, pero varía San Marcos.
En el interior están Santa Ana, Sonsonate, San Miguel, Colón,
Quezaltepeque y Opico, pero varían Ciudad Arce, Armenia y Zacatecoluca.
De tal manera, que el problema en esos municipios no se reduce al número
de homicidios (sólo en San Salvador se produce el 70 por ciento
de asesinatos y otros delitos según la Policía) o a que
sus habitantes sean violentos, como se pudiera pensar, sino a otros factores.
La Comisión Nacional de Seguridad recomendó la semana anterior
que hubiera un desarme general, propuesta que, además de impráctica
e irreal no alcanzó el consenso de los miembros.
Algunas comunas, como Santa Tecla, San Martín y Antiguo Cuscatlán
han emitido ordenanzas propias para el desarme en sitios públicos
o han unificado esfuerzos con la policía para el patrullaje.
Además de que las maras permanecen o incursionan, para perpetrar
homicidios y extorsiones, también estas localidades tienen altas
concentraciones poblacionales y descontrol en el surgimiento de nuevas
comunidades.
El más crítico de todos, según los números,
sigue siendo la capital con un total de 301 homicidios desde enero hasta
el 26 de noviembre.
Sin embargo, sus cifras son ahora, más alentadoras que las del
año pasado pues en esa misma fecha, la Policía registró
75 muertes violentas más.
Otros municipios como Santa Tecla, Ilopango y San Martín también
han tenido una significativa disminución en comparación
a las cifras del año anterior, según la Policía.
Según el jefe del área central de la Policía, Oswaldo
Rivera Lico, la clave ha sido elevar el número de policías,
los patrullajes y las investigaciones de las estructuras criminales.
Siguen en la mira
Sin embargo, municipios como Soyapango, Ciudad Delgado y Apopa aún
siguen sin salir del agujero.
El subdirector de Seguridad Pública, Mauricio Ramírez Landaverde,
lo acepta: hay municipios que siempre seguirán siendo muy críticos
por su alta densidad poblacional y otros factores de riesgo como los lupanares
y zonas de mucho comercio informal que son punto de reunión para
delincuentes.
La poca presencia policial en relación al número de habitantes
por municipio también es importante.
“Deberíamos tener tres policías por cada mil habitantes,
pero en algunos municipios, a veces sólo hay uno por esa cantidad”,
dice.
En Soyapango, por ejemplo, los ciudadanos reprochan que la Policía
pasa en bicicletas durante el día, pero que su recorrido sea tan
rápido que no advierten cuando un comerciante es extorsionado por
un marero que se hace pasar por cliente.
Según las estadísticas, es este municipio uno de los cuales
ha tenido un aumento preocupante de homicidios y otros delitos. Este año
la Policía ha registrado 17 homicidios más que el año
pasado y la extorsión se incrementó en un 71 por ciento.
Su jefe policial, Julio Marroquín, aclara que este municipio, contrario
a Ilopango y San Martín, no está bajo el programa de “Libre
de armas” y que otros homicidios que ocurren en otros lugares aledaños
son atribuidos a esa zona. “Aquí es importante el trabajo
con los alcaldes”, recalca el jefe policial.
En Apopa, sus pobladores ya ni siquiera confían en los mismos policías.
“Ellos son los que se ponen de acuerdo con los mañosos para
robarle a uno”, dijo una anciana que dice viajar a diario desde
La Tiendona hasta su puesto en el mercado principal de Apopa.
Colonias como Tierra Blanca y Popotlán son, según las autoridades,
hogar de cientos de pandilleros que se mueven en ese municipio y en los
aledaños.
Hasta noviembre, Apopa tiene un total de 151 muertes violentas, lo que
significa 9 homicidios más que el año pasado.
Ciudad Delgado, con más de 160 mil personas en su territorio, tiene
142 muertes cuando en el 2005, sólo se registraban 129.
“Hay muchos pasajes solos por lo que ya no se puede pasar después
de las siete de la noche”, dice una joven universitaria que reside
en el Barrio San Sebastián.
Para el comisionado Rivera Lico, el alto número de pandilleros
en el lugar es un factor que incide mucho para que los índices
de criminalidad se mantengan.
En Mejicanos, los pobladores dicen sentirse amenazados, aún cuando
las cifras de las autoridades reflejan una disminución de muertes
violentas. Mientras en el 2005 se reportaban 87 homicidios, este años
sólo se han registrado 75.
“Pero sucede que en un mes, el municipio baje sus cifras, pero el
otro, se incrementen”, aclara el comisionado Ramírez Landaverde.
