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Reflexiones
sobre política
Revolución, olvido y cambio
El que defecciona deserta.
Hay docenas de guerreros, de alcaldes, de humildes y valientes ciudadanos
que hicieron historia.
Publicada 28 de noviembre de 2006, El Diario de
Hoy
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| Roberto
López-Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Se ha acostumbrado a la gente a que piense que cuando se dice la revolución,
así en artículo singular y determinado (en función
de que hubiera UNA, o que al menos fuera LA principal) se piense en que
se trata de la marxista, la que tuvo lugar en Rusia el primer cuarto del
siglo pasado y por extensión al pensamiento político o intelectual
que antes o después se ha derivado de ella.
Ello obedece a la intoxicación ideológica profunda de LA
REVOLUCIÓN, pero la original, la mera-mera, la madre de todas y
la más importante. Si hace pensar que la marxista es la primera
y no un derivado sustanciado en ella misma, habrá ganado ya bastante
al sedimentar en el humus histórico su espacio como normalidad,
permanencia conservadora y hasta se permitirá una vaga idea de
oponerse a la otra en pretensión de detener las ideas que en última
instancia la “nueva” (marxiana) no ha hecho más que
hacer rodar y que fueron producidas por “su mamá”.
Claro, nos estamos refiriendo a la poderosa y mortalmente subversiva revolución
francesa.
Escandalícense, ríanse, rechácenlo si quieren...
pero no lo olviden ¡analicen e investiguen! Pasó el tiempo
en que en una columna como esta podía presentarse un razonamiento
sustanciado sobre la anterior afirmación (asunto largo y denso),
como lo hacía nuestro recordado mentor el padre Fuentes Castellanos.
Baste dejar el banderillazo de que el desmontaje auténtico de la
revolución no se puede hacer si no se desciende hasta la francesa.
Trabajo que dejará un “plus”al intelectual que acometa
el acucioso esfuerzo de hacerlo, pues lo proveerá de los instrumentos
de desmontaje y la posesión invaluable de las ideas que aquella
revolución (y todos los ismos generados por ella, incluyendo el
marxismo, positivismo, liberalismo y otros) ha atacado y por lo tanto
los elementos fuertes, sanos, poderosos y restauradores del bien común.
El olvido, buscado, sistematizado, machaconamente auxiliado con falsedades...
lleva a sustentar un pasado distinto al real, con motivaciones, hechos
e ideas diferentes, desapareciendo incluso muchas de ellas... y dejando
al ojo superficial una construcción basada en otras causas. Ejemplos
tenemos abundantes, desde la visión de la Edad Media y la antigua
Roma, hasta las guerras mundiales, civil española, de los Cristeros
y las del siglo recién pasado, pasando por incidentes puntuales,
todo ello interpretado en ausencia de elementos escogidos para que desaparezcan
de la historia, dejando un panorama claro, simplista, maniqueo y... muy
falseado.
La renuncia a construir nuestra historia y el olvidar a nuestros héroes
es una defección.
Desde otro ángulo el olvido promueve cambios cuando elimina de
la conciencia social una parte de la memoria histórica, aunque
precisamente existan grupos que reclamen este trabajo, estos guardarán
lo que quieran guardar.
OJO, que no quiero significar que subrayen lo que quieren --esa es otra
historia, real por demás--, sino que dejen fuera de la relación
de hechos a las gestas y personas que quisieran que no hubieran existido.
Esto es fielmente realizado hasta por líneas llamadas derechistas,
cuya formación escasa y desconocimiento directo de los hechos los
hace menos cómplices que culpables de la falta de acuciosidad que
todo verdadero nacionalista necesita.
Defeccionar es separarse de una causa. La causa es la salvación,
desarrollo y potenciación de nuestra nación y todos somos
soldados en ese ejército. El que defecciona deserta. Hay docenas
de guerreros, de alcaldes, de humildes y valientes ciudadanos que hicieron
historia; como además hay influencias de movimientos que se desconocen
por completo y son acallados por todos.
¿Quiénes han oído del semillero de grupos originados
en la heroica Santa Ana? ¿Quién sabe de los alcances estratégicos
que tenían las mal llamadas “defensas patrióticas”
y de cómo se impidió que continuaran? ¿Quién
sabe de la red que se había formado con los paracaidistas franceses?
¿Creen ustedes que en la Universidad Nacional existían grupos
organizados fuertes de pensamiento no conformista que se enfrentaron a
las izquierdas extremas? ¿Y de la Operación Parusía?
¿Y del plan --malogrado-- de realizar una mutación impresionante
en el antiguo ORDEN? Y hay mucho más... ¡Dios nunca muere!
*Lic. en Ciencias Políticas.

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