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Todo un caballero del amor

Gilberto Santa Rosa llegó directo al corazón de los miles de seguidores que asistieron al estadio Jorge “Mágico” González el viernes. El público, además de disfrutar del show, colaboró con el Fondo Jimmy Saks


Publicada 3 de diciembre de 2006, El Diario de Hoy

NURIA ROMERO
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

Pasión. El artista se entregó al público con lo mejor de su repertorio musical, con salsa, boleros y baladas románticas. La mayoría de sus letras, que son poemas hechos canciones, fueron coreadas por sus fans. Foto: EDH

Para esta canción es requisito estar enamorado... Si tiene el corazón roto no es para usted, más tarde vienen las de desamor”, anunció Gilberto Santa Rosa, para dar paso a Almas Gemelas.

“Como dos delfines jugando en las olas, siguiendo los barcos, así siempre estamos”, inició la primer estrofa de la melodía que desató la euforia de los miles de seguidores que asistieron al estadio Jorge “Mágico” González la noche del viernes.

En ese momento la pista de baile ya se había formado en la zona VIP. El Caballero de la Salsa levantó a todos de las sillas desde su aparición en el escenario a las 10:00 de la noche con el éxito Un montón de estrellas.

Algunas parejas se tomaron de la mano e inmediatamente empezaron a bailar salsa. Otros se quedaron sentados sin dejar de moverse y de corear las letras.

Energía. El cantante boricua bailó durante todosu show. En algunas canciones acompañó a los músicos con las maracas. Foto: EDH

Cuando llegó La Conciencia, se contagiaron del ritmo del cantante boricua, que irrumpió con unos jeans azules y un saco negro a rayas, acompañado de once músicos.

“Estoy feliz de volver después de casi cinco o seis años. Diviértanse y pásenla bien. Gracias por tanto cariño. Cierren los ojos y déjense ir”, exhortó a todos.

Con cada canción llegaba “Directo al corazón” de sus fans, quienes en agradecimiento le entregaron rosas. Él las recibió con mucho gusto.

“Dónde están los de atrás que no los veo”, saludó a los que estaban en la zona general. Las gargantas no pararon de gritar.

Mentira, Sin voluntad, Te propongo, Que alguien me diga, Vivir sin ella, Perdóname, Que alguien me diga, marcaron el adiósdel intérprete.

Mientras se despedía, al filo de las 11:45 de la noche, subió a una de las asistentes a bailar con él. La chica estaba tan emocionada que cuando se marchaba se cayó. Inmediatamente se paró.

Un insistente “otra, otra” de los presentes hizo volver a Santa Rosa para luego irse por completo.
Las miles de almas que llegaron quedaron satisfechas del espectáculo que fue un recorrido por sus éxitos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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