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El señor se portó tranquilo

El comisionado Jacobo Flores, jefe de la Interpol en El Salvador, narra los momentos más importantes del viaje para traer a la justicia salvadoreña a Carlos Augusto Perla


Publicada 30 de noviembre de 2006 , El Diario de Hoy

Vuelo. Carlos Perla y los escoltas se sentaron en la última fila de asientos para no llamar la atención de los demás pasajeros. Foto EDH
Regina Miranda
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

“El día lunes nos reunimos todo el equipo con el señor embajador de El Salvador en París y se nos informó que la luz verde para traer al señor Perla dependería de una evaluación médica, que es algo diario que le practican.

El día martes, cuando teníamos la reunión, a las 9: 30, en el Ministerio de Justicia, para conocer esta situación nos íbamos a ir en grupo, estábamos por irnos para la embajada, pero nos comunicaron que no era necesario que asistiéramos porque la situación médica del señor Perla era favorable para que nos los pudieran entregar, así que fue en ese momento cuando organizamos todo el dispositivo, que ya estaba medio organizado sólo para poner fecha y hora e iniciamos los trámites ya para arreglar el vuelo de regreso a San Salvador. Alrededor de las 8:30 de la mañana nos notificaron.

Las condiciones de entrega del señor Perla ya estaban aprobadas, desde el 15 de noviembre, aunque dependería de la situación médica, porque se le había dado una hospitalización de oficio, conocida en París, que se entrega por un tiempo de 21 días, eso dura la fiscalización, aunque dependerá del médico tratante o evaluador, quien puede levantar esa fiscalización. Y así fue. Entiendo que estos días se fueron pasando en nuestra ausencia.

Nosotros llegamos allá el día jueves, y el día viernes iniciamos los primeros trámites; fue hasta el lunes que iniciamos el trabajo.

Entrega. La oficina de la División de Fronteras de la Policía de Francia entregó formalmente a Perla. Foto EDH

Yo tuve comunicación con el ingeniero Rodrigo Ávila hasta el lunes por la noche.Ellos mantenían comunicación triangulada con el señor embajador en París, el señor Fiscal en San Salvador, Garrid Safie, y el ingeniero Ávila.

Nosotros básicamente estábamos a la espera de que nos dijeran “Tome, aquí esta”, y el día martes nos comunicaron eso. La embajada hizo los arreglos necesarios con la linea área para poder hacer los trámites y partimos alrededor de las 10 de la mañana.

El encuentro

Nos lo entregaron en un área estéril de la Unidad de Fronteras de la Policía de Francia, que es la que se encarga de este tipo extradiciones y de otras deportaciones de ilegales y de otros temas dentro de las instalaciones del aeropuerto.

Entendemos que el señor Perla fue movido de la penitenciaría hacia el aeropuerto con su respectiva escolta de policías franceses y en el vehículo en el que lo andan movilizando a él, y es así como nos lo entregan. Hay un paso previo: me bajo del vehículo y nos lo presentan al interior de la unidad policial, me dicen que está en el vehículo. Yo avanzo hacia el vehículo, y creo que fue una sorpresa para el señor Perla, creo que no se lo esperaba.

Pertenencias. Dos relojes, dos tarjetas de crédito y 49 euros era lo que portaba al ser revisado. Foto EDH

Obviamente me identificó y le hice saber el motivo de mi presencia y las condiciones de la situación, le hice un planteamiento bien práctico del asunto en términos de obtener su colaboración, ya que era una situación resuelta, que ya no había marcha atrás.

En ese sentido lo persuadimos que lo más conveniente era su colaboración, y que yo también le ofrecía mi colaboración para garantizarle su seguridad, un trato adecuado y que de esa manera podíamos salir adelante con el trabajo. Se extrañó en un principio, mucho, hubo un rostro que lo recuerdo aún, lleno de emoción, se le cortó la voz y todo el asunto.

Luego preguntó si habían fiscales en el lugar y le manifesté que sí habían fiscales haciendo lo propio, que nosotros a partir de ese momento tomábamos la custodia de él para ser trasladado hacia El Salvador.

El personal local lo esposó, cosa que nos parece un poco raro porque para este tipo de personas, de acuerdo con lo que me comentaban, no era necesario esposarlo, pero sí, ellos lo cargaban esposado dentro del vehículo, luego le sacaron las esposas.

