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Profesionalismo
Relacionistas versus periodistas

Los objetivos del periodismo y las relaciones públicas son loables y complementarias a veces, siempre que se realicen con independencia y profesionalismo.

Publicada 3 de diciembre de 2006, El Diario de Hoy

Ricardo Chacón*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Parece extraño que ventile la relación entre el periodismo y las relaciones públicas en este espacio; parecería que es una discusión académica, de expertos, que poco o nada tiene que ver con la práctica diaria del quehacer informativo.

Sin embargo, con el acelerado crecimiento de ambas disciplinas y la importancia que van adquiriendo en la sociedad actual, es necesario reflexionar públicamente sobre esta dimensión poco estudiada, sobre todo en nuestro El Salvador.

Sólo para citar dos ejemplos de esta relación basta preguntarse, quién determina las pautas informativas diarias: los hechos susceptibles de convertirse en noticia, labor que desarrolla el periodista escudriñándo la realidad cotidiana, o las instituciones o empresas con el afán de cumplir ciertos objetivos que buscan “ganar espacio favorable” en la opinión pública.

Otro ejemplo, muy relacionado con esto y de manera particular en las instituciones públicas, es cuál es la función de un comunicador institucional: facilitar la información a un periodista que realiza su labor, u obstaculizar, o en el peor de los casos, manipularla, con el fin de esconder o mentir sobre los hechos de una institución pública.

En principio debemos señalar que el periodismo en cuanto disciplina de estudio, como ciencia dirían algunos, se ha fortalecido no solo en cuanto a su definición de su objeto de estudio, sino en la metodología para alcanzar sus objetivos de conocimiento. Obviamente, regido bajo códigos de ética cada vez más definidos y puestos en conocimiento a la sociedad en general; esto permite por ejemplo, que se abra públicamente a debates como el que estoy planteando hoy.

Las relaciones públicas también se han modificado y han dejado atrás aquella vieja concepción de casi “servilismo” y de “falsas cortesías de los relacionistas públicos de antaño”, para convertirse en una disciplina que se auxilia de otras ciencias para construir una imagen positiva de una empresa (comunicación corporativa dirían algunos).

Esta visión mucho más técnica, sobre todo cuando se trata de instituciones, las relaciones públicas (o institucionales como le llaman algunos) pretende acercar los objetivos de las instituciones con los de sus públicos con la intención de posicionarse de mejor manera en la mente de la población.

Como es de esperarse, en uno de los puntos que convergen ambas disciplinas es en el campo informativo, donde se da una especie de “enfrentamiento” para alcanzar los objetivos de cada uno.

Por un lado, un periodista busca información que pueda convertirse en noticia, y esta sabemos que se caracteriza por ser novedosa, de trascendencia e interés para la población. Por otro lado, qué busca el comunicador, sobre todo aquel cuya institución está siendo puesta en cuestión por x o y motivo: ya he dicho, a lo mejor ayudar y ser transparente o esconder o manipular los datos.

Ojo, no se trata de mala voluntad o incapacidad individual (que la puede haber) sino de gestión de la misma institución o empresa, me explico, si la práctica institucional está determinada por la transparencia, lo más probable es que su comunicador así lo será, pero si la instancia es cerrada y con objetivos obscuros, el comunicador así se comportará.

En esta batalla por la información no queda otra que hacer valer los principios donde prevalece el bien mayor, el beneficio de la población; algunas veces se gana, otras veces no, hay que decirlo con toda claridad.

De igual manera, y en esto también hay que decirlo con toda trasparencia, en muchas ocasiones se pierde no solo la brújula sino la independencia ante algunos temas de la agenda nacional que son impuestos por estrategias de comunicación, que pueden ser válidas o no pero que suelen aparecer ante la opinión pública.

¿Esto es nuevo y propio de nuestro país? No, es parte del juego democrático de la sociedad modernas y que se da tanto en Europa como en Estados Unidos, en El Salvador o en Chile.

Esta dinámica es todavía peor en las sociedades menos democráticas, donde el Estado, particularmente el partido, no discute sino que impone su visión sin permitir que haya otras visiones propias de sectores o grupos. Y este es el peligro que existe en la sociedad de hoy, donde van apareciendo “nuevos dictadorcillos”, que tratan de manipular la opinión pública a través de sujetar a los medios de comunicación y los periodistas.

Editor Jefe de El Diario de Hoy.

 

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