| Pedro Roque*
El Diario de Hoy
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Desde los tiempos más remotos la gente ha emigrado en busca de mejores condiciones y seguridad, huyendo de hambrunas, guerras, desastres naturales, persecuciones étnicas, religiosas o políticas y ahora, en busca de trabajo, estudios o negocios y, excepcionalmente, de tranquilidad en los paraísos naturales o fiscales.
Supongo que la emigración hace milenios, centurias y décadas era diferente a la que vivimos hoy, principalmente hacia EE.UU. y Europa.
¿Y qué hay en estas dos áreas geográficas? Pues riqueza, trabajo y oportunidades de desarrollo personal, profesional y familiar.
“Pero eso también debiera haberlo en América Latina y en otros países de donde la gente emigra”, me dijo recientemente un señor español, que vivió y trabajó muchos años en Venezuela, tiene parientes en Chile y conoce Estados Unidos.
Mientras yo reflexionaba qué contestarle, él mismo se respondió diciéndome: “Mira, la diferencia es que en Europa y en Estados Unidos los pobres tienen qué comer, la clase media es mucho más amplia, hay un sector social de nuevos empresarios y nuevos ricos, que han creado muchas empresas y pagan mejor a sus empleados y los que son ricos de muchas generaciones, desde la colonización y la conquista, si financieramente manejaron bien sus fortunas, hoy son “multibillonarios”.
¿Y qué cree usted que sucede en Latinoamérica? le pregunté… después de unos segundos me contestó, lo mismo que dijo el BID en su informe hace unas semanas: “La corrupción es el mayor problema del desarrollo en los países pobres y la causa de tanta emigración”, me dijo.
Como los dos hemos vivido en otros países, continuamos hablando sobre diferentes aspectos de la emigración: Humanamente es una necesidad de supervivencia y así como los animales tiene el instinto de migrar, parece que los humanos tenemos un gen migratorio.
Fami-liarmente, es triste ver cómo las familias se separan y desintegran para formar nuevas familias. Para las economías de los países que reciben emigrantes es una ventaja: En España publicaron recientemente que la mitad del crecimiento de los últimos años es gracias al trabajo y aportaciones de los emigrantes y que si España quiere seguir creciendo, los españoles tienen que asumir la convivencia con gente de otros países.
Los países de donde la gente emigra, también crecen con las remesas. Los bancos ganan con las transferencias y los préstamos y créditos a los emigrantes. Las tiendas en los centros comerciales ganan vendiendo a los receptores de remesas cosas que no necesitan y comida que los hace obesos, las líneas aéreas transportan a millones de emigrantes que van y vuelven a sus países.
Los que se dedican al tráfico ilegal, también hacen su agosto, pues cobran al rededor de cinco mil dólares por persona. Los gobiernos se benefician con impuestos en sus diferentes formas. Se crean puestos de trabajo haciendo muros y cuidando las fronteras.
Los hijos de los emigrantes que se organizan, tienen mejores oportunidades de estudio. Los que no se organizan y los descuidan terminan en pandillas, esto conlleva construir más cárceles y contratar más vigilantes y policías. Como hay más delitos, hacen falta más jueces, defensores y fiscales… Ni que decir de otros muchos puestos de trabajo burocráticos e industriales ligados a la emigración.
Lo que nunca había pensado y este señor me aclaró es que la emigración por falta de trabajo, también hay que entenderla como “asunto nacional”, pues los gobiernos de los países de donde la gente emigra, no han sido capaces de crear suficientes fuentes de trabajo para sus ciudadanos, como lo hicieron los países que hoy son ricos y hace unas décadas estaban destruidos: Alemania, Francia, Inglaterra, el resto de Europa y Japón, después de la Segunda Guerra Mundial; Estados Unidos después de la crisis del veintinueve, España después de su guerra civil y las dos Chinas y Rusia con el cambio del sistema comunista al de libre mercado.
Sobre la cuestión de si la emigración es buena, concluimos que si el emigrante consigue su objetivo, sí. Si no lo consigue, no. También es buena para quienes siguen licita o ilícitamente haciendo negocios, para los sistemas financieros, para los gobiernos, para los centros comerciales y para las familias como alternativa de trabajo, educación y progreso.
Lo que falta terminar de asimilar en los países de donde la gente emigra, es que la “emigración” es un “asunto nacional”, que obliga a seguir buscando alternativas para frenarla, en lugar de asumirla como una solución.
Ojo, los países ricos lo son, porque crearon riqueza y condiciones de bienestar, no porque su gente emigró… ¡Así es la cosa!
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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