Llegada. Jacobo Flores, jefe de la Interpol y quien lo custodió en todo el viaje, lee los derechos y los motivo de su extradición. Foto EDH

Nosotros no lo esposamos por varias situaciones: primero porque cuando ellos lo bajaron del vehículo le sacaron las esposas y así nos lo presentaron, al interior de la unidad policial. En ese momento le reiteré la situación, traté de entregarle mucha información que le sirviera a él para calmarse, porque a mí me interesa, como responsable de escolta, sobre todo porque es un vuelo comercial, mantener la calma del trasladado.

Entonces él iba sin esposas y no era necesario esposarlo porque de ahí subiríamos directamente al avión y la línea área Air France no permite dentro de sus normativas que cualquier persona en cualquier situación vaya esposada.

Todo el procedimiento había salido con bastante éxito, pero nos faltaba la última fase, que no estaba bajo control de nadie, sino que sólo del propio extraditado: el comandante de la nave, antes de ingresar, debe entrevistarlo y conocer de la situación de la persona que está siendo extraditada.

Documentos. Policías franceses entregan al preso. Foto EDH

El capitán de la aeronave se acercó a verificar la situación, le hizo un par de preguntas y después se acercó al vehículo nuestro, habló con el oficial responsable de la penitenciaría y le manifestó que no había ningún problema, que por tratarse de un delito de dinero no le veía mucho riesgo, por un lado... y que al hablar con él era un abuelo que no aparentaba ningún estado anímico emocional que les pudiese crear un conflicto en vuelo, y por esa razón no había ningún problema. Nos dijo “bienvenidos a bordo”.

Veníamos ocupando la última fila de asientos, él venía del lado de la ventanilla, posteriormente venía otro escolta y teníamos otros puestos paralelos de los cuales nos movíamos.

Una de las reglas de este tipo de trabajo es primero no tratar de fraternizar demasiado con la persona que esté siendo manejada, sin embargo, como era un vuelo largo tratamos de responder a ciertas consultas que él nos hacia para darle tranquilidad, para que no se nos fuera a hacer un conflicto en el vuelo.

Él me preguntaba que para dónde lo traíamos, ¿para dónde me llevan? y mire ¿a donde me van a meter en un penal?

La primera solicitud que me hizo en el auto fue que le quitáramos las esposas. “Mire yo le voy a colaborar en todo y si usted colabora en mí quíteme las esposas”, me dijo. Le ofrecí que se las íbamos a quitar, fue un convenio mutuo que trataríamos que el traslado fuese lo más refrendado posible.

Emoción. El rostro de Perla reflejaba desconcentración. Foto EDH

Sólo me dijo que si al llegar a El Salvador le podía hablar a su esposa, y dijo que en El Salvador le iba hablar a su defensor y nada más, no manifestó como una necesidad imperante comunicarse con su familiares.

Las primeras horas era nerviosismo, estaba inquieto, me repetía la pregunta varias veces, pero poco a poco fue tomando calma, no podía conciliar el sueño porque creo que estaba nervioso, pero comió tranquilo, ya después de unas seis horas lo venció el cansancio y logró descansar un poco. Le dábamos medicamentos, la mayoría era para la depresión.

Venía en una actitud tranquila, trataba de entablar comunicación con el oficial de turno, hacía comentarios de las maras “¿verdad que está bien peligroso lo de las maras?”... así tratamos de entablar conversaciones cortas.

Él no conocía la ruta y se extrañó cuando el piloto anuncia la salida del vuelo y dice que vamos para México. Cuando llegamos a México yo le trato de explicar cada paso, qué va a acontecer, para que esté informado y no se me vaya a alterar, antes de bajar al avión le indico “Estamos en México”.

Al bajarnos nos recibió el embajador Carrillo, pasamos a una área estéril; ya tenían coordinado que él iba a quedar en un área estéril y que iba ser custodiado por Interpol de México, él quedó solo en ese lugar.

Coordinamos la hora de recibirlo nuevamente y fue a las 10 de la mañana. Durmió muy mal, fue dejado en un área de tránsito migratorio que son lugares libres, y se acostó en una banca de cemento. La escolta local se encargó de darle alimento en la mañana y a las 10 lo condujeron hasta la puerta del avión, donde abordamos el vuelo hacia a San Salvador. Él mantenía una actitud tranquila”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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