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Nota del día
En muchos países andan censores sueltos

Existen otros graves acosos a la crítica y la libre expresión en las grandes democracias, envueltas en lo que se denomina “lenguaje políticamente correcto”

Publicada 3 de diciembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La guerra contra la inteligencia, contra la libertad, contra la crítica y contra la sensatez se describe como la nueva Guerra Fría, la ofensiva global que para desgracia de la civilización, se ha desatado en los últimos años. Los casos últimos son muy reveladores:

—En Turquía, un escritor está procesado por irreverencia e insultos contra al fundador de la Turquía moderna, Kemal Ataturk, quien murió hace 68 años. El mismo Ataturk, que arrasó con los convencionalismos y la opresión religiosa, habría condenado el juicio. Ya antes, otro gran escritor fue procesado por similares causas al hablar del genocidio perpetrado por los turcos contra los armenios;

—en Francia, un filósofo ha sido obligado a esconderse después de escribir un análisis sobre la crispada condena islamista a una frase del Papa Benedicto XVI;

—en la India, una creciente censura se mete a prohibir ciertos espectáculos y películas. La última víctima es un vídeo de Paris Hilton.

Esto se agrega a las persecuciones por la publicación de caricaturas de Mahoma en un diario danés, la destrucción, por Omar el talibán, de los Budas de Kandahar y en nuestra América, la absoluta censura en Cuba y la persecución de periodistas en Venezuela por los “bolivarianos”.

La desgracia es que existen otros graves acosos a la crítica y la libre expresión en las grandes democracias, envueltas en lo que se denomina “lenguaje políticamente correcto”. No es posible tratar temas religiosos, culturales o raciales sin que el autor, aun investigadores que dan a conocer el resultado de importantes estudios, corran riesgo de sufrir una avalancha de condenas o que se les destituya de una cátedra o un puesto de gobierno. Al presidente de Harvard le pasó por preguntarse por qué había tan pocas mujeres de preeminencia científica. Y otro en California fue perseguido cuando dio a conocer los resultados de comparaciones académicas entre lo que rinden niños negros y de otras etnias.

Las mordazas no son una opción

En la India, se nos dice, “nada es demasiado frívolo para escapar al ojo del censor. Un luchador por controles en la televisión hindú ha pedido que se investigue la violencia en los programas de niños… este señor todavía no ha reparado en que además de perseguirse y darse de palos, Tom y Jerry (el gato y el ratón) corretean desnudos”, sólo cubiertos por su pelaje. Blanca Nieves vivía íngrima y sola en una casa con siete enanitos…

No hay libertades absolutas, como han descubierto los tolerantes ingleses respecto a los incendiarios predicadores musulmanes que se valen de las libertades propias de una sociedad civilizada y abierta, para reclutar jóvenes y convertirlos en terroristas. Lo mismo viene sucediendo dentro de la Universidad de El Salvador desde hace más de cuarenta años: las prédicas del odio en sus aulas desembocaron en la carnicería y la destrucción de la década perdida.

Los griegos nos dejaron una norma en extremo sabia: “nada en exceso” y esto, agregamos, templado a lo que es justo, moral, decente y honesto. Censurar los vídeos de la Hilton despierta más morbo y curiosidad, que esos intentos por tapar el sol con un dedo. Lo que se necesita es que una porción significativa de los ciudadanos de un país tengan conciencia moral y comprendan los enormes beneficios que les reporta vivir en sociedades libres. Las mordazas no son una opción civilizada.


 

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