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| Una esperanza. Varias mujeres permanecen con
sus hijos a la espera de que médicos alemanes seleccionen a
los niños para operarlos del corazón. Foto
EDH |
Yamileth Cáceres/A.Silva
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El color morado de los ojos, los labios y los dedos de las manos es el
signo más evidente de que algo anda mal en el corazón de
Melvin Trujillo, un niño de nueve años que espera pasar
la consulta con el cardiólogo, sentado en el suelo del Hospital
Bloom. Sabe que la sangre no circula como debiera cada vez que intenta
correr, hacer un movimiento brusco y no puede. Se cansa.
Desde que nació su madre, quien también está acostada
en el suelo, espera que lo operen. Lleva todo ese tiempo en idas y vueltas
al hospital y todavía no tiene una respuesta clara, más
allá de que no puede ser operado en el país por la propia
malformación cardiaca. “Necesita una válvula y tiene
como huecos en el corazón”, explica Yesenia, su madre, como
puede la malformación de su hijo.
Otros niños, otras madres, otras historias aparecen a los lados
de la familia Trujillo. Todos y todas con su grado de urgencia, pues el
corazón de un niño necesita una cirugía; todas, sin
embargo, aparecen en una lista de espera que sobrepasa los 150 infantes
inscritos.
El pasado 14 de noviembre, en el servicio de Cardiología, el último
menor era el número 152, es decir, su cirugía estaba programada
para el 4 de julio de 2007.
El corazón, la bomba y motor del cuerpo, no siempre espera. Mauricio
Velado, uno de los cardiólogos que se cuentan con los dedos de
una mano del Hospital Bloom, lo explica de otra forma, más clara.
“Muchos niños se mueren esperando una cirugía o sino
se complican porque si tenés un hoyo en el corazón, eso
hay que taparlo en dos años”, afirma el especialista. El
tiempo casi siempre juega en contra de estos niños, pues, según
Velado, “entre más pasa, el riesgo de morir en la cirugía
aumenta”.
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| Asistencia. Por la mañana, los pasillos
del Bloom lucen concurridos de madres e hijos. Foto
EDH |
El hospital pediátrico realiza de tres a cinco cirugías
a la semana. Para la especialista se deberían operar el doble de
pacientes. “Hay una frustración entre los cardiólogos,
...no hay presupuesto, si se operan más, el hospital queda desabastecido
los últimos meses”, dice Velado.
En los casos más graves, los cardiólogos y cirujanos encuentran
el momento y el espacio para operar, aunque eso significa desplazar a
otro niño que posiblemente esperó su tiempo, sus meses,
en la lista mencionada.
Por semana, según Velado, aparecen de cinco a siete casos nuevos.
El apoyo de entidades como Corazón Alemán, la cual operó
recientemente a diez niños, Heart Care Internacional es importante
para Velado, pero no suficiente.
La principal válvula de escape que tenía el centro, el programa
de cateterismo cardiaco, gracias al cual se hacían de 125 a 150
operaciones anuales, se quedó sin fondos y está parado desde
mitad de año.
En un tiempo donde el presupuesto de Salud nada en la escasez, la posibilidad
de que el programa de corazón tuviese recursos propios facilitaría,
en parte, atender mejor la demanda. Eso, además, una sala de operaciones
las 24 horas, cirujanos cardiovasculares y un anestesiólogo, todos
a tiempo completo.
Respuestas similares se encuentran en otras especialidades. En Otorrinolaringología,
un niño que necesite una cirugía programada espera seis
y siete meses. El martes 21, Eysil de Obando llevó a su hija Andrea
a consulta. Los médicos le programaron la operación para
quitarle las amígdalas el 8 de mayo. “Para mí es bastante
porque ella se me enferma constantemente”, expresó la madre.
Dos días después, al mismo servicio llegó Norma Gómez
con su hijo Jeison enfermo de tiroides. La lista había crecido:
el niño tendrá su cita con la sala de operaciones el próximo
12 de junio.
El director de la entidad, Ulises Iraheta, ve el mayor problema en Oftalmología
y Ortopedia. La primera porque se redujo el personal después de
que dos cirujanas salieran embarazadas casi al mismo tiempo. “Con
Ortopedia fue que hubo problemas en la sala (de operaciones) con el aire
acondicionado y se retrasaron algunas cirugías”, asegura
Iraheta. Del atraso en las cirugías de corazón no tiene
conocimiento.
