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Pruebas amañadas

Fraude. Obtener un certificado donde se pruebe que un carro pasó el examen de la revisión de emisión de gases requiere un buen contacto y $10 extra al valor legal. ¿Y el estado del vehículo? Eso no importa...


Publicada 27 de noviembre de 2006 , El Diario de Hoy

El taxi no pasa la revisión
La empresa Mustang El Salvador emitió un certificado de “no apto”. El vehículo, del año 83, incumplía dos de los tres estándares de gases. La prueba se realizó un día de la segunda semana de octubre a las 9:25 de la mañana. Foto EDH
Eugenia Velásquez/J.R.
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

No cumple y cumple. Un mismo taxi, llevado el mismo día, con apenas 25 minutos de diferencia, a dos de los tres centros autorizados por el Viceministerio de Transporte en el país, obtuvo dos resultados distintos, antagónicos, en la prueba de emisión de gases.

El vehículo que se escogió para la ocasión emitía una cantidad excesiva de Monóxido de Carbono (CO) y Dióxido de Carbono (CO2). Así lo demostró el primer examen, en Mustang de El Salvador. “No cumple con los límites de emisiones establecidos en el artículo 227... del reglamento”, se lee en el certificado emitido.

En el caso del primer contaminante, el CO, producto de una combustión incompleta y asociado a “un olor muy particular”, estaba ligeramente por encima del máximo establecido. El otro gas, CO2, estaba cinco puntos debajo de lo legal.

En cuestión de minutos, el mismo taxi estaba listo para el chequeo en las instalaciones de Swisscontact. En el camino, el periodista se contactó a uno de los empleados de la empresa y se concretó el trato, un dinero extra. “No le toque nada”, se oyó al otro lado del teléfono. Además de los $15 autorizados, el trabajador pidió $10 adicionales “por sus buenos servicios”.

Ambas empresas, al igual que Inversiones Monterrosa, Bio, S.A. de C.V., ésta última ubicada en San Miguel, cuentan con la misma maquinaria, utilizan idénticos parámetros y brindan el mismo servicio.

Una vez en Swisscontact, el contacto telefónico era el encargado de colocar la sonda en el escape y acelerarlo. Otro técnico digitador, a unos metros, recopilaba y procesaba los datos.

El carro obtiene el certificado
El mismo vehículo, en el mismo día solo que unos 25 minutos más tarde -el tiempo en ir de una empresa a otra-, pasa el examen de gases en Swisscontact. Al menos un empleado facilita el fraude en el sistema informático.Foto EDH

Las sospechas de que el fraude era factible se acentuaban conforme esta persona hablaba y se acercaba a los técnicos, al frente de la máquina que lee el valor de los gases emitidos por el vehículo. En un proceso que es casi ciento por ciento automático y los datos elaborados viajan, vía internet a Sertracen, este tipo de contactos entre dos personas con un trabajo bien específico es de los escasos momentos en que el sistema se vuelve vulnerable.
De hecho, los dueños de las tres empresas son sabedores del riesgo que corren. Desde que el negocio nació, hace ya unos diez años en el Instituto Técnico Centro Americano (ITCA), las denuncias de fraude y engaños han estado a la orden del día.

Algunos de los pasos dados para evitar este tipo de fraude, al menos desde el lado de las empresas, pues también está el dueño del vehículo que, en vez de pagar por arreglar el carro soborna o paga a un coyote, quedan recogidos en las cláusulas firmadas por estas firmas.

Limitar el acceso de las personas al interior del centro de medición es una; evitar que el personal que hace el examen no vea los resultados, otra. El Diario de Hoy constató que ninguna de ellas se cumplió en Swisscontact cuando se llevó el taxi a pasar la revisión.

Dos años antes, cuando también se denunció este tipo de anomalías, se constató que el fraude se cometía cuando el técnico utilizaba los datos de un vehículo en buen estado para un carro que no pasaba la revisión y previamente se había acordado el pago de un dinero por el servicio.

Al viceministro de Transporte, Mauricio Chavarría, la denuncia le agarró de sorpresa. “No conocía de eso, es bien difícil que alguien venga a interponerla”, asevera el funcionario, quien se comprometió a realizar una inspectoría.

En las visitas que, según Roxana Silis, coordinadora del VMT, realizan “de forma aleatoria más de una vez al mes” a los centros de medición “nunca se han detectado anomalías”.