San Marcos también ha tenido una baja en sus estadísticas:
Los homicidios se redujeron de 50 a 43 en este año. Sus colonias
más peligrosas están cerca de los prostíbulos y en
las zonas marginales.
Tonacatepeque también es alentador para las autoridades ya que
ha tenido una reducción de cinco homicidios en lo que va del año.
En esta localidad, lo más preocupante para sus habitantes es el
extenso territorio de maleza y sembradías cercanos a la ciudad
y donde han aparecido muchas personas asesinadas.
Fuera de lista
Para Oswaldo Rivera Lico, SanMarcos, San Martín y Tonacatepeque
ya no deberían figurar entre los más críticos pues
han reducido sus índices de crímenes.
Sin embargo, el jefe de seguridad pública, Ramírez Landaverde
cree que no hay que descuidarlos sólo por su reducción,
sino, por el contrario, fortalecer sus delegaciones y dotarlos de más
recursos. “Esperamos que haya más presupuesto, aunque la
mayor parte de éste está destinada a la seguridad pública”,
dijo.
Entre los más afectados
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San Salvador
Habitantes: Aproximadamente 2 millones 260 mil 894 personas.
Indice de homicidios: La PNC registra 335 muertes violentas hasta
noviembre.
Zonas como la Avenida Independencia, cercana a la Terminal de Oriente
son, para los capitalinos, las zonas donde más robos y asesinatos
se registran.
Las personas atribuyen lo peligroso de la zona a los prostíbulos
cerca del lugar y edificios dañados que son propicios para
refugiar a drogadictos y ladrones.
Otros habitantes dicen que una de llas colonias más peligrosas
es la Tutunichapa y sus alrededores. |
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Soyapango
Habitantes: Alrededor de medio millón, según últimas
estadísticas.
Indice de homicidios: Contabiliza 237 homicidios en toda la zona.
Para Soyapango, el desorden comercial en el centro
de la ciudad y las colonias marginales son el nido de los pandilleros.
Colonias como La Campanera, Villa de Jesús, el pasaje Adoc,
la Colonia Las Margaritas y otras son conocidas por sus concentraciones
de pandilleros.
La poca iluminación y los pasajes desolados con calles en
mal estado son propicias para los robos asesinatos. |
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Apopa
Habitantes: Se registran 109 mil 179 personas en el municipio.
Indice de homicidios: Hasta el 21 de noviembre tiene 151 muertes
violentas.
Las bancas del parque del centro de Apopa ni siquiera
son usadas por sus pobladores.
Según sus habitantes, es necesario caminar rápido
y no detenerse en ningún lugar porque de lo contrario, serán
el blanco de los delincuentes. La hora límite en las calles
es las siete de la noche.
Las colonias como Tierra Blanca, Popotlán y otras son sinónimo
de muerte, pandillas robos y violaciones. |
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Ciudad delgado
Habitantes: En el lugar habitan 160 mil personas según el
último censo de 1992.
Indice de homicidios: Hasta noviembre de este año hay 97
homicidios en el lugar.
El barrio San Sebastián es en Ciudad Delgado,
una de las zonas más peligrosas para los habitantes de ese
municipio.
La Policía asegura que la mayoría de hechos delictivos
se registra en ese lugar, conocido además, por su gran concentración
de pandillas.
Sus habitantes consideran que los agentes policiales no alcanzan
a abarcar toda la ciudad y se quejan de no patrullar la zona en
la noche. |
Comentario
La concentración del esfuerzo |
La gravedad y la urgencia del problema
delincuencial no debe llevarnos a dar palos de ciego. Por el contrario,
necesitamos más que nunca un ejercicio de racionalidad filosófica
-sabiduría- o, al menos, racionalidad científica y técnica.
En 1999 el Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP) propuso
la integralidad y la focalización como criterios rectores de
políticas y planes de combate a la delincuencia. El primero
de los criterios se refería a la articulación de la
eficacia policial y judicial con programas preventivos de carácter
social, y a la articulación de esfuerzos del gobierno, alcaldías,
empresas, liderazgos vecinales y cooperación internacional.
El segundo criterio se refería a la concentración de
todos estos esfuerzos en un grupo reducido de municipios, ubicados
en su mayor parte en el área metropolitana de San Salvador.
Como con tanta frecuencia pasa en nuestro país, el planteamiento
fue visto con recelo por malas razones políticas. En la derecha
más dura se incubó la sospecha de que los programas
así integrados y concentrados darían importantes réditos
políticos a la izquierda que gobernaba la mayor parte de estos
municipios. En la izquierda irreflexiva se pensó que los programas
del CNSP eran la punta de lanza de una estrategia electoral para recuperar
los gobiernos municipales de la zona metropolitana. Resultado: obstruido
el esfuerzo desde ambas plataformas.
