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Un viaje que les cambió la vida

La experiencia de los doce salvadoreños de Fundamadrid que viajaron a España es algo imposible de describir. Al margen de conocer a los jugadores del Real, el impacto cultural en cada uno de ellos ha sido fundamental.


Publicada 3 de diciembre de 2006 , El Diario de Hoy

Novedad. En el metro de Madrid, un medio de transporte muy utilizado en la ciudad. Se viaja rápido y se evaden las congestiones de tránsito. Foto EDH
Claudio Martínez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Ya no son los mismos. Esa semana en Madrid les cambió la vida a los doce chicos salvadoreños de Fundamadrid que participaron del programa de interculturalidad. Ya nunca serán como antes ni verán las cosas del mismo modo.

Y eso, en definitiva, será más importante que si consiguieron o no el autógrafo de Beckham.
Tuvieron roce con otra gente, con otra cultura, y eso en sí mismo los enriquecerá. Les permitirá comparar, tener diferentes puntos de referencia y sacar conclusiones por sí mismos. Europa les abrió la mente, les ensanchó el horizonte hasta límites insospechados. Unos más a otros menos, pero todos volvieron cambiados.

Bastaba ver a Roberto Carlos Álvarez, un muchacho de La Unión al que no le alcazaban los ojos ni el visor de la filmadora que le habían prestado para captar todas esas sensaciones. “La gente es muy respetuosa aquí, muy ordenada”, comentaba.

A todos les llamó la atención que los carros frenaran cuando ellos transitaban por la senda peatonal, algo natural en muchos países. “En San Salvador te pasan por encima”, decía José Luis Coto, uno de los más divertidos del grupo.

Orden y respeto

La limpieza de las calles de Madrid también les impactó en forma positiva. El hecho de que la gente no ande botando las cosas en las veredas, que cuide su propia ciudad y la mantega impecable, los hizo reflexionar. Quizás ahora antes de tirar un papel o una botella en la acera lo piensen dos veces. “Es todo tan lindo, me gustaría vivir aquí”, comentó Javier Menéndez, portero del equipo, a quien Ramón Calderón, presidente del club merengue, le auguró un futuro enorme: “Éste es el futuro portero del Madrid, ha hecho unas paradas increíbles”.

Menéndez, al igual que Javier Batlle y José Luis Coto, ya habían viajado fuera del país y fueron los que guiaban al resto. Uno de los más sorprendidos fue Rafael Chue, un humilde muchachito de Izalco, quien no salía de asombro debido a la caratarata de nuevas sensaciones que lo desbordaban día a día. “Hay que disfrutar de todo esto. No sé si alguna vez voy a poder volver a Europa”, decía con timidez. De lo que sí estaba seguro es que se trataba de algo que le contará, en su debido momento, a sus hijos y a sus nietos.

Otra experiencia inolvidable fue el viaje en metro, esos trenes subterráneos que sirven para moverse dentro de Madrid y que permiten llegar de un lugar al otro con rapidez y sin necesidad de preocuparse por el tránsito. “Si tuviéramos de estos en San Salvador, qué fácil sería”, era el comentario generalizado. “Es una novedad, en ningún lado de Centroamérica hay metro”, explicaba José Pacheco.

Enfrentarse a otra cultura no es fácil. Si bien el idioma es el mismo, tuvieron que acostumbrarse a usar los euros en vez de dólares -y a hacer la conversión en el momento-, a administrar al dinero y a adaptarse a las costumbres del lugar y a las diferencias climáticas. Entre ellas, la comida. Al principio, echaban de menos los frijoles, el arroz y las pupusas, como lo reconoció Julio César Alvarenga. Pero de a poco le fueron encontrando el gusto al jamón, la paella y otras especialidades de la cocina española.

Aprendizaje

Seguro que jamás se olvidarán de la visita guiada al Santiago Bernabéu o de cuando vieron en persona a los jugadores, pero también aprendieron de su paso por el Museo del Ferrocarril. “Ya sabemos cuál es la diferencia entre coche y vagón. Uno es para transportar gente y el otro lleva sólo cargamento”, explicaba Julio Fuentes.

El arte de Madrid no sólo está en el Museo del Prado, donde se exhiben sus joyas pictóricas. Ellos también lo descubrieron en las calles, con sus artistas urbanos. Lo cuenta Roberto Carlos Álvarez: “Me llamaron la atención las estatuas humanas.

La primera vez que los vi pensé que eran de verdad y hasta casi las fui a tocar. Después me di cuenta de que eran personas que hacen eso para ganarse dinero. Están inmóviles hasta que alguien les echa una moneda y entonces se mueven”.

El hecho de salir en grupo también alimentó el espíritu de convivencia, el respeto mutuo y también el respeto hacia la autoridad. La puntualidad fue otra materia en la que se graduaron con honores. Tuvieron que acostubrarse a llegar a tiempo, porque eso es también parte del respeto. En ese sentido, le ganaron por goleada a sus colegas chilenos, a quienes siempre tenían que esperar.

Ya ven el mundo de forma diferente. Todo empezó cuando se subieron al avión, una experiencia inédita para más de la mitad del grupo, que tuvo su bautizo en el aire en este viaje.

Desde allí, con el panorama que dan los 10,000 metros de altura, todo se ve distinto. Así de distinta como es ahora la vida de ellos, que se divide en dos etapas muy marcadas: AM y DM: Antes de Madrid y Después de Madrid.


En busca de más apoyo

Equipo Arriba: Javier Batlle, Arturo Parada,Samuel Grande Alas, Julio Fuentes, Melvin Jovel,José Luis Coto y Javier Menéndez. Abajo: Jonathan Águila, JulioCésar Alvarenga, Roberto Carlos Álvarez, José Pacheco y Rafael Chue. Foto EDH

El año 2007 promete nuevos desafíos para Fundamadrid. La solicitud de cupos para la escuela de fútbol, que se abrirá en enero, es impresionante. Incluso le han pedido que inauguren nuevos centros en lugares donde actualmente no existen, como el caso de Ahuachapán.

Sin embargo, la junta directiva está abogada a la búsqueda de patrocinadores, sin los cuales la fundación no podría existir. Hasta el momento, además de El Diario de Hoy, tienen a la Secretaría de la Juventud, Industrias La Constancia y Fundación Cessa. Además, para el viaje a Madrid, también colaboraron con los boletos INSINCA, Grupo Agrisal, Diana, Fundación Ricardo Félix Simán Massis, Grupo Prieto y Presidencia de la República.

Salvador Samayoa, vicepresidente de la institución, invita a hacer una cuenta muy interesante: “Un niño en Fundamadrid cuesta dos dólares diarios. ¿Saben cuánto cuesta un preso? Por lo menos ocho dólares. Hay que pensar que esto no es un proyecto deportivo, es uno social. Aquí se inculcan valores como la perseverancia, el respeto, la solidaridad y la excelencia”, remarcó.

Junto a él, Enrique García Prieto (presidente) y Carmen Bolaños de Rusconi (directora) comenzaron las gestiones para agregar patrocinadores, pues el año 2007 está a la vuelta de la esquina.

  • En bus. Alvarenga y Águila pasean en el bus. Hizo algo de frío.
  • En el cuarto. Coto (arriba), Grande, Fuentes y Chue.
  • Paseo. Hoffman, el técnico, los acompaña en una caminata.
  • Atracción. Alvarenga se sorprende ante una de las estatuas.
  • Recuerdo. Una foto grupal en la hermosa ciudad de Toledo.
  • Ídolo. Todos posan con Iker Casillas, portero del Real Madrid.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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