El dueño de Swisscontact, Julián Soriano, se desliga de los señalamientos. “De saber quienes se trata, ahora mismo llegaría a despedirlos”, enfatiza el empresario.

Sabe en el terreno en que se mueve; para evitar que los empleados caigan en esas tentaciones, Soriano asegura que se les paga un salario que “nadie arriesgaría fácilmente, usted no lo haría con $900”.

El panorama, tras las entrevistas con el VMT y el dueño de Swisscontact, cambió por completo en la instalaciones de Mustang. De un día para otro, el promedio de vehículos, unos 60 diarios, se incrementó en unos 20 más. “En este medio todo se sabe, los rumores es que Swisscontact se ha puesto más estricto con las mediciones”, apunta Hipólito Murillo, gerente general, al referirse a ese “lleno inusual”.

En el registro de certificados enviados al Viceministerio de Transporte por las dos empresas capitalinas hasta el 23 de octubre, la diferencia es notable: 9.368 boletas más la empresa señalada que Mustang.

Hoy, el informe de gases es obligatorio para los taxis, el transporte colectivo y los vehículos importados. Una porción mínima del parque vehicular que, en muchos casos, se las arregla para no cumplir la ley.


swisscontact

“Si me da el nombre, lo despido ahora mismo”

Julián Soriano, de la empresa Swisscontact. Foto EDH

Para Julián Soriano, quien insiste una y otra vez en conocer el nombre del empleado “corrupto” con el que pasó el taxi en mal estado, el “cáncer” de este negocio son los coyotes. Y a ellos se refiere cuando habla de los empleados de los talleres de emisiones de gases, quienes manipulan el motor de los vehículos en mal estado para pasar la prueba.

“Estos coyotes le dicen al taxista, deme $40 y yo se lo paso. De esos nos pagan $15 a nosotros y el resto se lo quedan”, asegura Soriano. Los mecánicos de los talleres aledaños realizan unos ajustes en el vehículo hasta que pasa el examen de emisión de gases. Posteriormente, lo vuelven a dejar como ésta.

Al menos para Soriano es la única forma de que muchos vehículos viejos pasen una prueba que de otra manera sería difícil por el mal estado del motor.

Los esfuerzos por corregir este problema, los cuales corrobora su colega de Mustang, han sido en vano.

No obstante, otro tipo de corrupción también aparece puertas adentro de Swisscontact; de hecho, El Diario de Hoy pasó la prueba del taxi en mal estado gracias a un empleado de la empresa y sin tocar una tuerca del taxi.

“Deme el nombre, ahora mismo lo despedimos”, asegura. Para evitar que los empleados caigan en algún tipo de corruptela, la firma contrata a graduados del ITCA, y les paga un salario atractivo.

“En las oficinas nadie bebe porque el que es bolo sale con los clientes...”, insiste el responsable de la empresa cuestionada para referirse a las medidas para “evitar” este tipo de fraudes.


mustang el Salvador

“El 60% de los vehículos no pasaría la prueba”

Hipólito Murillo, gerente general de Mustang. Foto EDH

Mustang El Salvador inició operaciones el 5 de junio de 2000; un tiempo suficiente para conocer el mundo en que se mueve y el riesgo de fraude que pesa sobre él. No por nada ha cambiado todo el personal en dos ocasiones y una más de forma parcial.

“Al principio contraté a gente del ITCA, pero no me dieron resultado. Luego religiosos, pero se dieron problemas porque eran demasiado ingenuos”, asevera Hipólito Murillo, gerente general de la empresa. Al final se ha rodeado de gente de confianza para reducir el riesgo con los coyotes que tratan de pasar los carros en malas condiciones.

Quizás por eso la cantidad de carros que ve a diario es menor que años atrás e incluso que su competencia. Aun así prefiere mirar hacia delante e instar al Viceministerio de Transporte a que certifique a los talleres para que hagan su trabajo y evitar ofertas para aquellos que no pueden pasar el vehículo porque está en mal estado.

“Si se aplicase la prueba a todos los vehículos, el 60 por ciento se quedaría”, dice Murillo para dar idea de la calidad de la flota vehícula en el país.

Mientras el examen se hace universal, Murillo sugiere al VMT que se hagan revisiones en la calle para contrastar los datos de los certificados con la realidad. “Con la simulación en la carretera, a los talleres se les haría más difícil manipular los vehículos”. Otros países como Estados Unidos y Chile ya hacen estas revisiones y el resultado es menor contaminación.

“Hoy, en la capital de México, el cielo se ve azul, antes era gris”.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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