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Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Lograr que un vehículo pase la prueba de emisión de gases
aunque emita cantidades de humo que sobrepasan los niveles permitidos
por la Ley General de Tránsito es cuestión de pequeños
trucos de mecánica.
El más común es colocar un minúsculo alambre capaz
de traspasar el orificio de los tornillos, llamados chicleros, los cuales
permiten el paso de la gasolina y el oxígeno al carburador. Al
combinarse ambos elementos producen el efecto de la combustión.
El resultado es la expulsión de humo hacia el exterior.
Este sencillo procedimiento evita, al menos temporalmente, que el carro
arroje más gases y, por ende, salir bien librado momentáneamente
de la revisión en el centro de control. Los automotores cuya fabricación
antecede a los 90 son los principales candidatos para someterse a este
tipo de trabajo mecánico.
Para el caso de los vehículos recientes, ya sea nuevos o usados,
traen incorporado el catalizador. Este aparato tiene un filtro que procesa
el humo tóxico localizado en la parte inferior del motor. Por ley,
todos los vehículos, aún los antiguos, deberían contar
con uno.
Concluido el examen y con el certificado favorable de que cumple con los
estándares mínimos de ley, el alambre es retirado y el vehículo
vuelve a emanar gases contaminantes al medio ambiente.
Otro de los métodos es regular el distribuidor de la marcha del
carro reduciéndola a ocho grados. Así se minimiza su fuerza
y cuando los técnicos del centro lo aceleran dos veces como parte
del proceso de revisión, tampoco emite más humo de lo que
en realidad expulsa cuando va en marcha en una carretera.
Estos trabajos fugaces son realizados por los mecánicos de los
talleres ubicados en los alrededores de las empresas que hacen la revisión
de gases. Muchos conductores acuden a ellos, ya que les facilita cumplir
con este requisito de ley, en caso de que su automotor no esté
apto para pasar la prueba. Además, les resulta más barato
(entre $20 a $50) que repararlos por completo, lo cual les supondría
un gasto de por lo menos $500.
Julián Soriano, gerente de Swisscontact e Hipólito Murillo,
de Mustang de El Salvador, reconocen que los talleres son sus aliados
en este negocio, pero están convencidos que el Viceministerio de
Transporte (VMT), debe regularlos para evitar que recurran a este tipo
de artimañas. Dijeron que sus empresas están impedidas por
ley a manipular el motor, lo cual les dificulta detectar anomalías
en el funcionamiento de los vehículos.
Talleres retocan vehículos para pasar la prueba
El viceministro de Transporte, Mauricio Chavarría, expresó
ayer que la empresa Swisscontact ya había sido prevenida anteriormente
de que “estaba haciendo mal las cosas”. Ante esto, el funcionario
aseguró que estaría cayendo en la “negligencia”,
por lo que su caso tendrá de parte del VMT un tratamiento diferente,
afirmó.
A raíz de la investigación publicada ayer por El Diario
de Hoy, Chavarría externó que han iniciado una investigación
conjunta con Sertracen para comparar la información que los centros
de control de emisión de gases autorizados por el VMT están
enviando vía internet a esa oficina.
Señaló que las diligencias no se limitarán solo al
empleado de la empresa que realiza las pruebas fraudulentas, sino también,
al propietario de la firma, ya que es el responsable de cumplir con los
acuerdos firmados con el VMT.
De comprobarse el hecho denunciado, Chavarría expresó que
la empresa podría ser sancionada con 30 días de suspensión
o incluso con la revocatoria definitiva del convenio.
Dijo que revisarán las bases de licitación de concesión
de este servicio que se hará en enero de 2007, para incorporar
medidas que superen estos vacíos.

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