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Desde Washington
Papel crucial de la OEA

No se ve claro cómo las misiones de la OEA puedan alcanzar plena independencia sin reformas dentro de la misma institución

Publicada 2 de diciembre de 2006, El Diario de Hoy

Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Hasta la semana pasada, representantes de la Organización de Estados Americanos habían observado ocho elecciones presidenciales en los últimos 12 meses sin dificultad alguna. Aunque varias contiendas fueron debatidas con vehemencia, el rol de la OEA no se puso en duda al cumplir con su misión de contribuir a que los ciudadanos del Hemisferio Occidental puedan votar libre y justamente.

Pero fue entonces cuando les llegó el turno a las elecciones de Ecuador y Venezuela, las últimas contiendas del año electoral más activo en la historia del hemisferio. De repente la credibilidad de la OEA como garante independiente de elecciones democráticas quedó en entredicho.

En Ecuador, el candidato presidencial de izquierda Rafael Correa, acusó a la misión de observación electoral de la OEA y a su líder, el ex canciller argentino Rafael Bielsa, de parcialidad. En una carta al Secretario General de la OEA José Miguel Insulza, a mediados de octubre, el partido político de Correa acusó a Bielsa de haber calificado abiertamente al candidato y a su plataforma como la opción errada para Ecuador y una fuente de “inestabilidad” para la democracia ecuatoriana.

Un día antes de la segunda vuelta electoral el domingo pasado, sorpresivamente Insulza retiró a Bielsa, convocándolo a Washington. El domingo, en declaraciones a la prensa ecuatoriana, Correa le agradeció a Insulza el haber tomado esa decisión. Bielsa, por su parte, negó las acusaciones de parcialidad y dijo que la OEA lo retiró de Ecuador porque estaba recibiendo amenazas de muerte.

Algunos escépticos en esta capital no le dan mucho crédito a las amenazas de muerte, asegurando en cambio que la decisión de Insulza se debió más a un cálculo político. Insulza, afirman, actuó para apaciguar a Correa cuando ya era claro que ganaría la elección. Después de todo, Insulza estará pronto trabajando para Correa en la OEA, tal como lo hace para los otros 33 presidentes elegidos democráticamente en las Américas.

En eso reside una de las debilidades institucionales inherentes de la OEA y su vínculo con procesos electorales en las Américas. Que el secretario general tenga intereses creados en llevarse bien con los candidatos que resultan elegidos es apenas natural. Pero el hecho de que pueda ejercer tal poder sobre las misiones, hasta el punto de alterarlas abruptamente retirando a un jefe de misión, pone en duda la independencia de las misiones ante las maniobras internas de la OEA.

Dicha crítica concierne especialmente al caso venezolano. La actual misión de la OEA en ese país ha sido vista en gran medida como el reflejo de las presiones del presidente Hugo Chávez de hacerla a un lado.

En un viaje a Caracas en octubre, en el que negoció las condiciones para la misión electoral, Insulza insistió en que la OEA no tenía ninguna intención de que la misión “se convierta en protagonista”, prometiendo en cambio cooperar con el Consejo Electoral venezolano. Ese es el mismo organismo que, según reconoció la OEA hace menos de un año, es visto con seria desconfianza por la oposición venezolana.

Para asegurar su bajo perfil, la OEA envió una misión tarde y débil. Apenas llegó a Caracas la semana pasada, a menos de tres semanas de los comicios. En Nicaragua, donde otra polémica contienda se llevó a cabo este año, la OEA estuvo más de seis meses. Además, el jefe de la misión en Venezuela, un ex embajador uruguayo ante la OEA, es considerado débil tanto por su cercanía a diplomáticos venezolanos como por su bajo perfil, toda vez que los jefes de misión a Nicaragua, Ecuador y Perú habían sido todos ex cancilleres.

No se ve claro cómo las misiones de la OEA puedan alcanzar plena independencia sin reformas dentro de la misma institución. Pero incluso sin dichas reformas, existen algunos pasos que el liderazgo de la OEA puede tomar para mejorar su credibilidad en este tema. Antes que nada, la capacidad política de los jefes de misión necesita estar a la altura de la capacidad técnica de los muchos expertos que han pasado años observando elecciones en las Américas.

Es crucial que la OEA encuentre una forma de asegurar que sus misiones electorales no sean vistas como susceptibles de ser fácilmente interrumpidas o manipuladas. Esperar que las elecciones ocurran sin mayor contratiempo para que así dichas misiones puedan mantenerse tras bastidores, es simplemente una apuesta arriesgada.

*(c) 2006, Washington Post Writers Group.(desdewash@washpost.com)

 

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