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| Dedicados. El Dr. Antonio Vásquez (primer plano) y el Lic. Salvador Castillo posan frente a sus instrumentos de trabajo. Foto EDH |
Susana Joma
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El fruto de la planta del achiote, asociado al arte culinario nacional, ahora también es utilizado en el campo sanitario para ver y conocer mejor a los parásitos que pueblan el intestino. Antonio Vásquez Hidalgo y Salvador Castillo, investigadores de la Universidad de El Salvador (UES), descubrieron el valor adicional de esta semilla, un trabajo que les valió un segundo lugar en el Concurso de Inventores e Innovadores 2006 que promueve el Centro Nacional de Registro (CNR).
Vásquez, especializado en Microbiología, y Castillo químico farmacéutico, utilizaron el achiote y una sustancia reactiva para producir una tintura natural, gracias a la cual se puede observar la presencia de los parásitos en las pruebas de heces de laboratorio.
Para indagar sobre cualquier microorganismo a través de un microscopio es necesario el uso de tintura, una sustancia que cambia el color original del parásito y permite ver su forma. “Hasta los virus, deben someterse al proceso de tinción, de lo contrario no se verían”, aseguró Antonio Vásquez.
El colorante facilita la identificación de gusanos de la clase helmintos y cestodos, este último incluye las tenias. Además, los trofozoitos, de apenas 40 micras de tamaño, también “amigos” del área del intestino.
Receta secreta
La sustancia se obtiene de la mezcla de las semillas y el efecto de un reactivo (cuyo tipo se reservan) a un temperatura entre 45 y 80 grados. El proceso dura entre 45 minutos y una hora.
Castillo, decano de la facultad de Química y Farmacia, aclaró que “la investigación va a crear una demanda en la industria química” y, por tanto, beneficiar a las comunidades que lo cultivan.
Gracias al trabajo “Uso de Bixa Orellana (achiote) como reactivo químico en muestras de heces con parasitismo intestinal e importancia médica”, el reactivo natural está en proceso de patente, tras tres años de investigaciones.
Al bajo costo de producción se suma que el insumo se adhiere mejor a los parásitos lo que mejora la visión del investigador. También, al ser natural, el reactivo no deteriora al parásito como ocurre con los químicos que hay en el mercado.
Los productos artificiales, utilizados en cualquier laboratorio, cuestan entre $15 y $30. “Con éste puede teñirse hasta 400 láminas (con muestras de parásitos). Al producirlo a una escala mayor, su costo puede rondar de $5 a $10 lo que disminuiría el gasto en laboratorios del sistema público”, dijo el microbiólogo.
Hace tres años, este par de especialistas obtuvo un primer lugar en el mismo certamen. En esa ocasión, el reactivo, elaborado a base de añil, era para trabajar en la investigación de hongos.
“Participamos para compartir las investigaciones y favorecer a la población. Que (los conocimientos) no sólo se queden en los anaqueles sino que se proyecten a la comunidad”, aseveró Salvador Castillo.
Amistad que rinde sus frutos
Al Dr. Antonio Vásquez, la pasión por la investigación le nació en los años de bachillerato y se fortaleció junto al microscopio que le regaló su padre.
“Me gustan los microbios, prácticamente son mi vida”, afirma este microbiólogo, quien asegura que investiga desde el primer día que entró a la universidad.
La relación con su colega de trabajo, Salvador Castillo, se remonta a cuatro años atrás y comenzó, no podía ser en otro lugar, en el Alma Máter.
“Como yo no tengo el componente de química, me dije voy a buscar a alguien de esa especialidad para que nos podamos integrar y hacer la experimentación”, comenta acerca de una relación que trascendió el lado profesional para convertiste en amistad.
Salvador Castillo, originario del municipio de Ataco, en Ahuachapán, explica su atracción por el quehacer en la institución. No por nada lleva 31 años de docente. “Toda la vida me ha gustado la relación salud-enfermedad y, sobre todo, el tema de las plantas medicinales”, apunta.
La investigación no tiene un horario y con frecuencia las tardes y las primeras horas de la mañana los encuentran con el ojo pegado al microscopio. Ese trabajo supera el tiempo asignado como docente que tiene Vásquez y la agenda, como decano, de Castillo.

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