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“El niño cree que aún tiene brazos”
Percance vial. Daniel, un menor de diez años, perdió la mayor parte de los miembros superiores en un accidente de tránsito
Publicada 27 de noviembre de 2006 , El
Diario de Hoy
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| Se recupera. Lucila Vásquez observa a su hijo Daniel Herrera, ingresado en el Bloom. Foto EDH |
Yamileth Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Cubierto con una colcha, con la mirada perdida y sin mencionar palabra. Así permanece horas y horas Daniel Herrera en el servicio de Ortopedia, del Hospital Bloom, donde trata de recuperarse física y emocionalmente de las secuelas que le dejó un accidente de tránsito ocurrido el 18 de este mes.
A sus diez años perdió parte de ambos brazos, por encima del codo, cuando el vehículo en el que se conducía perdió el control y chocó contra un paredón en Quezaltepeque, La Libertad.
“El niño, como que aún no asimila (lo que le pasó), en algún momento cree que tiene los brazos; como que todavía se hace la ilusión”, comentó su padre, José Herrera, mientras espera que termine la curación.
La tristeza en el rostro del pequeño es evidente. Apenas abre su boca para decir que está bien. Después se queda en un silencio indiferente.
José comentó que la situación por la que atraviesan es dura. La tristeza le invade cuando escucha a Daniel preguntar por sus manos.
“El miércoles me dijo papi y las manitas quién me las sostiene; le digo, mi amor, te voy a decir algo, tus manitas ya no las tenés, las perdiste en el accidente”, dijo José.
Me van a poner unas, dice su padre que pregunta el menor, quien trata de calmarlo: “Yo voy a ser tus manos, tu mamá va a ser tus manos”.
El miércoles, después de cinco días en la Unidad de Cuidados Intensivos, fue trasladado a la sala de Ortopedia.
El niño cumplirá 11 años el próximo 17 de diciembre.
Daniel acaba de terminar el cuarto grado en el Centro Escolar Caserío Loma El Espino, en Quezaltepeque.
Luego del accidente, su continuidad en la escuela es una incógnita. Su padre no pierde la esperanza. De hecho hará lo posible para que asista a una escuela especial para que se supere académicamente.
De los nueve días que lleva ingresado, el sábado fue la primera noche que durmió tranquilo; los demás días se despertaba a cada momento. “Ya empieza a recuperar la sonrisa porque la había perdido”, agregó el papá.
Los ortopedas esperan que cicatricen las heridas antes de la otra evaluación.

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