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| Encerrados. Algunos enfermos, Héctor
es uno de ellos, viven su enfermedad en el anonimato. Su enfermedad
es una especie de prisión. Foto EDH |
Alejandra Silva
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Ser profesional, gozar de un sueldo fijo y un empleo estable no garantiza
el acceso a un préstamo para vivienda, la reserva de un espacio
en el camposanto o la compra de un seguro de vida.
Al menos no para las personas seropositivas, aquellas infectadas por el
virus del sida y que hoy, gracias a la eficacia de los medicamentos antirretrovirales,
llevan una vida normal. Bueno, casi normal.
Todavía con los ecos de la celebración del Día Mundial
del Sida y los discursos de funcionarios en contra de la discriminación
de estos enfermos, ésta prevalece de muchas formas. Y una de ellas
es en un campo como la salud, más sensible que otros porque la
enfermedad aparece allí en primera persona.
Héctor trabaja en un hospital capitalino de la red de salud. Es
doctor y paciente al mismo tiempo. Médico general y enfermo de
sida. Es, en esta segunda faceta, donde este joven, de 36 años
cumplidos, encuentra unas barreras que, curiosamente, vienen de su propio
gremio.
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| Estable. Héctor, médico de profesión,
lleva cuatro años con un control adecuado de su carga viral.
No ha tenido complicaciones.Foto EDH |
Hace unos cuatro meses, el profesional trató de afiliarse al Colegio
Médico de El Salvador. Se informó y entre las “ventajas”
que tenía el ser miembro estaba el Beneficio de Vida Opcional,
una especie de seguro de vida para los afiliados.
Tan pronto le dio la vuelta al tríptico, el profesional abandonó
la idea. En el apartado de las exclusiones, en el último párrafo,
aparecía su enfermedad. Sólo esa.
“Uno podría ocultar el diagnóstico, pero al final
se dan cuenta y en el requisito aparece que no se puede gozar de ese seguro
si se tiene la enfermedad. No podía evadir eso”, explica
mientras se lleva una mano al rostro. “Después, la gente
está ahí por el seguro más que por otra cosa”,
concluye el joven.
Para Eduardo Santamaría, presidente del Colegio Médico,
no se trata de discriminación alguna. Explica que el seguro fue
concebido así desde el principio, pues carece de beneficios lucrativos
y es un pago adicional a la colegiatura que se cancela.
“Nació para darle cobertura a enfermedades o procedimientos
quirúrgicos de costo bajo y hasta por un monto específico.
Desde el principio se excluyeron enfermedades catastróficas, incluyendo
el sida, porque hay un techo (límite de cobertura)”, apuntó
Santamaría.
A pesar de que el representante del ente colegiado explica que quedan
fuera los padecimientos crónicos, en la publicidad, el único
que aparece es el sida. Nada de otras patologías, incluso más
comunes, como la insuficiencia renal o leucemia, sólo parece la
disposición de no tomar en cuenta las muertes por ese síndrome.
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Excepción
El informativo del seguro de vida, si bien excluye males que requieran
tratamiento de por vida, sólo detalla la muerte por sida. Algo
que para infectólogos y activistas consultados supone un grado
de discriminación hacia estas personas. Foto
EDH |
Un infectólogo, asociado al Colegio Médico, razón
por la cual prefirió no ser citado, también tiene reparos
a esa cláusula. “Deben considerar que existe el riesgo laboral,
aunque una persona tiene menos posibilidades con esa forma de contagio.
Considero que es algo que tienen que cambiar”, razona un especialista
que a diario lucha junto a los pacientes contra esa enfermedad.
Otro experto, Iván Solano Leiva, médico del ente colegiado,
desconoce el “pero” y habla de la necesidad de cambiar la
excepción.
“No estoy informado aunque de ser así hay que modificarlo
porque no es justo”, se limitó a decir.
Para Fernando Cañas, asistente de Presidencia en la compañía
Proseguros, los seguros de vida no excluyen enfermedad alguna, siempre
y cuando el cliente no haya ocultado su condición o no fallezca
en los dos primeros años después de haber adquirido el servicio.
Desde los activistas, la realidad es distinta. Mauricio Carrillo, miembro
de Fundasida, una organización que educa en la prevención
y acompaña a las personas con diagnóstico de VIH/Sida, conoce
muchos enfermos con buenos salarios que son descalificados por los bancos
para ciertos trámites tan pronto conocen el expediente médico.
“Hay muchas empresas que discriminan a la gente con el VIH, si bien
ponen la denuncia, se hace la gran bulla, pero al final no consiguen el
crédito o sacar la casa aunque se trate de un empresario o una
persona con posibilidades”, aseguró Carrillo.
La publicidad del Colegio Médico destaca que el interesado, si
es menor de 45 años, puede pagar una cuota anual de $40 y acumular
un seguro de $5,714,29. Hasta los 60 es otra cuota y otro monto en caso
de muerte.
Al final, Héctor se hizo con un seguro de Comédica. El beneficio
es menor, comenta el doctor, pero siente que no le excluye.
“No hay exclusión si adquirió el sida luego
de la póliza”
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| Auge. Al día, los accidentes causan de
tres a cuatro muertes. Foto EDH |
Las compañías aseguradoras también se guardan sus
cláusulas de seguridad a la hora de firmar un seguro de vida.
Rafael Cañas, asistente de Presidencia de la compañía
Proseguros, explica que el contrato de seguro de vida que la mayoría
de empresas ofrece no es efectivo, los dos primeros años de tener
la póliza, en el caso de las enfermedades terminales.
El pago a los beneficiarios también es discutible cuando el cliente
haya ocultado que padecía una enfermedad en etapa terminal al momento
de la suscribir el contrato. Sin embargo, después de dos años
de estar pagando un servicio como ése, hay luz verde.
“Cuando una persona muere, el seguro no tiene ninguna exclusión
y si se comprueba que adquirió sida después de dos años
de haber comprado la póliza”, detalló Cañas.
En caso de eventos fortuitos como un ataque al corazón, en un cliente
que nunca tuvo antecedentes de males cardíacos ni en tratamiento
por padecimientos similares, el monto se cancela sin mayores trámites
ni averiguaciones por parte de la compañía.
En los seguros médicos que sirven para hacer reclamos por gastos
médicos o por enfermedades, en la mayoría de casos se deja
fuera el tratamiento para infecciones como VIH y Sida, asegura Cañas,
si bien matiza que hay excepciones.
“Otras compañías sólo pagan el 15% del total
del monto contratado en caso de que sea por Sida o VIH”, aclaró.
Cañas añade que también hay condiciones para gastos
de parto. Por ejemplo está el hecho de que se hace efectivo a los
11 meses de que la beneficiaria ha estado cancelando sus cuotas y no vale
si la mujer estaba gestando cuando compró la póliza porque,
dice, es obvio que buscaba el beneficio.

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