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Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Diciembre
ha llegado y por ser el mes que por nuestros valores y tradiciones cristianas
trae consigo a la época más linda del año, propicia
se vuelve la ocasión para iniciar una reflexión sostenida
y profunda sobre cómo andamos por dentro, tanto colectiva como
individualmente, tras lo verdaderamente atípico que ha sido 2006.
Siendo la seguridad personal el problema número uno de los salvadoreños,
la gran pregunta que, imagino la mayoría nos habremos hecho, en
unos momentos más y en otros menos, ha sido ¿rebasó
la embestida criminal la capacidad institucional del Estado? Pero también
hay que decir que nunca antes se había visto desafuero, extradición,
solicitudes de antejuicio y tan elevado número de captura de bandas,
en un mismo año calendario. Tampoco mayor sinergia entre los entes
claves que por parte de la sociedad se enfrentan al crimen de manera directa.
Vamos por partes. Desde el relevo en enero de este año del anterior
director de la Policía Nacional Civil, a pesar de que esto no es
asunto de personas sino de instituciones, la lucha entre el ente policial
y la criminalidad parecería haberse intensificado. Tan grave se
volvió la situación que, en una inusual acción, salió
el embajador de los Estados Unidos a pedir parar la delincuencia “ahora”.
Al menos desde la mitad del año habría venido advirtiendo
en privado el Sr. Barclay, sobre los estragos que nos estaba causando
la oleada criminal.
Hubo también para mitad de año, relevo en la Fiscalía
General de la República, institución que tiene a su cargo
la investigación del delito.
Los casos más sonoros que a través de 2006 han venido sacudiendo
a la opinión pública muestran, inequívocamente, cuánto
se ha fortalecido el crimen organizado y hasta en qué estratos
estaría infiltrándose. Y si bien es obvio que se han internacionalizado
las estructuras criminales, siendo de sobra conocida la mafia rusa y la
mafia china, por ejemplo, y habiendo pandillas desde los Estados Unidos
hasta Centro América, por una multiplicidad de factores, nos ha
pegado verdaderamente fuerte la oleada criminal al “Triángulo
del Norte” de Centro América: Guatemala, El Salvador y Honduras.
Esperanza en el tema, en definitiva que sí, pero no por la “alineación
de astros” que mencionan algunos, sino por la aproximación,
de prioridad nacional, que por necesidad más que por virtud estaría
concretándose en lo que hay que hacer. Proveer a las instituciones
adecuados instrumentos legales, además de presupuestos idóneos,
sensibilizarnos todos y aportar, desde el ámbito de acción
de cada quien, es lo menos que podemos hacer. Aunque es mucho más
que ello lo que nos compete hacer, si queremos legar a nuestros hijos
y a nuestros nietos un país donde dé gusto vivir.
Tal como hace más de cuatro décadas dijo el presidente estadounidense
John F. Kennedy, “no preguntes qué puede hacer tu país
por ti; pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.
Surgen acá los aparentes contrastes entre tanta maldad en la calle
y las iglesias abarrotadas, que no les cabe la gente. Me estremeció
hace un par de semanas cuando al asistir al sepelio de un muchacho muy
sencillo, hermano de un amigo, “víctima número tal
de la violencia”, dirían las frías estadísticas,
pude observar en medio del más profundo dolor de la familia, la
cristiana resignación.
Al repetirse en mi mente esas y otras imágenes, le pido fuerzas
a Dios para poder poner mi parte y dejarlo actuar, para que haga de mi
y de todos los hombres de bien en esta bendita tierra, que somos la mayoría,
mejores padres, esposos, hermanos, hijos, en fin mejores personas.
Llegado el último mes, en este atípico año, propicia
se vuelve la ocasión para reflexionar cada quien, sobre qué
puede cada uno aportar en la construcción de una mejor sociedad.
El Salvador lo merece.
*Director Editorial de El Diario de Hoy.

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