| Ricardo Chacón*
El Diario de Hoy
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Hay un compromiso interesante de los diferentes medios de comunicación para dar un tratamiento informativo cada vez más profesional a la violencia; estas acciones, como por ejemplo no presentar cadáveres y respetar la dignidad de las víctimas y personas, es una tarea que debería haberse tenido desde siempre.
Y es que el trabajo informativo, como lo hemos dicho en muchas otras ocasiones, viaja en dos carriles: por un lado, con las herramientas técnicas propias de la profesión y que van desde el manejo del lenguaje y las técnicas periodísticas básicas hasta el uso adecuado de otras disciplinas, incluida la investigación.
Y por otro, esencial dirían algunos teóricos, el fundamento ético en el trabajo periodístico que busca informar de mejor manera la realidad; de base está el respeto de las personas en la búsqueda de la verdad.
Sin embargo, y en esto quiero hacer énfasis, este trabajo periodístico se lleva a cabo en un contexto social particular que lo determina y lo moldea; esto es difícil de explicar, pero lo intentaré.
Los medios de comunicación, al igual que otras instituciones como lo puede ser la iglesia o la educación e incluso la familia, no solo moldean sino que son moldeadas por la misma sociedad; se trata de un proceso interactivo, dinámico sumamente complejo.
Por ejemplo, cómo es posible entender que la iglesia en el medioevo llevara a la hoguera a varios pioneros de la ciencia moderna; simplemente porque la concepción que se tenía de la ciencia, del mundo y del papel de la iglesia no le posibilitaba entender otras cosas.
De igual manera, cómo entender, y esto hace poco tiempo, la igualdad entre los géneros y que el hombre no está por encima ni es superior en nada a la mujer. O qué decir de los procesos educativos mucho más preactivos entre educandos y educadores, dejando de lado los principios de la fuerza que se plastificaba en aquella famosa frase “La letra entra con sangres”.
Que los medios de comunicación desplegaran en sus espacios los cadáveres, que se explotara el amarillismo y el sensacionalismo no solo es responsabilidad de los comunicadores, sino de una sociedad que pasaba por encima de la persona, insensible a la muerte y a la vida.
No solo se trata de que los medios, incluso algunos medios en particular —como suelen levantar el dedo acusador algunos comunicadores— crearon un ambiente de violencia y terror; no nos equivoquemos, fue la misma sociedad, en su conjunto, la que generó este ambiente de muerte y destrucción.
Obviamente los medios tienen una cuota grande de responsabilidad en este proceso, pero no creamos que la violencia cotidiana que padece nuestra sociedad surge de las salas de redacción.
La sociedad en su conjunto y las diversas instituciones en particular han creado, incluso han fomentado, procesos que han llevado a una violencia cotidiana, donde no solo se irrespeta la ley y las normas mínimas de convivencia, sino que se aplasta al otro e incluso se irrespeta su vida.
Con qué facilidad se mata en este país: hay cerca de diez muertes violentas cada día; pero esto son datos extremos, aunque podemos citar la falta de cortesía de unos con otros, el irrespeto a los derechos de los demás, incluso la carencia de tolerancia para con los demás.
Las mismas instituciones que deberían velar por la legalidad y el estado de derecho han caído en el desgano y son incapaces de hacer valer la ley, no se diga respetar al otro, a los demás.
En este sentido, nos parece interesante que los medios de comunicación ante la sociedad salvadoreña se hayan comprometido a realizar un trabajo informativo más profesional; esto está bien y hay que alabarlo, pero la tarea es mucho más grande, porque se trata de que como medios cumplamos nuestra labor, y que cada vez lo hagamos con mayor prestancia para que la libertad de expresión sea una realidad, que la población esté mucho más y mejor informada, que la labor de fiscalización en las instituciones y en general los procesos sociales sean investigados para que la población los conozca a fondo y pueda tener una mejor valoración.
Editor Jefe El Diario de Hoy.

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