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Nota del día
Pongamos amas de casa a vigilar el gasto público

Es prácticamente imposible que los gobiernos monten una vigilancia efectiva sobre las transacciones que se realizan

Publicada 26 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Como con las plagas, la corrupción perjudica a todos por lo que mientras más personas vigilen lo que sucede alrededor de la res-pública, mejor andarán las cosas. Y aquí vamos a contar una historia. Un funcionario amigo se puso a revisar cotizaciones para el suministro de carne, sorprendiéndole el alto precio por libra. En vez de contactar al proveedor llamó a la esposa, encontrando que en los supermercados de San Salvador la libra de carne estaba cuarenta centavos más baja que la carne que le ofrecían en volumen. A partir de ese momento, esa clase de suministros se compran en la bolsa agropecuaria, donde los precios por el volumen son más bajos que, obviamente, en las tiendas de San Salvador. Como además nos dice nuestro amigo, ¿qué habría pasado al no reparar en esa diferencia, si más tarde alguien la descubre?

El punto es que si las compras de las entidades públicas, sean estas las efectuadas por los ministerios, las municipalidades o antros como la Universidad de El Salvador se consignan en la Internet, habrá muchas personas y amas de casa que revisarán precios y condiciones para compararlos con lo que compran o lo que se ofrece también en la red.

Este es nuestro tema de hoy: la necesidad de hacer de las leyes que regulan las compras y licitaciones de las entidades públicas, instrumentos efectivos para garantizar probidad en el manejo de presupuestos, indistintamente de si se trata de una dependencia del Ejecutivo, una alcaldía, una autónoma o la UES. En el país no puede haber organismos que se sostienen con el dinero de la gente, pero al margen de toda fiscalización. No pueden haber repúblicas independientes dentro de la República.

Vamos a respetar, por hoy, el sacro principio revolucionario: que lo robado, robado quede. Intentar recuperar botines puede provocar perjuicios mayores, como lo ilustra el caso de Nicaragua, donde para salvar el pellejo y los saqueos de Alemán, este vendió el país al violador, que además no sólo roba él, sino que roba la pandilla entera.

¡Hay voluntad, manos a la obra!

Hay que partir además de otra consideración: que es prácticamente imposible que los gobiernos monten una vigilancia efectiva sobre las transacciones que se realizan. No se dispone de la gente para hacerlo, no se cuenta con los recursos y además hay que pensar en las complicidades o el miedo del subalterno que no se atreve a apuntar el dedo, como un par de casos que conocemos. De allí la necesidad de hacer de muchísimas personas los más efectivos fiscalizadores.

Por fortuna el presidente Saca tiene la voluntad de cumplir con el compromiso que nuestro país adquirió en la última cumbre centroamericana. Como además el tiempo corre hay que poner en pie un sistema que garantice la transparencia, y organismos idóneos para aplicarla y asegurar doblemente que las cosas se hagan de manera correcta. Para tal propósito, lo más efectivo es montar un organismo que se encargue de vigilar y manejar todas las compras y licitaciones de los organismos y entidades públicas, con ayuda de otros gobiernos o, como lo hizo Bolivia hace una generación, con el concurso de la Naciones Unidas. La lucha contra la delincuencia en las calles se debe complementar con la lucha para defender los recursos de los salvadoreños.


 

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