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Nota del día
Hagan de las partes un solo cuadro del horror

La actual ola delincuencial inicia el 5 de julio pasado, el infame 5J, cuando una manifestación de comunistas, estudiantes de la UES, mareros y exaltados, emboscó a un grupo de agentes de la UMO y asesinó a dos de ellos

Publicada 29 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Con respeto haremos un reparo a don Luis: el problema de la delincuencia no se reduce a las maras y ni siquiera al crimen organizado, sino que es la cara visible y de horror de la nueva ofensiva de la subversión contra el país. Como el mismo don Luis señala, al problema de la delincuencia marera hay que sumar las barbaridades contra los pacientes y enfermos cotizantes perpetradas por los huelguistas del ISSS, cuyos cabecillas se pavonean encasquetándose en la cabeza gorras del ejército cubano, vale decir de la fuerza represiva de la dictadura castrista.

¿Quiénes son los cabecillas del STISSS? Uno es camillero, el otro vigilante. El bajo nivel de educación de ambos, apenas egresados de la primaria, vuelve imposible que puedan por si solos manejar un sindicato y sostener una huelga tan violenta y larga. Del actual cabecilla se dice que fue “capacitado” en un curso de tres meses en Cuba, de donde regresó con la gorra y, lo peor, la cabeza confundida, acomplejada y envenenada. Por más que nos lo digan, la huelga fue posible por los titiriteros y no por los títeres; “acompañando” a los huelguistas en todo momento estaba gente de la extrema izquierda, los que impiden que al que maltrata enfermos y destruye bienes públicos no vaya a parar a la cárcel.

Don Luis no ve mayor efectividad ni en la mano dura ni en la mano superdura, en lo que tiene razón, pero por algo que se queda en el tintero: esas leyes no pueden aplicarse porque los camaradas jueces, los jueces que están en la jugada del comunismo, liberan a los delincuentes tan pronto la Fiscalía los presenta en los tribunales. Y aquí como en cualquier parte, la delincuencia es el resultado de la impunidad. La anticultura de la impunidad, por otra parte viene de lejos, principalmente del hecho de que los crímenes de guerra quedaron en el olvido, y los criminales andan sueltos. Si el gran secuestrador pudo aspirar a dirigir el país, ¿quién puede culpar al cabecilla de una clica por secuestrar al que no cumple con la extorsión?

San Salvador, ciudad harapienta

La actual ola delincuencial inicia el 5 de julio pasado, el infame 5J, cuando una manifestación de comunistas, estudiantes de la UES, mareros y exaltados, emboscó a un grupo de agentes de la UMO y asesinó a dos de ellos además de herir a otros diez. No ligar esas barbaridades en un descomunal atropello, a las que deben agregarse los bloqueos de las calles y la miseria en que los comunistas tienen a la ciudad de San Salvador, la capital harapienta, es no abrir los ojos del todo. De hecho, el fenómeno de las maras es una de las terribles consecuencias de la agresión comunista de los ochenta, que forzó a muchas familias salvadoreñas a refugiarse en Estados Unidos.

¿Qué puede hacerse para rehabilitar a los jóvenes que caen en la delincuencia pero que no han cometido hechos de sangre? Uno de los remedios, por el que venimos abogando desde hace cuarenta años, es volver al aprendizaje para que los padres de familia tengan donde colocar a sus hijos para que aprendan oficios y, lo más importante, sacarlos así de la calle. A eso por cierto se oponen los chantajistas de la OIT.

 

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