Cuarta entrega
Mirella Cáceres
El
Diario de Hoy
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Aunque por ahora la carretera Longitudinal del Norte pasa imaginariamente por llanos, ríos, calles y montañas, ya ha puesto a soñar a muchos pobladores. Este es el caso de Corinto, en Morazán, donde mujeres y hombres dibujan un nuevo futuro más allá de la milpa y el frijolar.
Si la calle estuviera construida, Jorge Cardona cree que pasaría frente al patio de su casa. “Me han dicho que la calle vendrá de La Unión, pasará justo por este ceibón y atravesará esa lotificación y creo que parte del cerro”, dice mientras señala una espesa arboleda que rodea su casa al pie del monte El Guitarrón en el caserío del mismo nombre.
Este hombre ama la vida tranquila del lugar, pero cree que este proyecto le puede asegurar ingresos adicionales a su empleo en la alcaldía de Corinto, si establece algún comedor o tienda para ofrecer a los futuros viajeros.
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“La calle será beneficiosa, servirá para camiones pesados y eso se prestaría para poner negocios”
Jorge Cardona Residente de
Corinto |
Jorge ha dejado por un momento la preparación del alimento para sus vacas para comentar con evidente optimismo sobre la nueva vía, aun cuando ésta haga desaparecer parte del bosque y las montañas como El Guitarrón y el Cerro de Nube, que durante décadas le ha provisto de frescura y agua limpia.
Otros vecinos han escuchado sobre el proyecto vial y lo ven con esperanza.
“De esa calle ya nos habían hablado hace años en los cabildos, de que va a llegar hasta Joateca y que se abrirán varios negocios”, dice María Edith Medina mientras descansa en la hamaca.
Desempleo
María vive de la crianza de gallinas y cerdos, pero no duda en decir que abrir una “ventecita” a la orilla de la nueva vía le vendría bien. Para esta septuagenaria la carretera supone una puerta de escape de la escasez.
Y es que en Corinto, la realidad en la que viven las comunidades rurales certifica porque se sitúa entre las zonas de pobreza extrema alta del país, y donde afecta a más del 60 por ciento de los hogares.
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Escasez. Juan Daniel Benítez, de 8 años, en El Corralito, refleja el rostro de la pobreza en Corinto. |
En El Guitarrón, Cerro de Nube y El Corralito no hay trabajo. Las familias deben recorrer hasta dos horas un camino pedregoso y empinado para llegar hasta Corinto y buscar algún trabajo ocasional. Generalmente, los hombres lo encuentran en la albañilería o en la limpieza de maleza en alguna propiedad.
De no conseguir un empleo temporal, los hombres se dedican a trabajar la milpa y asegurar la cosecha para alimentarse varios meses.
Algunas mujeres son empleadas en el área doméstico. “El problema es que para que le den trabajo en una tienda le piden el bachillerato y aquí son pocas las que hemos estudiado hasta ese grado”, dice Zoila Álvarez.
Según el Mapa de Pobreza, en Corinto más de la tercera parte de la población no tiene o no ha tenido acceso a la educación formal.
A la baja escolaridad se unen otros factores adversos como la delincuencia y la falta de transporte público que les ayude a acortar distancias. Por eso, imaginar la nueva carretera les hace soñar hasta en un camino restaurado que no les origine más dolores de cabeza durante el invierno.
“Lo que nos preocupa es que cuando hay emergencias por alguna enfermedad tardamos mucho en llegar hasta el pueblo, yo pienso que al abrir esa calle todo eso ya no será un problema y nos va a dar más trabajo”, dice Zoila.
La esperanza de esta joven de 19 años, y madre de un bebé de cinco meses, también trasciende a otros terrenos y piensa en que podría frenar la emigración a los Estados Unidos. “La mayoría de jóvenes se van porque no hay trabajo”, añade.
Aunque no se sabe cuántos han emigrado al exterior, el efecto de las remesas no ha marcado huella en la zona. Las viviendas humildes, el desempleo y la dependencia casi total de la milpa y los frijolares, devela que el progreso aún no llega.
La vida de estos caseríos dista de la que viven en otros sitios vecinos como el cantón San Felipe, situado entre Corinto y Sociedad. El aspecto de las casas, el pick up aparcado y la dependencia de negocios fuerte como carpinterías y pequeños supermercados reflejan una mejor calidad de vida.
Por eso, en estos lugares el proyecto de la Longitudinal suena un poco más lejano y no lo ven como un beneficio directo.
Contrario resulta en los habitantes de cantones y caseríos de Cacaopera, Delicias de Concepción y Osicala, otros municipios deprimidos del norte de Morazán.
Al igual que Jorge Cardona, estos pobladores señalan montes, calles y ríos, como el Torola, para indicar el paso de la futura calle, el proyecto que les representa un futuro más prometedor. “La milpa nos asegura comida”
En El Corralito, caserío de Corinto, las cosas no pintan muy bien. La única forma de ponerle un poco de color a la vida y no padecer hambre es buscar trabajo muy lejos de allí.
La familia Benítez Hernández lo tiene muy claro porque lo vive a diario. Sandra Marlene batalla junto a su marido por proveer el alimento a cinco hijos. Cría algunas gallinas para venderlas de vez en cuando.
“Mi esposo alquila un terreno para sembrar la milpa. Con eso aseguramos las tortillas”, dice Sandra mientras atiza el fuego para apurar el cocimiento de los frijoles.
Mientras tanto, Juan Daniel, de 8 años y su hermano, Nelson, muelen un poco de maíz para darle de comer -por una vez en el día, a los perros.
Sandra dice que los hombres de El Corralito se han quedado sin trabajo, ya que la única finca que los empleaba dejó de operar este año. “Los hombres salen todos los días al pueblo (Corinto) para ver si encuentran algún trabajito en cualquier cosa”, dice.
Cuando el esposo halla empleo, la familia reúne un poco de dinero con el que compra algunos víveres. Hasta entonces, logran variar un tanto la dieta diaria de frijoles y tortillas.
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