El único consuelo parece ser que siempre hay otros que están
peor. Es el caso del Hospital Rosales, el único centro público
donde operan de corazón, junto al Bloom.
La situación es más compleja. En Cardiología, la
lista de espera es de más de 400 pacientes. Crece a diario desde
que el programa de cirugía de corazón abierto paró
tras los terremotos de 2001.
El jefe de Cirugía, Melvin Guardado, comentó que hay personal
y equipo para realizar, al menos, tres operaciones a la semana pero no
hay fondos para la compra de insumos. Los recursos, de nuevo, como en
el hospital de niños.
“A uno no le queda más que esperar”
William Alonso García tiene 13 años y es el mayor de seis
hermanos. Su padre trabaja en la agricultura y, aunque su intención
es ayudarle, su corazón lo dice que no. Ni siquiera le deja correr
y jugar pelota como hacen los otros niños de su edad.
William padece soplo en el corazón y, según el examen, el
ecocardiograma, “no le bombea bien la sangre”, comenta su
padre José.
En 2004, el menor fue referido del Hospital San Juan de Dios, en Santa
Ana, hacia el Bloom. En noviembre de ese año, los médicos
concluyeron que urgía de una cirugía de corazón abierto.
Esa urgencia quedó en el papel. William debía esperar hasta
marzo de este año para la operación; la lista era larga
y no había cupo para ese año.
“Tuve bastante paciencia porque es un problema serio y no tenemos
los fondos suficientes para hacer una operación particular”,
comenta José.
La fecha estaba dada. Cuando ésta se acercaba, la angustia se acortaba.
En marzo, no obstante, le pospusieron la cirugía y se la dejaron
para noviembre de este año.
Les costó digerir la noticia, pero no tenían otra opción.
“Es bastante tiempo, pero Dios sabe por qué lo hace”,
manifestó el padre todavía confiado.
Ellos viven en Tacuba, Ahuachapán. Con el dinero que recoge en
su trabajo le han hecho dos ecocardiogramas; cada uno costó cien
dólares.
“Me siento mal, pero a uno no le queda más que esperar, uno
no alcanza a reunir dinero para una cirugía de corazón abierto”,
acotó. Este mes, espera el papá que sea el definitivo.
Programa cateterismo cardíaco está detenido
El programa de cateterismo cardíaco para los niños del
Hospital Bloom, financiado por la Fundación Sana Mi Corazón,
está suspendido desde mitad de año por la falta de fondos,
según informó Víctor Palma, director ejecutivo de
la entidad.
Palma comentó que el problema surgió porque ellos llevan
a la par dos proyectos: el de cateterismo y el patrocinio de las cirugías
de corazón que realiza la entidad Heart Care Internacional. “La
suma de ambos al año es de 200 mil dólares”, acotó.
La fundación se encuentra en la etapa de recaudación de
fondos. Tan pronto obtengan el dinero, reiniciarán el programa
ya cumplió hace tres años. “Es un programa costoso,
estamos trabajando para recoger fondos y empezar el cateterismo, aún
no hay fecha para reiniciar”, agregó Palma.
Cada intervención tiene un costo entre $ 1,500 y $2,000; en los
tres años, Sana Mi Corazón ha beneficiado a más de
385 menores.
Al año seleccionan entre 125 y 150 niños con distintos problemas
cardiacos. La cirugía consiste en la introducción de un
catéter, tubo fino, que llega hasta el área del corazón
donde está el problema a corregir
Palma comentó que la demanda de pacientes que diagnostican con
la enfermedad es elevada. El tener un programa como éste de forma
continua permite que muchos infantes salgan de las listas de espera y
sean operados mediante el cateterismo.
“Lo que no se ha logrado es ampliar la cobertura, pero se ha avanzado
bastante, casi hemos alcanzado la demanda anual”, comentó.
Con Heart Care Internacional al año también se realizan
50 cirugías de corazón y 50 de cateterismo. La fundación
realiza dos jornadas: una en mayo y otra en diciembre. Esta última,
sin embargo, se suspendió.
En el Bloom carecen del equipo para estas operaciones; por ello, las intervenciones
se realizan en el Hospital de Diagnóstico.

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