Con el paso del tiempo se ha hecho evidente la validez de la tesis
de focalización. En tal sentido, el Ministerio de Gobernación
ha estado publicando en los últimos meses su lista de 20 municipios
en los que se concentra la mayor parte de delitos y la mayor parte
de problemas demográficos y sociales que constituyen el caldo
de cultivo de la delincuencia.
La lista del Ministerio tiene dos deficiencias constitutivas y un
problema práctico. La primera deficiencia es que corta en el
número 20 la lista de municipios del país, atendiendo
exclusivamente a datos de homicidios, que son sin duda los delitos
más graves, pero no los únicos que deben considerarse.
La segunda deficiencia es haber soslayado criterios sociológicos,
demográficos, económicos y de movilidad, que son imprescindibles
para la determinación funcional de nichos y corredores delincuenciales.
El problema práctico es que no se pueden hacer planes consistentes
con base en listados de municipios que cambian todos los años.
El criterio de focalización, no obstante lo expresado, es abrumadoramente
válido. Considerando sólo los 15 municipios que resisten
las variaciones mensuales y anuales, y que se mantendrían también
si cruzamos los datos de homicidios con los de extorsiones y otros
delitos importantes, estaríamos enfrentando, en esas jurisdicciones,
más del 60% de las extorsiones y el 54% de los homicidios.
También estaríamos dando mayor seguridad a casi la mitad
de la población. Y todo ello en una extensión geográfica
escasamente mayor al 10% del territorio nacional.
La lista comprimida de 15 municipios es, en el área metropolitana,
la siguiente: San Salvador, Soyapango, Apopa, Ciudad Delgado, Ilopango,
Mejicanos, Santa Tecla, Tonacatepeque y San Martín. Se agregan,
a su vez, por ser municipios colindantes, Colón, San Juan Opico
y Quezaltepeque. San Miguel, en la zona oriental, y Santa Ana y Sonsonate
en la zona occidental.
Priorizar el esfuerzo en el 10% del territorio nacional, es lo que
se le pide a la institucionalidad del Estado. Debería con ello
lograrse una eficiencia mucho mayor en el combate a la criminalidad.
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El delito de la extorsión se ha cuadruplicado
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| Detenciones. La policía capturó
a un grupo de extorsionistas en Soyapango. Foto
EDH |
El delito más frecuente este año ha sido, sin duda, la
extorsión. Las cifras pasaron de 493 denuncias en el 2005 a más
de 2,120 en este año, según cifras de la Policía
Nacional Civil.
Los diez municipios metropolitanos con más población fueron,
en seguida, el blanco para los pandilleros, quienes, según la PNC,
amenazan al comercio en esas zonas.
En San Salvador, la Policía registró 99 casos de extorsiones
hasta el 15 de noviembre. El rubro más afectado ha sido el sector
comercial, quien ha tenido que pagar cuotas diarias e incluso, grandes
cantidades de dinero producto de los chantajes de los pandilleros.
Según el jefe policial de Soyapango, est año ha habido un
incremento sustancial de chantajes y el delito ha sido uno de los que
más se ha disparado en el año.
Dueños de tiendas, farmacias y otros lugares comerciales han sido
obligados a cerrar sus establecimientos al verse imposibilitados para
pagar el dinero que les exigen.
En colonias como Llano Verde, en Ilopango, ya han cerrado al menos cuatro
establecimientos comerciales, entre tiendas y una ferretería, según
los pobladores de la zona.
Uno de los dueños de una tienda de ese lugar dijo sentirse entre
la espada y la pared pues aún considera cerrar su tienda o seguirla
manteniendo a pesar de las amenazas de los extorsionistas.
Durante este año, la Policía ha logrado capturar a 247 personas
sólo en el municipio de San Salvador por el delito de extorsión.
En todo el país, han habido aproximadamente 1,214 capturas por
el delito cuando en el 2005 apenas y se capturaron a 84 chantajistas.
En el municipio de Apopa, los empresarios de transporte público
aseguran que muchos de sus compañeros han decidido emigrar hacia
los Estados Unidos debido a las amenazas de los extorsionistas.
Según el comisionado Rivera Lico, la Policía está
trabajando en coordinación con la Unidad antiextorsión de
la Fiscalía y centrándose en los cabecillas de los extorsionistas.
“Vamos a eliminar este delito a pura investigación”,
dijo.

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