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| En meta. Varios taxistas esperan a sus clientes
que aborden sus unidades en la Plaza Libertad. Foto
EDH |
Alejandra Silva
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La batalla contra los taxis piratas que impulsa el Viceministerio de
Transporte desde marzo parece más ardua de lo que pensaba. La institución
ha detectado un negocio de compra y venta de placas que ha revuelto e
incrementado las unidades de taxis.
Muchas personas con la autorización para prestar ese servicio vendieron
los permisos a los dueños de taxis piratas en un intento por “legalizar”
la situación de estos últimos. El VMT lleva varios años
sin entregar nuevos permisos.
Mauricio Chavarría habla de este tipo de transacciones. En San
Miguel, por ejemplo, había 600 concesionarios; sin embargo, unas
1,400 unidades ofrecen hoy su servicio de carro de alquiler. Muchos propietarios
de los vehículos particulares compraron las matrículas y,
hoy, ambos llevan pasajeros.
Para el titular del VMT, el ente que regula y controla este tipo de permisos,
el problema es el silencio administrativo por el que se ha caracterizado
la entidad.
“Por costumbre o práctica no se ha aplicado la ley. Hay gente
que hace negocio vendiendo las placas de taxis y en San Miguel se habían
autorizado 600 taxis, todos vendieron las placas, y hoy vienen 600 más
que son piratas”, aseguró Chavarría.
Los antiguos dueños de los permisos, que después los vendieron,
llegan a pedir una nueva aprobación para el transporte selectivo
y en la base de datos aparece que ya se le ha otorgado uno.
“Después van a la Asamblea Legislativa y dicen que no los
quieren dejar trabajar y los piratas están renovando la tarjeta
del dueño anterior”, detalló el funcionario.
Emilio J. ya vendió sus placas, pero sigue en el negocio del transporte.
Por el momento trabaja con un carro particular en las calles aledañas
a la Plaza Libertad. Su carro es amarillo, pero en lugar de las franjas
con cuadros en blanco y negro, exigidas por el artículo 74 del
Reglamento General de Transporte Terrestre, tiene unas llamas pintadas
en negro y rojo que cubren los números de los óvalos que
coincidían con sus placas.
El negocio, asegura, lo hizo por necesidad hace más de siete meses.
Sus compañeros saben su historia y no le miran con celo porque
una vez ya estuvo legal.
Porfirio M. también ofrece viajes en la misma cuadra. Hace años
fue conductor en el Ministerio de Obras Públicas, pero lo despidieron.
Con la indemnización pagó un par de cuotas de su casa y
compró un carro amarillo con placas particulares.
Aunque afirma que el negocio no es rentable, no lo deja porque tiene más
de 60 años y nadie lo contrata. “Así como está
la gasolina de cara no sale la cuenta, porque las tarifas a lugares como
San Marcos o Metrocentro valen cuatro dólares y la gente sólo
paga tres”, dice.
Hace un mes, el VMT envió a Sertracen una orden para que ya no
matricule los carros amarillos con placas particulares; ese color, por
ley, es exclusivo para taxis, pero en ocasiones se inscriben de un color
diferente y luego lo pintan como taxi.
Según Tránsito, unos 2,500 carros circulan como taxis sin
la autorización; otros 5,914 tienen permiso.
VMT pretende reducir cifra
En marzo, el VMT propuso reducir a 1,200 los taxis autorizados en San
Salvador
- En San Miguel se busca bajar a 400, pero recientemente se comprobó
que la cantidad de amarillos llega a 1,400 en ese departamento.
- El uno de abril, el VMT inició el plan de “cacería”
contra los ilegales con ayuda de la policía. La meta es que hay
un taxi por cada 200 habitantes.
- De acuerdo al cálculo de la entidad, 200 mil personas son el
mercado que tienen los taxistas.
- Se estima que hay unos 2,500 taxis sin los permisos correspondientes
que circulan a nivel nacional
- Hay 5,914 vehículos autorizados, según Tránsito
del VMT.
Vendió permiso por deudas
Las deudas con los usureros y una caja de crédito le obligaron
a vender el par de placas y la concesión para prestar el servicio
de taxi por 2 mil 300 dólares.
Su mujer todavía no conoce la “transa” y, según
comenta el taxista, nunca le ha interrogado por las copias que ha laminado
y colocado sobre el parabrisas con el número de matrícula.
Emilio pagó sus deudas, pero ahora no tiene en sus manos el permiso
que le permite trabajar porque se lo vendió a un vecino que siempre
le pagó $15 por prestarle el taxi en la noche. “Los dos teníamos
necesidad”, dice Emilio sin querer dar más detalles de la
venta.
Así, sin tarjeta y con placas de papel, cobra más barato
que sus compañeros, quienes sin envidia conversan mientras llega
algún cliente que regatea el precio del viaje.
“Ahorita no están dando placas, pero deberían de pensar
que esto no deja ganancias, sino yo no hubiera vendido mi permiso Estoy
expuesto porque otro trabaja con mi nombre”, explica el chofer con
total normalidad.
Juntos, en espera de clientes
Son más de las cinco de la tarde. Alberto sólo ha hecho
tres viajes en el día: uno de $4, otro de $3 y, el último,
por el que ganó $6. Ese día puso $5 de gasolina regular
y casi hace una rabieta porque la aguja del tanque no subió más
de un milímetro.
Pese a los disgustos se disponía a jugar damas con una tabla y
las tapas de unas botellas con los conductores de los taxis piratas que
superaban en número a los legales.
“Yo sé que si ellos no estuvieran habría menos oferta
para el cliente y no tendría más opción que buscarnos
a nosotros. A veces, ellos tienen más viajes porque cobran menos.
Pero tienen necesidad porque a la mayoría los han despedido del
empleo y han pintado el carro”, justifica el conductor.
En la fila de vehículos, ordenada según turno de salida,
resalta un carro verde limón, de un desesperado sin empleo fijo
y que ha logrado colarse entre los amarillos.
Ya tiene su clientela porque se atreve a cobrar un dólar menos
que el resto. El grupo lo sabe, pero no lo excluyen.

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