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Un llamado
Pedimos respeto

Vale recordar que la primera obligación de los medios de comunicación es fomentar la cultura para elevar el nivel educativo del país.

Publicada 3 de diciembre de 2006, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

En enormes vallas publicitarias en lugares estratégicos de gran circulación, se anuncia la programación en lunes, miércoles y viernes, a partir de las 10 de la noche, sólo para adultos, al lado de una fotografía sugerente y del título de la serie, evidentemente importado de España, ya que en este país el nombre vulgar para designar los senos femeninos empieza con ch de chucho.

Si aquí hay libertad de expresión, eso supone el derecho de elegir, en los medios de comunicación, lo que a cada uno nos da la gana leer, ver o escuchar de acuerdo a sus gustos, sean éstos elegantes, sofisticados, vulgares, timoratos o ridículos. Pero nadie puede imponernos lo que va en contra de nuestros principios o aficiones.

Es, pues, un abuso y una intromisión anunciar públicamente, un programa dirigido a un mercado específico que disfruta ese tipo de series. Es una burla que pongan que es sólo para adultos y en horas nocturnas, si las vallas están a las vista de todos los niños.

La televisión es un excelente transmisor de cultura, al que damos cabida en nuestro hogar, eligiendo cuidadosamente el modelo que más nos convenga y preparando su llegada, como si fuera un miembro más de la familia. Se coloca en un lugar conveniente y gran parte de las actividades del hogar transcurren alrededor de esta invitada. Pero por supuesto, que este lugar de confianza se le ha dado con las restricciones que rigen en la casa donde ha llegado.

Precisamente aquí reside el derecho que los padres tenemos de elegir lo que queremos y permitimos que nuestros hijos vean, evitando un estilo de vida distorsionado y contrario a nuestras creencias y a los principios que estamos tratando de inculcar.

Si tuviéramos una amiga de infancia, que luego llevó una vida disoluta, deshizo su matrimonio y el de otras de sus amigas, es lesbiana, cree en el amor libre y disfruta relatando sus escandalosas experiencias, seguro que no sería una invitada a nuestro hogar, ni le permitiríamos compartirlas con nuestros hijos.

¿Por qué entonces se lo tenemos que admitir a la televisión? En casa, es nuestro el derecho de encenderla o apagarla, elegir un canal u otro que consideremos más adecuado así como la programación de nuestra preferencia. Pero el tipo de publicidad a que nos referimos, atropella nuestros derechos y nuestra intimidad, presentando imágenes y mensajes de evidente vulgaridad, poco constructivos y nada formativos.

Vale recordar que la primera obligación de los medios de comunicación es fomentar la cultura para elevar el nivel educativo del país, que deja mucho que desear. Si los jóvenes no tienen el hábito de la lectura, y es con gran esfuerzo que los profesores intentan introducirlos al mundo de los grandes clásicos, es responsabilidad de los medios, elegir programas que ayuden al país a salir de la miseria moral y espiritual en que vivimos y que es la causa de la tremenda desintegración familiar que nos abate.

Hay una estrecha relación entre pornografía, sexo desenfrenado, violencia y proliferación de enfermedades de transmisión sexual. Anuncios de este tipo son como echar gasolina en el fuego de tantos muchachos sin familia, con tendencia a la droga, carentes de principios morales y esclavos de sus apetitos que los inducen a violaciones y crímenes nunca antes imaginados.

Cuando Ted Blundley fue condenado a muerte por el asesinato y violación de varias decenas de mujeres, incluyendo niñas y ancianas en los Estados Unidos, la víspera de su ejecución declaró enfáticamente que el niño tímido y apocado que él había sido, se había convertido en el asesino despiadado gracias a la lectura de revistas pornográficas. Y anunciaba un panorama mucho más desolador para los jóvenes de su país, si no se ponía un paro a la mal llamada pornografía blanda.

Por respeto a la inocencia de los niños y al derecho de los padres de escoger nuestro estilo de educarlos, pedimos un control en la publicidad y el retiro de las vallas de los programas sólo para adultos y con horarios nocturnos.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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