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| En México. Perla con el comisionado Flores (der) y el embajador Hugo Carrillo (centro). Foto EDH |
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México
Periodista I Claudio Martínez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La imagen del Carlos Perla que llegó ayer a Comalapa es una versión algo desmejorada de la del que partió de París un día antes.
Llevaba la misma camisa blanca sin cuello y la chumpa marrón marca Polo con la que salió del aeropuerto Charles de Gaulle, pero una barba algo rala ya había empezado a asomarse en su rostro. También eran evidentes las ojeras, consecuencia natural de una persona que ha descansado poco y mal en las últimas 32 horas.
Desvelado
“Dormí muy poco en ese lugar. Me recosté sobre una superficie de cemento y ahí me quedé, pero a las dos de la mañana ya me desperté”, le contó el mismo Perla a El Diario de Hoy en el aeropuerto Benito Juárez, México DF.
El grupo de Interpol que lo escoltaba y autoridades de la embajada de El Salvador en el Distrito Federal decidieron que transportarlo a un hotel en dicha ciudad o a una dependencia policial fuera de allí –opciones que se manejaron en un principio pero que luego se descartaron- hubiera sido algo riesgoso.
Por esa razón pasó la noche escoltado en un cuartito especial que Migración tiene para aquellos pasajeros que llegan en tránsito y que no tienen el visado especial para salir.
Igualmente, Perla no se quejó por el hecho de no tener una cama. Seguramente ni en la prisión de Fresnes, donde estuvo detenido más de dos años, había pasado una noche tan incómoda como esa. Pero no dijo nada. En ese sentido, sí era el mismo que el martes abordó el vuelo 438 de Air France. “Me ayudó el haber dormido algunas horas en el vuelo”, comentó ayer.
El ingeniero Carlos Perla trasmitía una tranquilidad absoluta. En el aeropuerto mexicano observaba todo con la curiosidad de un niño. Parecía estar más allá del bien y el mal.
Seguía sin las esposas y salvo cuando lo transportaron a la sala de embarque –lo escoltaban los policías, que a diferencia del vuelo de París ya venían uniformados con la indumentaria de la PNC-, otra vez nadie notó que estaban transportando a un prisionero.
Un hombre común
De hecho, mientras en la puerta 31 gestionaban su privilegio para entrar primero en el avión, el ex presidente de Anda estaba a un costado, como un pasajero más, hablando de cosas mundanas. En el mismo vuelo de Mexicana viajaban los tres muchachos de Fesa que venían de Sevilla, donde estuvieron practicando durante tres meses. Ni se dieron cuenta.
Si algún extraño lo hubiera visto platicando con el embajador en México, Hugo Carrillo, le hubiera parecido que era una charla de amigos. Incluso ni se molestó cuando a lo largo del viaje le tomaron algunas fotos o cuando Jacobo Flores Velásquez, jefe de Interpol en El Salvador, registró algunas imágenes con su cámara de video.
Precisamente Flores no sólo hizo de cerebro de la logística y de la custodia, también tuvo que hacer de médico personal del Perla durante el traslado. Él fue encargado de suministrarle todos los medicamentos que al ex funcionario le han prescrito. Los responsables médicos de la cárcel de Fresnes le dieron los remedios y un calendario que deben respetar. Además, como sufre de asma, tenían preparado un inhalador para usar en caso de emergencia.
Cada tanto, Perla esbozaba una tímida sonrisa. No parecía preocupado. Y sus pláticas, no importaba quien era el interlocutor de turno, siempre derivaban en lo mismo. “Ya veremos qué pasa en el juicio, pero van a caer varios grandes”, decía una y otra vez. Dio a entender que tiene un as bajo la manga. O varios.
En ese sentido, no mostró temor y jamás se puso en el rol de víctima ni recurrió frases como “temo por mi vida” o cosas así.
Durante el viaje, tampoco tuvo inconvenientes en aclarar su estado de salud, tema clave en estas últimas semanas y que hizo pensar en posponer la extradición: “Estoy bien. Lo que tuve fue un derrame facial. Eso fue... (piensa y se toca la cara) ... en agosto, como en agosto”.
Tampoco parecía muy preocupado por la suerte de equipaje, que se supone que llegarán con él a San Salvador. “Tengo mi maleta y unas tres cajas, donde llevo varias cosas, muchos documentos”, explicó. Pero negó que ahí viajasen las pruebas que dice tener para incriminar a varios personajes grandes. “No, no… Ya les dije que esos papeles están en una caja fuerte. Yo sé que anduvieron buscando en varios lugares para tratar de apoderárselos, pero no los encontraron”, continuó.
Otro tema que lo obsesiona y que cada tanto sacaba a la luz es el tema de la licitación de la RTV (Revisión Técnica Vehicular), sobre todo cuando se enteró de que un fiscal salvadoreño está en España interiorizándose sobre el español Joaquín Alviz. “Ese es un negocio de verdad impresionante, es un negocio de 100 millones de dólares. Algo así hace dudar a cualquiera”, comentó.
Ni mucho ni poco
Con respecto a sus propiedades e ingresos, Perla quiere mostrarse con un perfil medio.
La antológica frase “a la Andano llegué en bus”, dicha en el vuelo de Air France, es un clara referencia a que siempre fue un hombre de dinero.
Sin embargo, por otro lado, lo que más teme es que la gente crea que tiene 30 millones de dólares, cifra mágica que repite con frecuencia, y que secuestren a algún miembro de su familia.

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