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Ricardo
Chacón*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Parece extraño que ventile la relación entre el periodismo
y las relaciones públicas en este espacio; parecería que
es una discusión académica, de expertos, que poco o nada
tiene que ver con la práctica diaria del quehacer informativo.
Sin embargo, con el acelerado crecimiento de ambas disciplinas y la importancia
que van adquiriendo en la sociedad actual, es necesario reflexionar públicamente
sobre esta dimensión poco estudiada, sobre todo en nuestro El Salvador.
Sólo para citar dos ejemplos de esta relación basta preguntarse,
quién determina las pautas informativas diarias: los hechos susceptibles
de convertirse en noticia, labor que desarrolla el periodista escudriñándo
la realidad cotidiana, o las instituciones o empresas con el afán
de cumplir ciertos objetivos que buscan “ganar espacio favorable”
en la opinión pública.
Otro ejemplo, muy relacionado con esto y de manera particular en las instituciones
públicas, es cuál es la función de un comunicador
institucional: facilitar la información a un periodista que realiza
su labor, u obstaculizar, o en el peor de los casos, manipularla, con
el fin de esconder o mentir sobre los hechos de una institución
pública.
En principio debemos señalar que el periodismo en cuanto disciplina
de estudio, como ciencia dirían algunos, se ha fortalecido no solo
en cuanto a su definición de su objeto de estudio, sino en la metodología
para alcanzar sus objetivos de conocimiento. Obviamente, regido bajo códigos
de ética cada vez más definidos y puestos en conocimiento
a la sociedad en general; esto permite por ejemplo, que se abra públicamente
a debates como el que estoy planteando hoy.
Las relaciones públicas también se han modificado y han
dejado atrás aquella vieja concepción de casi “servilismo”
y de “falsas cortesías de los relacionistas públicos
de antaño”, para convertirse en una disciplina que se auxilia
de otras ciencias para construir una imagen positiva de una empresa (comunicación
corporativa dirían algunos).
Esta visión mucho más técnica, sobre todo cuando
se trata de instituciones, las relaciones públicas (o institucionales
como le llaman algunos) pretende acercar los objetivos de las instituciones
con los de sus públicos con la intención de posicionarse
de mejor manera en la mente de la población.
Como es de esperarse, en uno de los puntos que convergen ambas disciplinas
es en el campo informativo, donde se da una especie de “enfrentamiento”
para alcanzar los objetivos de cada uno.
Por un lado, un periodista busca información que pueda convertirse
en noticia, y esta sabemos que se caracteriza por ser novedosa, de trascendencia
e interés para la población. Por otro lado, qué busca
el comunicador, sobre todo aquel cuya institución está siendo
puesta en cuestión por x o y motivo: ya he dicho, a lo mejor ayudar
y ser transparente o esconder o manipular los datos.
Ojo, no se trata de mala voluntad o incapacidad individual (que la puede
haber) sino de gestión de la misma institución o empresa,
me explico, si la práctica institucional está determinada
por la transparencia, lo más probable es que su comunicador así
lo será, pero si la instancia es cerrada y con objetivos obscuros,
el comunicador así se comportará.
En esta batalla por la información no queda otra que hacer valer
los principios donde prevalece el bien mayor, el beneficio de la población;
algunas veces se gana, otras veces no, hay que decirlo con toda claridad.
De igual manera, y en esto también hay que decirlo con toda trasparencia,
en muchas ocasiones se pierde no solo la brújula sino la independencia
ante algunos temas de la agenda nacional que son impuestos por estrategias
de comunicación, que pueden ser válidas o no pero que suelen
aparecer ante la opinión pública.
¿Esto es nuevo y propio de nuestro país? No, es parte del
juego democrático de la sociedad modernas y que se da tanto en
Europa como en Estados Unidos, en El Salvador o en Chile.
Esta dinámica es todavía peor en las sociedades menos democráticas,
donde el Estado, particularmente el partido, no discute sino que impone
su visión sin permitir que haya otras visiones propias de sectores
o grupos. Y este es el peligro que existe en la sociedad de hoy, donde
van apareciendo “nuevos dictadorcillos”, que tratan de manipular
la opinión pública a través de sujetar a los medios
de comunicación y los periodistas.
Editor Jefe de El Diario de Hoy.

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